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miércoles, 21 de septiembre de 2016

Temporada De Zombis

Las cuestas se suben con el corazón, eso fue lo que recordó Juan al llegar a la cima del cerro. Estaba en buena forma pero cargaba una mochila pesada y un rifle. Mientras calmaba su corazón se volvió para ver la ladera que había ascendido.
Allá abajo verdeaba una pradera y brillaba un arroyuelo que había cruzado de un salto. Desde allí también veía un tramo de una ruta que estaba como a un kilómetro. Tomó un trago de agua contemplando aquella vastedad. Se sacó el sombrero para que el aire le refrescara la cabeza empapada en sudor. Tenía treinta años y había cazado desde que tenía memoria, sin embargo no dejaba de maravillarse con los paisajes agrestes. A su izquierda había un cerro más pequeño y unos cuervos volaban en círculos siguiéndose unos a otros sobre la cima de este. Habían olfateado algo muerto. Juan aguzó la vista y después miró por la mira del rifle. ¡Había un cuerpo, un hombre tendido! Apartó la vista de la mira asombrado y extrañado. Volvió a mirarlo ajustando la mira. Que alguien muera en la naturaleza no es raro, siempre sorprende e impacta, y hasta puede asustar pero es algo que todos saben que pasa; pero este tipo vestía de traje. ¿Cómo alguien vestido de traje había ido a parar allí? La fina cruz dibujada en el lente quedó mostrando un rostro que ya mostraba signos de descomposición pero que no tenía moscas rondando ni se veían larvas.

Juan dudó. ¿Estaba realmente muerto? Tenía que acercarse a confirmarlo. Al bajar la ladera pensó que no debía arrimarse mucho porque aquello podía ser la escena de un crimen. Al empezar a ascender la otra ladera supo que ya tenía adrenalina en el cuerpo. ¿En qué lío se habría metido el tipo? Lo único seguro era que no era un cazador, un senderista o alguien que fuera hasta allí por cuenta propia porque de ser así no tendría sentido que anduviera de traje. Antes de alcanzar la cima ya sintió el olor. Era olor a algo muerto pero un poco diferente, como cargado de una substancia que no reconocía. Dedujo que eso mantenía alejadas a las moscas. Se tapó la nariz al observarlo. Sin dudas estaba muerto. Juan levantó la vista hacia los cuervos. “¿Se animaran a bajar aunque el olor sea raro?”, pensó. No podía espantarlos a disparos porque eso no garantizaba que no volvieran, además no quería disparar su rifle.

 Lo había disparado hacía varios días pero después le había hecho una buena limpieza. Era mejor que se mantuviera así porque aunque el tipo de traje debía estar muerto desde hacía por lo menos dos días, con la policía es mejor no arriesgarse, y tenía que avisarles. Otro descenso y alcanzó nuevamente la pradera. Ya había transcurrido gran parte del día y el sol empezaba a arrimarse lentamente a unos cerros lejanos. Cuando llegó a la carretera estaba completamente empapado en sudor. 
Se encontraba en una zona muy apartada. Tenía que parar a un vehículo para que el conductor avisara. El primer auto pasó de largo acelerando más. Juan lo consideró un descuido suyo porque todavía sostenía el arma. Igual con el segundo vehículo que pasó tampoco tuvo suerte. Y para empeorar las cosas ese día había poco tránsito. Las sombras del atardecer crecían por todas partes. Ya empezaba a desesperarse cuando vio justo lo que necesitaba, una patrulla policial. Venían dos oficiales. Detuvieron el vehículo y bajaron muy serios:

—¿Para qué nos detuvo, señor? —preguntó uno de ellos.
—Hace... como una hora tal vez hallé a un muerto en un cerro que hay ahí atrás.
—¿Un muerto? —preguntó el otro—. ¿Es alguien que iba con usted?
—No, yo ando solo. Vi unos curvos volando en círculos y cuando me fijé lo vi. Me acerqué, aunque no mucho, para estar seguro y lo confirmé. Debe llevar más de dos días así calculo —les contó Juan.
—¿Y usted qué andaba haciendo ahí? —le preguntó ahora el que hablara primero. 
—Estaba cazando. Fui hasta una zona alta para hallar algún sendero.
—¿Cazando con qué?
—Con un rifle. Lo dejé allí. 
—¿Y tiene alguna otra arma? 
—Un cuchillo grande en la mochila y aquí en el bolsillo una navaja de supervivencia.
—Póngala en la mochila y déjela por aquí. 

