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martes, 6 de septiembre de 2016

Una Noche Inolvidable

El ambiente de aquel club estaba muy pesado para nosotros. Le hice una seña a Maximiliano, mi hermano, y salimos de allí.
El volumen de la música, mejor dicho, el ruido que ponían allí adentro era tan fuerte que ni afuera del club pudimos hablar. Al alejarnos media cuadra mis oídos y creo que hasta mi corazón se sintieron aliviados. En una hora habíamos visto cinco peleas, tres de ellas entre mujeres. No sé cómo podían caldearse los ánimos si allí nadie entendía a nadie, bueno, tal vez esa era la causa, eso y lo que tomaban...

—Sabía que te ibas a marchar solo —empezó a bromear mi hermano mientras caminábamos alejándonos del ruido—, pero pensé que ibas a insistir un poco más ¡Jajaja!
—A no ser que estés con la mujer invisible, vos tampoco estás con alguien —contraataqué en el mismo tono—. Y yo tuve tres a tiro. A una no le entendí ni una palabra, y creo que no era solo por la música, se ve que arrastraba mucho la lengua. Otra, según lo que me gritó una amiga en la oreja, se quedó vomitando en el baño. A la última la sacaron los de seguridad porque se agarró de los pelos con otra no sé por qué ¡Jajaja!
—Y a mí no me fue mucho mejor. Una casi me vomita encima —reconoció Maxi.
—Casi no, ahí te alcanzó ¡Jajaja!
—¡Ah! ¡Que asco! Dame tu pañuelo.
—Ni en tu sueños, usa el tuyo ¡Jajaja! —me seguí riendo de mi hermano.

Maxi se limpió la mancha que tenía en el pantalón y tiró el pañuelo, después se puso a reír conmigo, nos doblábamos a carcajadas. Conteniendo un poco la risa para poder hablar le de dije a Maxi que mejor íbamos a pie y estuvo de acuerdo. Aunque la caminata iba a ser muy larga el silencio de la noche se me antojaba delicioso después de aquellos ruidos que me habían taladrado los oídos, y sé que para mi hermano era lo mismo porque somos muy parecidos. El local estaba en un lugar bastante apartado pero su ubicación era buena porque varias calles desembocaban allí. En una parte donde habían pocas casas pero eran lindas a Maxi se le ocurrió una cosa y se empezó a reír solo.

—¿Qué, de qué te acordaste? —le pregunté ya pronto para reírme.
—¡Jaja! Sabes, esta noche es como aquella vez que fuimos a pescar y el arroyo estaba lleno de peces muertos o muriendo porque lo habían contaminado. Había montones de peces al alcance de la mano pero no agarramos ninguno por las substancias químicas ¡Jajaja!
—Sí, es más o menos lo mismo ¡Jaja! A estas generaciones más nuevas se les va la mano.
—Es una locura, ¿viste como tenían los ojos? Que locura.

Ahora ya no nos daba gracia. Sentimos que estábamos un poco viejos para esos locales modernos. Avanzamos cuadra tras cuadra por una calle desierta donde las viviendas empezaban a escasear. Al pasar por un terreno baldío que estaba lleno de malezas altas me di cuenta de que nunca había cruzado por allí. Me detuve, miré hacia atrás y le dije a Maxi.

—El taxi no nos trajo por este lugar. Agarramos muy hacia la izquierda, teníamos que agarrar por la otra.
—No bromees, ya hicimos un lote de cuadras. ¡Ah, tienes razón! ¿Por qué no te diste cuenta antes? 
—Y por qué no te diste cuenta vos, ¿eh? No pasa nada. Nos desviamos hacia la derecha en la próxima calle y seguimos derecho hasta salir en la que sí va hacia la ciudad.
—¿Esta ni va hacia la ciudad? —me preguntó Maxi estirando el cuello para ver lo más lejos posible hacia adelante.
—No, esta debe ir por el cinturón de la ciudad, un poco más apartada incluso. Creo que la conozco bastante más adelante —le dije, aunque enseguida dudé de eso. 

Al doblar hacia la derecha salimos en un lugar donde no había ni una casa y casi no había alumbrado público. Seguimos porque unas cuadras más abajo (la calle era en bajada, como si fuera la ladera de un pequeño cerro) brillaban las luces de una avenida. Desde que salimos del club noté que el aire estaba tibio y como cargado de humedad. En esa parte más oscura vimos que ya estaba relampagueando. Teníamos que llegar a la avenida iluminada para pedir un taxi porque hasta donde estábamos ninguno iba a querer ir. Ahora más que terrenos baldíos los que nos rodeaba en esa parte era campo. Los relámpagos nos preocupaban pero a la vez nos mostraban fugazmente los pozos que había en la calle y así íbamos evitando a casi todos. En un tramo la calle se hizo tan inclinada que se parecía a la de una pesadilla y allí ya ni siquiera había focos, las columnas quedaron atrás. De haber bebido algo los dos hubiéramos rodado cuesta abajo.

