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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Dientes De Payasos

Los ocho payasos protestaban a los gritos detrás de una valla policial. Unos policías los contenían sujetando la valla y amenazándolos con las cachiporras.

—¡Ese es nuestro hogar! —gritaban los payasos—. ¡No pueden demolerlo!

Ellos se encontraban en la vereda de una calle llena de grietas. Del otro lado, a sus espaldas, daban lástima unos edificios abandonados que tenían las ventanas rotas o tapiadas con maderas y las paredes mugrientas. Dentro del perímetro que delimitaba la valla, en lo que antes fuera un estacionamiento al aire libre, estaba el jefe de policía y miraba de reojo a los protestantes. A su lado había un tipo con casco de obrero que era un ingeniero. Ese tipo sostenía un radio y se notaba que le preocupaban un poco los tipos que gritaban a unos metros de ellos. Eran malabaristas callejeros, holgazanes y borrachos. Todos eran veteranos y cada año de vagancia y alcohol les había dejado marcas en la cara. Aquellos rostros con partes pintadas de blanco y arrugas de furia le daban un innegable tono grotesco a la escena. El jefe de policía, fastidiado de ellos, les gritó con su voz más autoritaria:

—¡Déjense de armar alboroto, partida de vagos, o los hago arrestar a todos! —y mirando al ingeniero le dijo—. Ordene que empiecen la demolición.
—Está bien. ¡Empiecen la demolición! —ordenó el ingeniero por el radio.

Una bola de demolición dio el primer golpe y toda la esquina de un edificio ruinoso se vino abajo levantando una nube de polvo. Aquel grupo había ocupado ese lugar hacía unos años y reclamaban como si fuera de ellos pero solo eran invasores. El que más había gritado y maldecido, el “Peluca”, un tipo ancho y de mal carácter que se había proclamado líder de aquel grupo a la fuerza, mostró los dientes como un perro, le dio la espalda a la valla y se alejó unos pasos haciendo una seña con la mano por encima de su hombro para que se arrimaran a él. Dos de sus subordinados lo siguieron. El Peluca, sin dejar de mostrar los dientes les dijo:

—Ya está, no vale la pena seguir aquí. Tengo otro lugar que nos puede servir. Nos vamos. Malditos policías...

Los ocho payasos se alejaron por unas calles deprimentes, con edificios viejos, vagos bebiendo en los portales y en las esquinas mujeres con ojos que miraban todo con desdén. El segundo al mando de aquel grupo tan singular, un tipo que tenía el pelo largo y lacio solo en la parte baja de su cabeza, le preguntó al peluca:

—¿El lugar es otro edificio?
—No, es abajo, en las alcantarillas, pero es un buen lugar. Si le sirve a las ratas le sirve a ustedes. Maldición —le contestó de muy mala gana el Peluca, y se acomodó la peluca electrizada y ridícula que le daba su apodo. 
—¡Ah! En las alcantarillas. No es un buen lugar para andar borracho pero sirve. Viví unos años en una.
—Seguro que las ratas quedaron agradecidas cuando te fuiste ¡Jajaja! —empezó a reír el Peluca, y siguió con una tos hasta que finalmente escupió en la calle.

Todos cargaban sus pertenencias en un bolso y se iban pasando una botella que su líder les arrebataba de un manotazo cada pocos pasos. Doblaron en un callejón y se detuvieron frente a una tapa de alcantarilla. Después de echar un vistazo a los alrededores el Peluca les dijo que levantaran la tapa. Los ocho fueron bajando trabajosamente y entre insultos por una escalerilla metálica. El último se soltó a medio camino y cayó pesadamente en el círculo de luz que descendía desde la boca de la alcantarilla. Los otros se echaron a reír y unos ecos aterradores se propagaron hacia varios lados. El tipo se levantó con mucho trabajo y riendo estúpidamente. El payaso de hombros anchos encendió una linterna y empezó a conducirlos por aquel lugar inmundo. Hizo resonar una risa ronca al enfocar una puerta metálica. Él entró primero y buscó un interruptor. Se encendió una luz parpadeante y la oscuridad huyó de aquella pieza cuadrada apenas lo suficientemente amplia como para que vivieran hacinados allí. A sus compañeros les gustó. Por su techo cruzaban un montón de caños y uno tenía una enorme grieta en el medio, pero el lugar estaba seco, tenía luz y nadie se los iba a disputar.

