¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Una Civilización Superior

El gobernante de la gran ciudad salió al balcón de su castillo. El castillo estaba en la cima de un cerro y desde allí divisaba una vasta zona. Respirando la brisa que llegaba desde el mar, desparramó una mirada en derredor. Desde la falda del cerro en donde se encontraba partían calles prolijamente empedradas que iban bajando hacia el mar o se perdían en algún recodo, y a los costados de éstas se
extendían hileras de casas de blanco mármol y entre ellas se entreveraban huertas y arboledas. En las calles, allá abajo, las personas iban y venían saludándose gentilmente con los más conocidos.

martes, 29 de noviembre de 2016

Misterios En El Agua

—¡Algo me tocó, algo que está en el agua! —gritó Sandro de golpe.
—¿¡Te está agarrando, se te prendió!? —le preguntó Álvaro al volviéndose hacia él.

Los dos atravesaban un arroyo oscuro que estaba cercado en ambas orillas por un monte tupido. El agua les daba por el pecho pero no nadaban porque llevaban sus mochilas sobre las cabezas y estas no eran impermeables. A esa parte del arroyo la podían atravesar así pero era bastante ancha.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Rescatando Tesoros

De noche, en el fondo de un terreno, un perro grande ladró ronco rumbo a la oscuridad. El dueño, que se encontraba despatarrado en un sofá mirando un partido de fútbol, apartó la mirada de la pantalla y escuchó; pero como el relator le puso emoción a una jugada volvió a mirar el televisor. Mas como el perro siguió ladrando ronco se levantó a ver qué era. Abrió la puerta y le preguntó al perro qué pasaba como si fuera a contestarle. El can solo movió la cola, giró hacia la oscuridad y lanzó otro ladrido, este más corto. El tipo pensó que era un gato y le ordenó que no fastidiara más. El perro bostezó abriendo una boca enorme y después desapareció en la entrada de su casa. Ya había cumplido con su trabajo. Más allá del fondo del terreno, en uno baldío, acababan de cruzar tres siluetas, una mucho más pequeña que las otras. Esas siluetas eran las de José, Manuel y su hermano menor, Tony. Los tres iban por la oscuridad porque no tenían buenas intenciones.

domingo, 27 de noviembre de 2016

El Ahorrador

Víctor pensó que el dinero se le estaba yendo gota a gota. Se levantó y caminó pesadamente  y con los ojos entornados. Creía que la canilla estaba goteando pero no era así. Volvió a la penumbra del cuarto y escuchó. Era afuera. Levantó un poco la persiana de la ventana. Caía una llovizna muy fina pero apretada que por las luces de la calle parecía amarilla. Era una precipitación muda pero al resbalar en el techo goteaba en varios lados. Víctor abrió los ojos bien grandes, cómo no se le había ocurrido antes. Podía ahorrar juntando agua de la lluvia. Se acostó pensando. En algún lado había escuchado que a largo plazo el agua de lluvia no era buena para beber, pero pensó que para todo lo otro sí iba a servir más que bien. Solo tenía que hacerle modificaciones a la instalación de la casa. Siempre había considerado que se pagaba mucho por algo tan abundante. Pero tenía que comprar un tanque, algunos caños, grampas, clavos. Eso no le gustó nada. Recordó que en casa de su hermana había un tanque grande que no usaban. De pronto interrumpió sus ideas una luz casi anaranjada que venía de afuera y traspasaba la persiana.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Vampiros Merodeadores

A César le pareció que aquellos ancianos no solo eran hospitalarios sino que pretendían algo más. No se sintió en peligro y no le pareció que fueran mala gente, todo lo contrario, pero algo escondían. No era agradable pasar la noche en la vivienda de ellos sintiendo esa sensación, pero no era un motivo suficiente para irse y tal vez ofender a la pareja que le ofrecía su hogar.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

El Ayudante Del Chamán

¡Hola! Aviso que el final es súper abierto. Es solo el inicio de una historia de terror pero ni llega a tenerlo. 