—En lindo lugar nos metiste —protestaba Maxi cada pocos pasos.

Al terminar de descender agarramos un tramo plano y, las luces de más adelante desaparecieron. Nos agachamos bien para ver qué se interponía entre nosotros y las luces (técnica aprendida de los perros en nuestras salidas a la naturaleza). Parecía ser un muro que se extendía como una cuadra hacia la derecha y hacia la izquierda. Unos pasos más y confirmamos que era un muro. La calle ahora se dividía hacia la izquierda y hacia la derecha. Tomamos la parte izquierda. Apenas habíamos avanzado por ahí cuando una voz, no distinguimos si de hombre o de mujer, dijo ¡Hola! Fuerte y claro desde el otro lado del muro. Miramos hacia arriba pero no había nadie asomándose. Noté que Maxi se inclinó y buscó algo que estaba cerca de su tobillo derecho. Cuando se enderezó escuché un ¡clic! Y vi que tenía una navaja en la mano. Moví la cabeza desaprobando que anduviera con eso, pero acto seguido me agaché también para sacar la mía. Ese peso conocido en la mano nos daba mucha seguridad. Aquella voz no había sonado amenazante ni nada pero tenía algo que nos alertaba. “¿Qué andan haciendo por aquí?”, nos preguntó después. Maxi me miró y yo negué con la cabeza. Me pareció que era mejor no contestarle. Apuramos el paso. Lo que hablaba del otro lado también se movía. “¿Cómo se llaman?, díganme sus nombres”, insistió aquella voz. “Si no me dicen nada los voy a esperar detrás de la esquina”, nos amenazó por último cuando nos íbamos acercando a la esquina del muro. 

En esa parte íbamos sobre tierra y piedras. Me agaché a juntar un par de piedras y le di una a mi hermano. Nos iban a servir como primer defensa o como elemento de distracción en la pelea corta. Doblamos lo más alejados del muro que pudimos pero sin arrinconarnos contra el alambrado que había. El camino estaba despejado. Atravesamos después el par de cuadras más largo que cruzamos en nuestras vidas. La idea era no salir corriendo pero si aquella voz extraña nos hubiera amenazado de nuevo creo que lo hubiéramos hecho igual. Salimos por fin en la avenida con luces. El muro seguía por allí un tramo igual de largo que el de atrás pero este era el frente. Al observar algo sentí una cosa horrible muy difícil de explicar pero que se puede expresar en una palabra: Terror. La palidez de Maxi me hizo saber que él sentía lo mismo. Nos miramos horrorizados y ahí sí salimos corriendo. El muro que habíamos rodeado era, naturalmente, el del viejo cementerio de la ciudad.  

8 comentarios:

sharoll dijo...

Que miedo, fue un fantasma que habló

Anónimo dijo...

Wow! Jorge me tuviste en tensión todo el cuento, muy bueno...

Stephanie

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Stephanie. Tuve que meterle mucho oficio pero sí, creo que quedó bien. Saludos!!

Jorge Leal dijo...

Yo apostaría por un fantasma, aunque bien podía ser algo peor. Gracias Sharoll. Saludos!!

Raúl Sesos dijo...

Realmente este es estupendo! Da un miedo, ese giro de tranquilidad a drama y luego terror de manera escalada, una genialidad Jorge. Que talento!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Raúl. Cuando disfruto escribiendo algo sale bien, no digo una genialidad pero sale bien ¡Jeje! Pero sin dudas es uno de los cuentos donde más demuestro mi estilo. Un abrazo.

Anónimo dijo...

En general los cuentos de miedo no son mi primera elección, pero tus cuentos son adictivos. Los cuentas de tal manera que yo me siento ahí, incluso a veces como si fuse uno de los personajes; esa voz extraña, diciendo cosas con un contenido casi infantil, pero en ese contexto fue aterrador. Como megustaría saber escribir de esa forma!. Te felicito!

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias. Pues ten cuidado con lo que deseas ¡Jaja! Escribir SIEMPRE es difícil pero me encanta y pienso hacerlo hasta el día que muera (escribir y publicar no es lo mismo); pero las consecuencias negativas de exponer lo que hago hasta ahora superan por mucho a las positivas. Pero bueno... es así.
Si te gustan más los cuentos de otros temas busca en la nube de etiquetas que hay ahí en la parte derecha. Este blog está unido, le agregué el contenido de otro mío que era de todo tipo de cuentos, desde ciencia ficción a románticos. Gracias de nuevo. Saludos!!

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