Juan entendía que tenían que seguir un procedimiento pero ya lo estaban fastidiando. Hicieron una llamada por el radio y después llegó otra patrulla. Le tomaron los datos y le hicieron preguntas que no sabía a qué venían. Parecían unos burócratas. Finalmente le dijeron que los guiara hasta el cuerpo. Fue junto a cinco policías. En la pradera ya empezaba a refrescar y apenas si algunos rayos de sol tocaban todavía las cimas más elevadas de los cerros de los alrededores. Lo dejaron llevar la mochila porque era muy pesada pero el rifle y las otras cosas las llevaba un policía. Uno de ellos estaba gordo y tuvo que detenerse varias veces en la ladera. Cuando alcanzaron la cima, el cuerpo no estaba. Juan quedó con la boca abierta, no entendía. Después pensó que alguien se lo debía haber llevado. Cuando les dijo eso los policías se dividieron para cubrir todos los posibles puntos  de escape. La vista que abarcaban desde allí no era poca, y aunque estaba oscureciendo tenían que ver a un tipo a varios cargando a un muerto. No vieron a nadie. Se miraron entre ellos y disimuladamente empezaron a rodearlo.

—Tienen que estar más lejos pero sin dudas se lo llevaron. Se los digo, estaba bien muerto, ¿no sienten el olor?
—Sí hay olor pero, no parece que sea de un cuerpo, puede que sí pero también hay algo más, aunque ahí hay manchas de sangre seca, aunque puede ser de cualquier cosa, de un animal cualquiera —observó uno.
—Ven, y ahí es donde estaba tirado. Cuando le hagan pruebas van a ver que es de una persona.
—¿Cuando le hagamos pruebas? Parece que has estado viendo muchas series policiales. Lo único que tenemos es tu palabra —le dijo uno de los que había llegado en el segundo vehículo.

Juan era muy inteligente y presintió problemas. No le gustaba mentir pero ahora necesario, eso y un poco de actuación. “Por suerte no les dije que tenía traje, quería que lo vieran ellos mismos”, pensó mientras se tocaba la frente como muy confundido.

—Les digo que... —empezó a decir señalando hacia el lugar—, bueno, a mí me pareció que estaba muerto, aunque el olor podía ser de algo que llevaba en la mochila, ahora que lo pienso.
—Un momento, ¿tenía una mochila? —le preguntó uno de los que vio primero—. No nos dijiste eso.
—Creí que lo importante era que había un cuerpo. 
—¿Cuando te arrimaste le intentaste hablar o hiciste ruido? —lo interrogó ahora el oficial con tono de enfadado.
—No, solo me acerqué hasta allí. Se veía mal y con ese olor pensé... está muerto. Solo quise avisar, disculpen si me equivoqué, mi intención no fue molestar. 
—Sí, sí, espera aquí.

Los cinco oficiales se reunieron y hablaron entre ellos. Juan se tomó la cabeza y daba vueltas en el lugar. Ya prácticamente estaba de noche. Los oficiales solo quisieron largarse de allí cuanto antes. 