 Antonio pensó que ese iba a ser su día de suerte; se agachó para meter el brazo en el tacho de basura, apartó un poco la boca de una bolsa blanca y agarró una manzana. No tenía ni una mordida, solo una parte aplastada y blanda. Antes de morderla le echó un vistazo a las otras cosas que había en el tacho. Halló una papa grande que habían desechado por tener un hueco negro. Antonio la observó mientras comía su manzana. Andar en la ciudad le brindaba muchas posibilidades de encontrar comida y algún ocasional trabajo pero lo limitaba en algunos aspectos. En las afueras, en cualquier costado de un camino podría cocinar aquella papa, pero en el callejón donde estaba durmiendo era muy difícil. Como todavía era menor no podía ir a un centro de ayuda porque podía terminar en algún orfanato. Dejó la papa en la bolsa donde estaba la manzana, le podía servir a otro. Se alejó pensando que necesitaba un techo seguro, una casa. Se le vino a la mente, como si el recuerdo hubiera aparecido solo y contra su voluntad, la imagen de la vieja casona embrujada. Se estremeció como si le hubiera dado un escalofrío. Aquel era el hogar del terror y de nada más. No entendió por qué se le ocurrió que podía vivir allí.

martes, 22 de noviembre de 2016

Un Domingo En Familia

Parecía que iba a ser otro domingo apacible con la familia. Nos encontrábamos en la propiedad de mis abuelos. Toda la parentela reunida en una gran mesa que armamos con tablas bajo el parral. Carne asándose sobre la parrilla, los niños correteando por el lugar seguidos por los perros, y el aroma del campo viniendo por momentos con la brisa, no hay cosa más linda. El viejo hogar, la huerta prolija, más en el fondo los naranjos, y sobre estos, allá lejos, el verde oscuro de unos cerros que jamás me voy a cansar de contemplar. Nada podía salir mal un día así.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Cosas De La Guerra

Christopher se arrastró sobre sus codos por un pastizal alto. Se detuvo al creer escuchar unas voces y por un momento quedó inmóvil, expectante, los sentidos sobresaltados por el terror.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Otro Payaso

Uno de los policías miró hacia arriba y comentó bromeando:
—Entonces así nacen los payasos, en un árbol ¡Jaja!
—Más respeto, oficial —dijo una voz que iba llegando a la escena.
El policía se volvió pensando “¿Quién es el atrevido que quiere corregirme?”, pero al ver que era el detective Ortiz se paró firme y la saludó con respeto.

viernes, 18 de noviembre de 2016

El Ausente

A los tres, Fabricio, Mateo y Rubén, les resultaba rara la reunión porque faltaba un integrante, Carlos, que había desaparecido en un remoto país de Europa hacía unas semanas. No habían hallado su cuerpo pero todos ya lo consideraban muerto. Los tres que quedaban intentaban concentrarse en las cartas aunque cada tanto miraban el lugar vacío que le perteneciera a su amigo. De pronto Fabricio dejó las cartas sobre la mesa y agitó sus manos delante de la cara como si le estuviera haciendo señas a alguien que estaba muy lejos. Lo que quería era disipar un poco el humo que Mateo le sopló en la cara.

jueves, 17 de noviembre de 2016

La Súper Luna

¡Hola! Si buscan terror del bueno, algo que realmente asuste... en esta entrada no lo van a encontrar ¡Jaja! Pero el anterior sí es de terror. Buscando en "Categorías", en la parte derecha del blog hay cuentos para todos los gustos. También se puede usar la barra de búsqueda que hay ahí arriba. Gracias.



Estaba mirando tele sentado en el sofá, con una pierna sobre el posabrazos cuando Matías me invitó a ver la súper luna.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Dientes De Payasos

Los ocho payasos protestaban a los gritos detrás de una valla policial. Unos policías los contenían sujetando la valla y amenazándolos con las cachiporras.

martes, 15 de noviembre de 2016

Extraterrestres

     ¡Hola! Los cuentos de esta entrada no son de terror (si buscabas eso pasa al siguiente), son de extraterrestres, y los que leían mi otro blog tal vez ya los conozcan. Igual podrían leerlos de nuevo, echenle ganas ¡Jaja!
                                    

