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domingo, 16 de octubre de 2016

Ladrones De Tumbas

La luna llena había asomado por encima del muro del cementerio y por ese lugar de terror se deslizaba la sombra de Octavio. No era la primera vez que incursionaba en un cementerio de noche pero nunca lo había hecho solo. Ahora estaba probando ese lugar. Ya lo había visitado durante el día y tenía elegido un objetivo, una vieja cripta.
Estaba bastante asustado y trataba de controlarse pensando que robarle a los muertos era mucho más seguro que a los vivos, y que así no hacía ningún mal. Igual sentía que se le retorcían las entrañas y temblaba un poco aunque no hacía frío. Como entró saltando el muro le costó orientarse porque de día lo había recorrido desde el frente. Hacia donde mirara, cruces, lápidas, criptas, estatuas, jarrones de flores marchitas y las sombras de todas esas cosas confundiendo más la vista. Y después de girar buscando el techo de la cripta se confundió más. Y para su incrementar su creciente temor vio que entre un grupo de lápidas flotaba casi brillando una niebla baja  que se concentrada en un área pequeña.

Observó aquello tan petrificado como las estatuas de miradas inciertas que había allí. Quiso creer que era solamente niebla porque se elevaba solo en la parte que había césped. Siguió su búsqueda con la mirada y dio con su objetivo. El ladrón iba preparado. Con una barra de acero  forzó el candado de la reja y después el de la puerta. Maldijo en silencio al rechinido que hizo la puerta al abrirse. Como había aprendido, no entró enseguida, dejó que el lugar se ventilara un poco. Después, ya con una linterna iluminando la aterradora entrada de aquel hogar de muertos, echó un último vistazo al paisaje pálido que tenía atrás y entró a la cripta. El corazón se hacía sentir en su pecho mientras bajaba lentamente por una escalera de piedra. Llegó al lugar donde descansaban varias generaciones. Como había calculado, era una cripta muy vieja y hasta los restos más nuevos allí tenían décadas. Ahora además de desagradable y aterrador el trabajo era pesado. Mover cajones, abrirlos, y abrir aquello no era como abrir regalos. Pero para Octavio compensaba el esfuerzo cuando encontraba una joya y la evaluaba frente a la luz de la linterna. Una pequeña bolsa de tela que llevaba de a poco se fue haciendo más pesada. Salió de aquel lugar horrible deseando aire y completamente empapado en sudor. Lo primero que notó al asomarse fue que la luna había avanzado mucho por el cielo. Después vio algo que lo hizo volver a la sombra de la entrada de la cripta y apagar la linterna. Cerró los ojos deseando que aquello no estuviera pasando. Se asomó apenas y se ocultó enseguida sacudido por el terror.

Más adelante, entre unas lápidas, había un pequeño grupo que estaba cavando. Si fuera un grupo de colegas igual sería preocupante, pero lo que hacía más aterrador a este grupo era que estaban disfrazados de payasos de pies a cabeza. Octavio deseó que no lo hubieran visto cuando salió de allí. Espió de nuevo. Los payasos ahora retiraban un ataúd de la tierra. No estaban maquillados, usaban un tipo de máscara flexible que se arrugaba en algunas partes como si fuera un exceso de piel. Cuando Octavio vio que uno de ellos levantaba el ataúd como si este estuviera vacío y fuera de cartón, se orinó de terror al pensar que esos profanadores no eran gente. Otro individuo abrió el ataúd con gran facilidad y levantó al muerto que estaba en su interior como si este fuera un muñeco muy liviano. Todo indicaba que eran muy fuertes para ser gente común. Mientras ese sostenía al muerto, otro sacó una máscara de payaso de entre sus ropas y se la colocó en la cabeza. Acto seguido pronunció unas palabras extrañas con una voz tétrica y el muerto empezó a sacudirse. Cuando dejó de convulsionar pudo pararse solo aunque con las piernas flojas, después miró a los otros mientras gemía. Un momento más tarde parecía más firme y finalmente dio unos pasos con mucha soltura. Ahora que contaban con otro integrante empezaron a tapar el pozo que habían hecho. Octavio, oculto allí, temblaba de miedo y deseaba que se fueran de una vez. Y empezaron a marcharse. Pero cuando se alejaban uno de aquellos monstruos sonrió bajo la máscara y miró apenas sobre su hombro. Sabían que Octavio estaba allí, todos lo habían sentido incluso antes de que se asomara en la entrada de la cripta. Él los vio alejarse y suspiró algo aliviado. Enseguida los perdió de vista pero como el miedo lo hacía muy prudente esperó un rato.

Apenas salió dos pasos de su escondite cuando un payaso apareció de un salto delante de él, lo tomó por el cuello, lo levantó del suelo y después lo empujó hacia el interior de la cripta. El impulso lo hizo rodar cayendo por los peldaños y quedó inconsciente en medio de una oscuridad absoluta. El payaso emitió una risa apagada y asquerosa y seguidamente pronunció una serie de palabras extrañas que reverberaron en el interior de la cripta. Antes de marcharse cerró la puerta y la trancó para que Octavio no pudiera escapar. Cuando el ladrón volvió en si, toda una familia de muertos se arrastraba hacia él llenando la oscuridad de quejidos aterradores.

7 comentarios:

  1. Me encantan de payasos y esta no fue la excepcion excelente 😊

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    1. Los payasos nunca defraudan ¡Jeje! También me gusta este cuento. Lo iba a usar para otra cosa pero bueno, aquí está. Gracias. Saludos!!

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  2. Pobre Octavio, ahora sera comida de zombies revividos por payasos brujos y siniestros. Esos payasos si que son raros, mira que tener esa fuerza y aparte poder revivir muertos... Y justamente payasos, jaja, de mis cuentos favoritos. Ahora Octavio no podrá saquear mas tumbas. No creo que esos payasos sean humanos, aunque de alguna forma debieron de aparecer y obtener todas esas habilidades por magia negra... Una estupenda historia master!. Me gustó mucho!. Regresé por aquí.¡Espero la próxima historia!. ¡Saludos desde Venezuela!

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  3. Estos payasos no eran de los que uno puede reírse de ellos ¡Jaja! Muchas gracias, Ongie. Saludos!!

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  4. Quedé asi 😨 impactada los payasos si que tienen formas de sorprenderte 👀 excelente saludos desde argentina

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