—Toma tus cosas —le dijo el oficial que llevaba el rifle y los cuchillos—. Si alguna otra vez ves a un “muerto”, fíjate bien antes de molestar a alguien.
—Gracias oficial. 
—¿Vienes con nosotros o te vas a quedar por aquí?  Andas bien equipado.
—Me voy a quedar. Solo tienen que ir por allí. Ya está oscuro pero tienen linternas, ¿no?
—Sí, estamos preparados, esto es un paseo para nosotros. Aunque hubiéramos preferido no venir por nada. 
—Sí, lo siento.
—Bueno, vayámonos, que el muerto de este ya anda muy lejos ¡Jaja! —se burló por último.

Juan los observó bajar torpemente la ladera. “Policías holgazanes. Dice molestar como si este no fuera su trabajo. Bueno, por lo menos me libré de esos ineptos. No hubiera avisado nada. ¿Qué habrá pasado con el muerto?”, se preguntó. “¿Y cómo diablos vino a parar aquí? No puede haber caído del aire... Eso es, debe ser una pasajero del avión que cayó hace un par de días”, recordó. La caída del avión era un misterio, y aunque se había precipitado muy lejos de allí bien podría haber perdido a algún pasajero mucho antes si se le había abierto una puerta o algo así. Los restos de la nave habían ardido varias horas y por eso estaban teniendo dificultades para saber cuántos restos había allí. Especulando sobre eso mientras bajaba por el otro lado del cerro se preguntó si aquel sería el único que había caído en la zona. Pero el misterio más grande era qué había pasado en el avión para hacer que un muerto oliera así y después se levantara. Porque ahora intuía que había pasado eso. 
Los policías, fastidiados, enojados y torpes en aquel terreno, caminaron sin fijarse en un punto de referencia y cuando creían que estaban por salir en la ruta dieron de frente con una arboleda.

—¡No puede ser! —exclamó uno de ellos—. Al venir no pasamos por aquí. ¿Alguien tiene idea de hacia dónde ir ahora? 
—Creo que por... ¡Ahí viene alguien! –dijo alertado uno de ellos.

Desde las sombras de la arboleda brotaron de pronto varios ruidos. Cuando las linternas enfocaron en esa dirección el más puro terror caminaba tambaleándose hacia ellos. Eran varias decenas de zombis. Los aterrados oficiales se quedaron en el lugar intentando abatirlos y ese fue su error. Juan escuchó una serie de detonaciones y después unos gritos de terror que el eco repitió en varios lugares. Pensó que allí estaban sus respuestas. Por esos días se difundía el rumor de que unos anarquistas habían desarrollado algo que convertía en zombis a las personas. Apagó la linterna para no delatarse, le quitó el seguro al rifle y apuró el paso pero de forma silenciosa. Y así se perdió en la noche. Tenía varios conocidos que se habían preparado durante años para algo así. Si todo empeoraba, y su instinto le decía que así iba a ser, le convenía aliarse a aquel grupo, que aunque muy excéntricos eran buena gente. 

4 comentarios:

brayan garzon dijo...

!Saludos nuevamente! Sr. Jorge. Ayer termine todos sus cuentos, no podía creerlo. En su compañía he recorrido desde la sorpresa,pasando por la inquietud y llegando al miedo total. !GRACIAS! Solo que ahora k más leeré, bueno claro k leo su cuento del día pero me hace falta más(sobre todo ahora k estoy en cama),creo k reelere algunos y así recordare aquellos sustos. Gracias nuevamente y reciba una cordial felicitación de alguien k lo admira.

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias a ti. ¿Leiste todos? Sé que la mayoría son bien cortos pero igual son horas de lectura. Y desde hace como un mes no todos son de terror, hay de todo. Bueno, te felicito por soportarme tanto ¡Jaja! Espero que te mejores, Brayan. Saludos!!

Estevampiro Blackcinder dijo...

muy bueno jorge como siempre, intente escribirte por hangsout pero parece q no te llegan mis mensajes, a donde te puedo escribir para hablar contigo?

Jorge Leal dijo...

¡Hola! No, en este perfil no he visto ningún mensaje. Déjame un correo en otro comentario y me comunico. Solo yo lo vería, no lo publicaría. Saludos!!

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