                             Del Espacio
“No es bueno andar juntando rocas que caen del cielo”, dijo súbitamente una voz. Allan volvió la cabeza hacia la voz y vio a un viejo que, sentado bajo un arbusto lo miraba sonriendo. Había llegado al desierto con el amanecer. Buscaba meteoritos. En el duro y desnudo suelo del desierto era más fácil hallarlos, aunque implicaba caminar muchos kilómetros. Sus ojos entrenados podían distinguir entre una roca común y una caída del espacio. Paso a paso, la vista buscando en el suelo, kilómetro tras kilómetro de tierra árida y soledad. Había comenzado como un pasatiempo pero de a poco se volvió un oficio cuando comenzó a vender algunas rocas. Los metálicos valían más pero a la vez eran los que menos encontraba, pues generalmente hallaba meteoritos que podrían pasar por una roca cualquiera.

lunes, 14 de noviembre de 2016

El Parásito

Me encontraba en el frente de mi hogar junto a mis viejos cuando nos llevamos aquella sorpresa. Me estaban visitando y como afuera la noche había llegado con una brisa muy agradable saqué unas sillas y nos sentamos en el patio. Conversábamos no me acuerdo sobre qué cuando al verla nos callamos. La mujer venía por la vereda empujando un cochecito de bebé. Impresionaba lo flaca que estaba la mujer, la cara se le había hundido y se le marcaban unas ojeras violáceas y los pómulos. Su cabellera negra y lacia parecía muy escasa y fina. Estaba más cerca de un esqueleto que de una persona viva y tenía una palidez extrema.

domingo, 13 de noviembre de 2016

La Avanzada Del Terror

Cuando la policía toca a tu puerta generalmente no es para nada bueno, y Adrián recibió la peor noticia, una que causaba terror.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Recuerdos

Con cada golpe de remo me arrepentía más de haber llevado a Jacinto. La noche nos había encontrado en el agua, Jacinto era corto de vista por su edad y yo no conocía la zona. Y empecé a pensar que él tampoco conocía el lugar, aunque según él se había criado en aquellas costas.

viernes, 11 de noviembre de 2016

El Trabajador

La mujer miraba hacia la calle y parecía preocupada. Ramón pasaba por allí y la observó. Se  encontraba un poco inclinada hacia adelante porque tenía una mano sobre el muro bajo de su terreno, a la otra mano la tenía a la altura de la cara y se estaba comiendo las uñas. Era bonita, pelirroja, de treinta y pico pero muy bien llevados. Cuando Ramón cruzó frente a ella la mujer apartó la mano de la boca sonrió levemente como avergonzada de lo que estaba haciendo, después se notó que iba a decir algo pero se contuvo, y cuando él ya había dado otros pasos le habló:

jueves, 10 de noviembre de 2016

El Inocente

Dos detectives que salían de una sala de interrogación sonriendo y negando con la cabeza se cruzaron con Ortiz y uno le dijo:

—Ortiz, no sabes el cuento fantástico que acabamos de escuchar. Es de terror, seguro que te gustaría.
—Si dices que es un cuento es porque no te lo crees. ¿Quién está ahí? —le preguntó Ortiz, que también era detective.
—Un muchacho que mató a un primo. Está bien frito pero sigue contando una historia que nadie la va a creer ¡Jaja! Pobre infeliz, lo hubiera pensado mejor. Si quieres escucharlo pídele al capitán, está ahí. Nosotros nos vamos a tomar café.

martes, 8 de noviembre de 2016

La Broma Del Payaso

El lado malvado de Fabián se divertía de solo pensarlo. Había visto unos vídeos donde unos tipos disfrazados de payasos aterradores asustaban a la gente. Era una broma pesada pero que hacía reír a los que la veían. Él compartió esos vídeos con sus contactos de redes sociales y habló sobre ellos con todos sus conocidos. Incluso cuando pasaron varios días, en algún momento de la jornada se acordaba de esas bromas y sonreía. Fabián no quería reconocerlo pero lo habían impactado tanto porque le tenía miedo a los payasos.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Una Peste

Oscuridad sobre oscuridad era aquella noche, cielo nublado y silencio aplastante. En aquella zona despoblada la oscuridad persiguió largamente a una camioneta que la desafiaba con sus luces.

