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viernes, 11 de noviembre de 2016

El Trabajador

La mujer miraba hacia la calle y parecía preocupada. Ramón pasaba por allí y la observó. Se  encontraba un poco inclinada hacia adelante porque tenía una mano sobre el muro bajo de su terreno, a la otra mano la tenía a la altura de la cara y se estaba comiendo las uñas. Era bonita, pelirroja, de treinta y pico pero muy bien llevados. Cuando Ramón cruzó frente a ella la mujer apartó la mano de la boca sonrió levemente como avergonzada de lo que estaba haciendo, después se notó que iba a decir algo pero se contuvo, y cuando él ya había dado otros pasos le habló:


—¡Hola! Disculpe. ¿Por casualidad usted hace trabajos así como acomodar leña, carpir y cosas así?
—Sí, señora, hago trabajos así. Recién anduve podando un paraíso —le contestó Ramón. No estaba sorprendido porque las herramientas de poda que llevaba lo delataban, eso y su ropa de trabajo.
—Viene de trabajar... Yo tendría algo pero es para hoy. Mañana pasa por la cuadra un camión grande de los de la basura y se puede sacar cualquier cosa y ellos se lo llevan. 
—Por mí no hay problema, señora. Vengo de hacer algo poco, unos retoques que me quedaron de ayer.
—Pase entonces y le muestro lo que hay que hacer.

Abrió el portón y aunque lo había invitado a pasar él igual pidió permiso. Los buenos modales nunca sobran cuando se trabaja por cuenta propia y en propiedades de desconocidos. Fueron por el costado de la casa, por un corredor formado por un muro y la pared. Salieron en un fondo muy amplio que tenía un jardín exuberante y exótico. Ella hizo que la siguiera por un sendero de piedra que dividía el jardín. Ramón observó el jardín y al andar de la mujer. Conocía muchos jardines pero no distinguió ninguna de aquellas plantas; pero con los años había escuchado a muchos fanáticos de los jardines, y por los colores y patrones de las plantas que allí había calculó que todas eran muy venenosas. Las caderas de la mujer se detuvieron frente a un pequeño galpón. Ella abrió la puerta y le dijo:

—Quiero sacar todo lo que hay ahí. Si ve que algo le sirve, quédeselo. A cosas como esas sillas puede quebrarle las patas. Voy a traer unas cuerdas para que amarre todo porque me resultaría más fácil de llevar, ¿entiende?
—Perfectamente, señora. Voy a dejar mis herramientas por aquí. Así que nada de esto sirve, ¿no? Pregunto para no hacer alguna burrada.
—Nada sirve, por lo menos para mí no, pero hay cosas que todavía pueden ser útiles y se las quiere llevar...
—Bueno, vamos a ver por dónde empezamos.

Y se puso manos a la obra. Principalmente eran muebles viejos, adornos y utensilios. Los muebles estaban todos descolados y le resultó fácil hacerlos pedazos. Mientras seguía su trabajo de destrucción notó que la pelirroja volteaba muchas veces hacia la casa y volvió a comerse las uñas. Algo la seguía preocupando. Ramón pensó que no era asunto suyo y siguió preparando todo. Al quitar el cajón de un mueble cayó al suelo una navaja antigua. Él la levantó y mostrandosela a la pelirroja le iba a preguntar si podía quedarse con eso pero ella se adelantó:

—Quédesela. Ni me acordaba de ella, fue de un marido que tuve. Creo que ahora debe valer bastante. Es suya.
—Muchas gracias.

Al guardarla en el bolsillo Ramón pensó que la mujer hablaba como si fuera una persona muy vieja. Ella se dio cuenta y dio muestras de haberse arrepentido porque levantó los ojos hacia el cielo y ese gesto casi dijo: Que tonta fui. Después hizo otro como de desinterés: Que importa. Luego ella se observó la uña del dedo gordo, volteó hacia la casa y al volver la mirada hacia él le dijo sin vueltas:

—Tengo otro trabajo para ofrecerle. Tiene sus riesgos. Si lo acepta lo que pase aquí va a quedar entre nosotros.
—Gracias señora pero soy un tipo sencillo, no me gusta complicarme la vida. Tendría que decirle que no.
—No es nada de lo que usted está pensando.
—No estoy pensando en nada, señora. 
—Es... Hay una muñeca embrujada en mi casa. Entre y me va a creer, pero entre con ese machete suyo. La muñeca se mueve rápido, puede saltarle, tal vez tomó algún objeto afilado. 
—¿Una muñeca embrujada? 

