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viernes, 7 de octubre de 2016

Las Víctimas

 Danilo iba cabeceando en el asiento trasero del taxi cuando el conductor paró el coche. La madrugada estaba muy avanzada. Se alegró por haber llegado porque ya tenía mucho sueño pero al sacar la billetera se dio cuenta que aquella no era su zona.

—¿Por qué paró aquí? —le preguntó al taxista.
—A partir de este momento no damos servicio, estamos de paro.
—¡Jaja! De paro... ¿Qué, lo dice en serio?
—¿No escuchó que había paro? Bueno, ahora lo sabe. Esto es lo que me debe —le contestó el conductor señalando el taxímetro.
—Pero... ¿por qué no me lo dijo cuando me subí? Esto es absurdo. 
—Porque no estábamos en paro, comenzó ahora —insistió el taxista y volvió a mostrarle la cifra que marcaba el aparato.
—Está bien, pero no puede dejarme aquí.
—Es una medida de fuerza, todos nos perjudicamos. Si me hace el favor...
—Usted va a seguir, ¿no puede llevarme como un favor?
—Si fuera por mí lo llevaría, no tendría problema pero... no puedo arriesgarme a que un compañero me vea llevando a alguien estando en paro. 
—Con este servicio van a quedar en paro definitivamente —comentó enfadado Danilo mientras contaba el dinero justo para no dejarle propina.

Apenas se bajó el auto partió velozmente. En otra ocasión no le hubiera importado caminar pero regresaba de una fiesta donde había bailado mucho, comido en exceso y también bebido bastante, y ya tenía mucho sueño. Resignado a seguir a pie, se tocó la barriga y pensó que hasta podría venirle bien porque se sentía pesado. Después exploró con la vista la zona en donde se encontraba. ¡No sabía dónde era! Maldijo al taxista. “Que medida de fuerza ni que nada, bien pudo haberme llevado, hijo de p...!” Volvió a observar el lugar. Era una calle angosta con muchos árboles y muros bajos y altos a ambos lados. Era una zona residencial donde todos los terrenos tenían amplios jardines en el frente y las viviendas se encontraban bastante atrás entre las sombras de los árboles. Tal vez de día el lugar podía parecer lindo pero de noche era intimidante porque había luz solo en la calle. Danilo denuevo se acordó del taxista y empezó a caminar. Enseguida descubrió que estaba más mareado de lo que había pensado. “El aire fresco me va a despabilar”, pensó. Unos pasos más adelante su estómago rezongó y Danilo se pasó la mano por el vientre. Ni pudo recordar todo lo que había comido. Cuando cruzaba frente a un portón eructó ruidosamente y al hacerlo ladeó la cabeza y vio que una mujer iba pasando entre las plantas de un jardín. Estaba vestida con un camisón largo y caminaba con la espalda muy recta. La vio solo un momento mientras pasaba entre dos plantas tupidas. 

Le dio una una impresión muy fea pero inmediatamente pensó que debía ser una sonámbula. Por qué otra razón iba a andar caminando así y de camisón por el jardín. Al pasar ese terreno de reojo vio otra cosa que iba por el otro lado. Había un muro que lo taparía completamente a él aunque era bastante alto, sin embargo del otro lado de este aparecía hasta los hombros un viejo de pronunciada nariz aguileña y casi calvo que caminaba a lo largo del muro. A no ser que el terreno fuera más elevado que la calle el viejo debía ser casi un gigante. Sintió otra sensación desagradable al notar, por el movimiento de la cabeza, lo largo que eran los pasos del viejo, sí era muy alto. Cuando volteó hacia él Danilo apuró el paso torpemente. El gigantón de enorme nariz caída hacia abajo se detuvo en la esquina de su propiedad pero lo siguió mirando fijamente. Con aquella nariz y la cabeza calva arriba se parecía a un buitre aterrador. Como iba volteando hacia ese no supo de dónde salieron dos mujeres que venían hacia él como para cortarle el paso. Ahora directamente sintió terror. Las mujeres que caminaban hacia él tenían la boca muy abierta porque la mandíbula inferior les colgaba y se movía como si estuviera dislocada, y de aquella abertura horrible se iba asomando otra boca que no era humana, y esta tenía colmillos. Pensó, ya casi fuera de si por el terror, que eran vampiros. Y él había visto solo a algunos de los que había allí. Mientras unos se mostraron para distraerlo y asustarlo los otros se movían sigilosos detrás de los muros, trepaban los árboles o se deslizaban por las sombras de sus jardines. Cuando quiso retroceder aparecieron otros por detrás y cuando buscó una vía de escape vio que estaba rodeado. No lo atacaron enseguida, esperaron que el terror lo inundara de adrenalina porque era un estimulante para ellos.

Por la mañana, con el sol bien alto el taxista pasó manejando por la zona. Iba silbando tranquilamente y se detuvo varias veces. Bajaba e iba derecho hacia alguna roca puesta en el muro o levantaba algún ladrillo colocado detrás de los portones pero al alcance de la mano y sacaba de allí algún billete o joya. Se metía su ganancia en el bolsillo mientras silbaba mirando hacia todos lados e iba hasta la próxima. Alimentar a aquellos vampiros era un buen negocio pero tenía que elegir bien a sus víctimas. Confiado por todos sus éxitos estaba por cometer un error que le iba a costar muy caro a él y a los vampiros.  

8 comentarios:

  1. QUE GENIAL SEGURAMENTE SE VIENE ALGUNA HISTORIA LARGA Y TERRORIFICA, EN LAS QUE ERES TODO UN MASTER. SALUDOS DESDE MEXICO.

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    1. No, se va a quedar en esto nomás. Le agregué este final en broma. Muchas gracias. saludos!!

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  2. Mmm que interesante, me huele a una ségida parte con héroes y todo

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    1. ¡Jajaja! Disculpa, Sharoll, pero hice así este final solo para bromear. Gracias. Saludos!!

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  3. Lastima que no haya segunda parte, ese taxista deberia recibir un castigo aun asi muy bueno

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  4. Buenisimo!, al principio creí en que utilizabas el recurso del alcohol y los efectos secundarios, hasta llegue a pensar que imaginaba vampiros pasando por un loquero, pero la trama se fue desenvolviendo muy bien!

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    1. Tomando en todo caso te duermes antes de ver vampiros ¡Jaja! Por lo menos yo nunca vi ninguno ¡Jaja! Muchas gracias, Lucia. Saludos!!

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  5. Si siempre he desconfiado de los taxistas, ahora menos me subo a un taxi

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