domingo, 6 de noviembre de 2016

El Desaparecido

Gustavo caminaba por las sombras de un milenario bosque de pinos. Estaba buscando hongos comestibles pero además de mirar hacia el suelo no descuidaba su entorno porque el bosque era muy grande y no quería desorientarse. En la mano izquierda cargaba un canasto que cubría con un paño, allí llevaba los hongos. Cuando no iba a cazar le encantaba recolectar hongos. Los había juntado muchos años junto a su padre, y como con él hablaban y bromeaban todo el tiempo, le quedó la costumbre de hablar cuando hallaba alguno y lo siguió haciendo aunque anduviera solo: “Ah, pero que precioso hongo eres, ven aquí”, o decía “Esta vez te salvaste, todavía eres muy pequeño”, “Vaya, creciste al lado de uno venenoso, ¿acaso querías engañarme? ¡Jaja!”, y así seguía por el bosque llenando su canasto.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Problemas De Espacio

Benito intentaba calmar a Clara, su esposa:

—Los muchachos seguramente están bien, no viven en una casa de cartón.
—Sí, pero quiero estar segura. Esta tormenta horrible me da una cosa... —le explicó ella estremeciéndose.
—Con esta tormenta eléctrica te puede dar algo peor si usas el teléfono, no ves que hay muchas descargas. Hay que desenchufar todo. Y los muchachos no escucharían que suena con todo este ruido de rayos y truenos. ¡Dije que no te escucharían! ¡Voy a desenchufar todo!

Clara quedó con las manos en su pecho y se agachaba un poco con cada retumbar. Benito, de carácter tranquilo, después de desconectar los aparatos electrónicos se sentó en un sofá y cerró los ojos. Todavía era muy temprano en la noche como para acostarse y recién habían cenado. Clara se paseó por la sala un rato y después se sentó para seguir estremeciéndose con cada trueno.
Los estallidos de la tormenta eran constantes y toda la ciudad temblaba bajo aquellas luces blancas. También llovía mucho pero eso era lo de menos, lo peor era la tormenta eléctrica. Benito estaba tranquilo pero deseó estar con sus hijos y sus nietos. En toda su vida jamás había presenciado tal cantidad de rayos y relámpagos. Él trabajaba de encargado de obra en una empresa de construcción y además de albañilería sabía mucho de electricidad porque le gustaba aprender de todo. Mientras seguía con los ojos cerrados y sentado cómodamente en su sofá, pensó en la descomunal cantidad de energía que había sobre la ciudad. Además de lo conocido por la ciencia, ¿qué otros efectos podría traer aquel gigantesco exceso de energía? 

Ese espectáculo ensordecedor de luces duró toda la noche y parte de la mañana. Como la ciudad se encontraba en alerta meteorológico no hubo trabajo en la construcción que él supervisaba. Por la tarde mejoró y recibió una llamada del arquitecto de la empresa. El arquitecto llevaba poco tiempo en la empresa y era un tipo joven. Reconociendo su falta de experiencia, aunque su puesto era superior al de Benito el arquitecto apreciaba mucho su opinión y escuchaba sus consejos. Ahora le habían pedido a la empresa un presupuesto para reparar unos daños que la tormenta había hecho. Fueron en el mismo auto. Después de enterarse de algunos detalles, por el camino Benito le comentó al joven, que era el que conducía:

—¿Sabes qué había antes, hace como cuarenta años, en el terreno donde levantaron este edificio de departamentos?
—No, ¿campo? Si ahora se encuentra en lo que es el cinturón de la ciudad me imagino que antes por ahí era solo campo.
—Casi aciertas. Sí era un campo, pero un camposanto, era un cementerio.
—¡Vaya, no sabía! Y supongo que la gente que compró ahí tampoco —dijo sorprendido el arquitecto descuidando el camino que tenía por delante al voltear hacia Benito.
—Probablemente no. Era un cementerio pequeño y más bien estaría en la parte donde hicieron un estacionamiento a cielo abierto, pero es pegado al edificio.
—Y bueno. La necesidad de espacio de los vivos superó a la de los muertos ¡Jaja! Y deben haber retirado todos los restos, ¿no?
—Lo dudo mucho. Cuando yo era niño ese cementerio ya era antiguo y no se lo usaba más, ya existía este otro que hay ahora. En la mayoría de las tumbas, sino en todas, hasta los ataúdes debían estar integrados a la tierra. Recuerdo que estaba muy descuidado y además de malezas hasta árboles habían crecido por todos lados, y la zona había quedado un poco baja y cuando llovía mucho medio se inundaba. Cuando mucho encontraron las lápidas.
—Tiene razón. Usted es como una enciclopedia andante, don Benito.
—No, solo soy viejo. Ahí está el edificio, y apostaría que aquel tipo que está en la vereda y parece nervioso es el dueño. Vamos a ver de qué se trata.