Ramón sumó todo: Un jardín con plantas exóticas y venenosas, una mujer que parecía joven pero había dicho cosas que diría una mujer vieja, una muñeca embrujada. La que estaba parada frente a él y mirándolo profundamente era una bruja. Se comportaba amablemente pero no le quedaron dudas de que si ella se enojaba él iba a estar en serios problemas. Nadie quiere a una bruja de enemiga. Aceptó sin pensarlo mucho más.

—Está bien. ¿Terminó aquí o no es necesario?
—El camión pasa pero la semana que viene, y así está bien.
—¿De qué tamaño es la muñeca más o menos?
—Como una niña pequeña, así aproximadamente.
—¿Puede hacer algo más además de tratar de lastimarme con un objeto?
—No, podría morderlo y arañarlo cuando mucho. Yo misma me encargaría de ella pero, le temo. No sé en qué parte de la casa se metió. Tenga mucho cuidado. Tiene que entrar rápidamente para que no salga. Yo me quedo afuera.

Ramón tomó su machete más pesado, uno que tenía forma de garra y un mango largo. La dueña del lugar le abrió la puerta del fondo y él se metió rápidamente. Estaba en la cocina. Revisó abajo de una mesa, revisó los cajones de un bargueño, y al estar seguro de que no se encontraba allí siguió a la siguiente pieza. Se limpiaba el sudor frío de la frente con el dorso de la mano izquierda. Revisó una habitación que tenía la puerta abierta. La habitación le dio escalofríos. Era una mezcla de laboratorio antiguo, destilería y pequeños altares a ídolos grotescos. Supo que por el resto de su vida iba a tener pesadillas con aquel lugar. Cuando se dio vuelta para salir, la muñeca estaba parada detrás de él. No era una muñeca de las que tienen las niñas, era una bruja pequeña, nariz larga, arrugas y unos ojos claros que proyectaban maldad hacia donde miraran. La horrible muñeca emitió unos ruidos que no llegaron a ser palabras y corrió rápidamente hacia él. 

Aquel brazo acostumbrado a rozar a machete terrenos enteros cubiertos de malezas, se movió casi automáticamente ante el peligro y Ramón no sintió en la mano cuando golpeó a aquel engendro. Supo que fue certero cuando la mitad de la muñeca chocó contra su pierna. La mitad que quedó con los brazos chillo horriblemente y después los usó para moverse. Como una criatura salida de una pesadilla, se levantó sobre las dos palmas y usando los brazos como piernas intentó huir. Otro machetazo enterró la punta de aquella garra de acero en la cabeza de la abominación. Ramón salió con una mitad clavada en el machete y sosteniendo la otra de una pierna. La bruja pelirroja aplaudió contenta y saltó como una niña:

—¡Muy bien, muy bien! Buen trabajo.
—¿Algo más? —le preguntó Ramón con una voz apagada, cansado de tanto terror. 
—Sí, córtala en trozos más chicos y entierralos por separado por todo el jardín. Unos por aquí otros por allá, bien separados.

Terminó de hacer eso cuando el sol estaba muy bajo. La bruja estiró hacia él un fajo bien gordo de billetes.
—Esto que pasó no va a salir de aquí, lo prometes, ¿no?
—Se lo prometo.
—Te creo, lo veo en tus ojos. Por si te lo preguntas, esta era una rival que me había sacado varios negocios. Claro que no era así, yo la metí en esa muñeca. Cuando la iba a destruir la maldita se escapó. Siempre le tuve miedo pero ahora ya no está ¡Jajaja! Puedes irte. 

Ramón se alejó de aquella vivienda que nunca iba a olvidar. Por lo menos tenía un consuelo. Con el dinero que una vez le dio un tipo por enterrar una alfombra que envolvía un bulto pesado, sumado a lo de este último trabajo podía abrir su propia empresa. 

7 comentarios:

  1. Jaja grande Ramon me gusto su actitud y sobre todo como uso su filo..penso rapido ademas..saludos tocayo..W

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  2. WOOOO ME ENCANTO ESTE CUENTO NUNCA ME PIERDO LOS CUENTOS QUE PUBLICAS

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  3. Genial! Sin palabras ..no era un jardinero común y corriente. .. espero tenga continuación

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  4. Tiene continuación, Sharoll. Es más o menos sobre esto. Ramón abre su propia empresa y descubre algo siniestro: tiene que pagar muchos impuestos. Después descubre el secreto de un empleado: le gusta faltar ¡Jajaja! No hay continuación. Gracias. Saludos!!

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  5. Buenísimo cuento. Jaja me sentí identificado con tu adelanto de la ''continuación'' eso también es de terror 😆

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  6. ¡Jaja! Podría crear un nuevo género, terror empresarial. Gracias Raúl. Te anoto para la continuación ¡Jeje! Saludos!!

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  7. JAJAJAAJ, yo creyendo que tenía, y dije siii. ..😅...

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