Unos días después, en la pasarela metálica de una fábrica, dos hombres se daban la mano emitiendo unas risitas de satisfacción. Uno era grande y gordo y el otro menudo y con lentes de aumento. El tipo de los lentes se dio unas palmaditas en el bolsillo del saco donde había guardado un fajo de billetes y le dijo al otro:

—De nuevo su fábrica aprobó la inspección de seguridad ¡Jejeje! —pero mirando serio rumbo a unos enormes tanques agregó cambiando de tono—. Pero deshágase de ese cóctel de químicos que ha acumulado. Quién sabe lo que puede formar esa mezcla infernal que usted ha acumulado ahí con los años. ¿Cuántos químicos hay metidos ahí?
—Qué sé yo, todos ¡Jajaja! Pero me voy a deshacer de ellos sí, inspector.

Ese mismo día, unos hombres cubiertos con trajes especiales y respiradores, abrieron una tapa y por medio de una manga empezaron a verter allí lo que había en los tanques. En otro lado, bajo tierra, los payasos habían vuelto de hacer sus malabares y de mendigar y estaban durmiendo entre ronquidos y alguna que otra palabra o frase inconexa que se le escapaba a alguno que soñaba. Uno de los caños que pasaba por el techo empezó a temblar, hubo ruidos de fluidos, y de la grieta que tenía empezó a escaparse un líquido repugnante que levantaba una especie de humo al caer en el suelo. Los tipos empezaron a toser dormidos y cuando se despertaron ya era demasiado tarde. No pudieron ni levantarse, solo se arrastraron un poco y empezaron a girar en el suelo mientras se ahogaban, tosían y vomitaban.

Un tren del subterráneo empezó a enlentecer su marcha hasta que finalmente se detuvo. El conductor recordó todas las maldiciones que sabía. A su lado había un compañero que bajó la cabeza y negó resignado. Sonó el comunicador, el conductor lo atendió y una voz dijo:

—Desde la centrar notamos que se detuvieron, ¿qué pasó?
—Pasó que estas máquinas ya no quieren más, y aunque los conductores se lo dijimos, la empresa no quiere invertir más —dijo el conductor con el máximo tono de sarcasmo con el que pudo hablar. 
—Bien, enviaremos unos técnicos. Tranquilicen a la gente. 

En el tren empezaron a propagarse exclamaciones y palabras de disconformidad. Algunos veteranos, acostumbrados a todo, simplemente se acomodaron para dormir. Una mujer que insistía con su celular aunque no había señal, de pronto lanzó un grito de terror que hizo que todos se volvieran hacia ella. Había algo en la ventanilla. Era un payaso aterrador que tenía los ojos rojos y que escurría por la boca una substancia negra. Y en otro vagón estalló un vidrio y un payaso asomó la cabeza y empezó a lanzar dentelladas al aire mientras miraba a uno y otro con sus ojos inyectados de sangre. Habían muerto pero el cóctel de químicos los reanimó como zombies. El Peluca lucía aterrador y aunque ahora era un zombie igual mandaba sobre los otros. Se quedó frente a una puerta y dos de los suyos empezaron a romperla. Los gritos de terror y dolor invadieron todo el tren y se desató una situación que parecía salida del mismo infierno.

Cuando los técnicos llegaron salió a recibirlos una horda rabiosa de zombies que andaban sobre sus manos y pies, se arrastraban o rengueaban en su afán de atacarlos. Después, una horda mayor se alejó por un túnel. Comenzaba una plaga zombie.   

7 comentarios:

  1. Woow payasos zombies super, no paro de leer, me quede en 19 de febrero y regrese hoy a leer los nuevos con la grata sorpresa de este, todos geniales hasta el momento, a ver si hay segunda parte de este 😊 saludos 👋

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  2. Hola tocayo!interesante esa teoria de los desechos para volver zombies a las personas creo que si llega a pasar seria la causa,por las dudas debemos estar preparados jeje..saludos..W

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  3. En la literatura o las películas salen zombies de cualquier cosa. en la realidad mejor nos preocupamos por los vivos ¡Jaja! Gracias Willy. saludos!!

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  4. Gracias Xiu. Te quedan varios por leer. Estoy publicando mucho. Saludos!!

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  5. Una mezcla de payasos y zombies! Genial!!!!

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  6. Sí, en el blog los payasos son de todo menos gente ¡Jeje! Gracias. Saludos Francisco!!

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  7. Uyy payasos +químicos = zombis que macabro asi una ya no va a querer tomar el subterráneo 🚇 de noche 🌃 que miedito Saludos desde argentina carolina

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