Después de saludarse el tipo les dijo que el daño era solo en el estacionamiento pero que era muy grave. Benito y el arquitecto se miraron entre sí y el joven agrandó sus ojos como diciendo ¡Vaya! Pasaron a ver los daños. Habían retirado todos los vehículos para que lo vieran mejor. Aquellos dos volvieron a mirarse. Lo primero que cualquiera pensaría al mirar aquello era que unas cosas habían salido de abajo de la tierra y así habían roto el concreto. El concreto estaba roto en pedazos y levantado en zonas bien puntuales. Mientras el arquitecto hablaba con el dueño del lugar el veterano hizo un pequeño recorrido por el estacionamiento. Al notar algo Benito se volvió hacia los dos y al ver que el potencial cliente había mirado hacia el edificio al decir algo, le hizo unas señas a su compañero que decían que las roturas estaban alineadas. Alineadas como las tumbas de un cementerio. Finalmente el otro se fue y los dos pudieron hablar:

—¿Usted había visto algo así? —le preguntó el joven. 
—Lo más parecido que he visto son los estragos hechos por una correntada en una ruta o una calle, pero con esos muros lo más que podía pasar aquí es que se inundara como una piscina, cosa que no creo que haya pasado porque el lugar tiene un buen desagüe y por lo que vi no parece tapado.
—Y es extraño que sigan una línea, ¿no?
—Más que extraño, muy raro. Y creo que los dos nos imaginamos lo mismo.
—¿Que unos zombies salieron de ahí?
—No, yo me imagino que unos fantasmas salieron de ahí. Como te dije en el auto, no creo que en este suelo quedaran restos; pero espíritus, eso es otra cosa.
—Le doy la razón. La rotura es grande pero no hay huecos como para que pase un cuerpo. De todas formas hay que calcular cómo arreglar esto y cuánto saldría. Vamos a observar mejor y a hacer algunas cuentas.

Cuando le dieron el presupuesto el tipo dueño del lugar estuvo de acuerdo. Como la empresa era grande hicieron el trabajo en pocos días. Pero los problemas para aquel edificio recién comenzaban. En el edificio se empezaron a esparcir rumores sobre fantasmas y la gente fue abandonando los departamentos como si hubiera una plaga. En pocas semanas quedó vacío. Como la ciudad era chica y las historias se esparcen rápido ya nadie quiso vivir allí. 

Un tiempo después Benito pasó frente al edificio manejando lento. Era de noche y las ventanas sin persianas eran unos bloques de oscuridad que daban a unas habitaciones donde las voces de los vivos eran solo un recuerdo. De repente una silueta completamente blanca se deslizó frente a la ventana, pasó rápidamente pero mirando hacia la calle; y desde otra abertura unos rostros blancos que lo miraban levitaban cambiando de lugar, arriba, abajo, a los costados, con movimientos lentos y fantasmales. Benito aceleró. Después, recordando las palabras de su compañero, pensó: “La necesidad de espacio de los vivos superó a la de los muertos”, pero le agregó “Y ahora los muertos se pasean por donde habitaban los vivos”.  

viernes, 4 de noviembre de 2016

¡Maldito!

 El sol calentaba al monte, al agua del arroyo y al campo que había más allá. Ese verano había llegado muy caluroso y justo esos días eran los peores. De todas las estaciones del año el verano es mi época preferida para ir a la naturaleza. Por eso me fui al monte buscando algo de frescor, tranquilidad y esa paz que se siente en los lugares naturales y hermosos. A los días lindos uno no los asocia con el peligro pero igual este siempre está ahí, esperando que nos descuidemos.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Vigilantes

Nos encontrábamos en una pieza pequeña. Sergio, el otro vigilante, estaba muy concentrado leyendo un libro. El veterano por momentos acercaba el libro a la cara y entrecerraba los ojos como si no viera bien, y cada cierto rato jugaba con su barba corta y gris mientras seguía con la vista fija en la lectura. Yo estaba aburrido como siempre. Éramos unos de los vigilantes de una mina ubicada en una región remota de Canadá y era mi primer año allí.