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domingo, 13 de noviembre de 2016

La Avanzada Del Terror

Cuando la policía toca a tu puerta generalmente no es para nada bueno, y Adrián recibió la peor noticia, una que causaba terror.
Hacía unos años que había vuelto al hogar materno. Él divorciado y su padre viudo, pusieron casi todas sus energías en la huerta de su propiedad. Cuando se sentían con nostalgias y los quería dominar una apatía, tomaban alguna herramienta y después la huerta se extendía otro poco o quedaba más prolija. Esa terapia milenaria produjo un exceso de todo tipo de verduras y hortalizas y tuvieron que empezar a vender. Al poco tiempo vivían solo de eso. Adrián ya pensaba en sentar cabeza de nuevo pero esta vez sin abandonar el viejo hogar. Desgraciadamente para él el mundo estaba por sufrir un gran cambio y el terror iba avanzando por los campos. La propiedad se encontraba a varios kilómetros de la ciudad más cercana. Un mañana, cuando él y su padre estaban agachados arrancando a mano los brotes de una maleza que quería extenderse por toda la huerta, de pronto algo chocó contra el tejido de alambre que la separaba del campo. El golpe fue fuerte. Los dos se irguieron y miraron hacia donde creían que fue el ruido. Vieron a una liebre que había metido su cabeza por el tejido. El animal había chocado con mucha fuerza y se estaba muriendo. Adrián saltó sobre un cantero y liberó al animal de su sufrimiento con un golpe certero del mango de la azada. Padre e hijo recorrieron el campo con la vista. Por el susto que debía llevar la liebre calcularon que iban a ver a algunos galgos pero no vieron a ninguno.

—¿De qué será que se asustó tanto esta liebre? —le preguntó Adrián a su padre.
—Puede ser algún águila que no vimos. ¡Allá viene otra! —le hizo notar su padre.

Esta otra no le dio al tejido, lo rodeó. Seguidamente divisaron a dos más, y cuando miraban hacia los campos del fondo, dos venados pasaron al trote. Los hombres se miraron extrañados. A la vez pensaron en un incendio que se aproximaba y buscaron alguna señal en el horizonte. Ni rastros de humo. Y después vieron algo que los sorprendió más. Escucharon el ruido de un motor que no reconocieron y por el frente de la propiedad apareció un vehículo militar blindado. Algunos militares iban arriba del vehículo mientras un grupo trotaba al lado. Ahora intercambiaron una mirada de desconcierto. En ese momento escucharon que golpeaban las manos en el frente de la casa. Fueron juntos a ver de qué se trataba todo aquello. Eran unos policías. Varias camionetas de la policía y unos camiones del ejército se detuvieron en el camino y de ellos salían militares y policías fuertemente armados. El veterano pensó en un incendio; Adrián pensó que no se combate un incendio a balazos. Les habló una mujer policía que parecía muy nerviosa y que hacía grandes esfuerzos por disimularlo:

—Disculpen que entremos así a su terreno, pero es una emergencia nacional. ¿No escucharon la radio o miraron la tele?
—Hoy no, y ayer... tampoco. ¿Y vos papá, tampoco? —le contestó Adrián, y le preguntó—. ¿Qué pasa, qué emergencia hay?
—Se desató rápidamente un tipo de epidemia que... enferma a la gente y después hace que actúen violentamente y... además están cambiados porque...
—Es una epidemia zombie —la interrumpió uno de los policías que estaba junto a ella.

La mujer lo miró, después se volvió hacia el padre y el hijo y asintió con la cabeza. Adrián casi preguntó si aquello era una broma de mal gusto, pero al observar las miradas de los que estaban en el patio supo que era algo real. ¿¡Zombies!? Una voz autoritaria que salió de una camioneta los hizo estremecer a todos porque estaban pensando en lo aterradora de la realidad. La mujer policía continuó:

—Por informes que tenemos, los grupos de... ¡Que diablos! Los grupos de zombies se sienten atraídos hacia las viviendas, y esta es la única que hay por esta zona. Este es uno de los puntos de la primer línea de defensa. El objetivo es que no lleguen a la ciudad. Como es un caso excepcional y muy grave, los civiles que quieran unirse a la defensa serán aceptados; sino pueden irse hacia la ciudad. Ustedes deciden pero tiene que ser rápido.
—Nos quedamos —dijeron los dos a la vez. 
—Bien. ¿Saben usar armas de fuego?  Excelente. Apronten algunos bolsos con cosas básicas: ropas, alimentos, agua, medicinas si tienen, baterías, linternas. Puede que dentro de poco esas cosas escaseen. 
—Oficial —le dijo el padre de Adrián—. Si la cosa está tan fea llévense todo lo que puedan aprovechar de mi huerta.
—Muy generoso de su parte. Voy a avisarle a mi superior —la policía regresó enseguida—. Acompañen al señor y cosechen todo lo aprovechable.
—Yo voy juntando las cosas —dijo Adrián.

Mientras metía cosas en un bolso pensó en lo irreal y aterradora que era aquella situación. Esperar cualquier invasión debe ser aterrador, pero una con zombies... Alguien pidió permiso y la policía apareció en el el cuarto.

—Nos informan que algunos ya están cerca —le dijo con la voz bastante agitada—. Hay que dejar todo en una camioneta. Lo ayudo.

Cuando salieron al patio algunos policías cruzaron por ellos abrazando un montón de verduras. Otros se unieron a la cosecha y cargaron todo en varios vehículos. Después todos tomaron un puesto. La expectativa y el miedo se sentían en el aire. Todos miraban a la distancia, algunos con largavistas. Adrián y el veterano revisaron sus fusiles de cazar jabalíes. ¡Que espera tan horrenda! Tenían que aguardar a un ejército de zombies que espantaban a todo ser vivo. Todos los que se encontraban allí habían tenido alguna pesadilla donde huían despavoridos ante alguna horda de muertos vivientes; ahora esperaban a una real. De repente una voz gritó: ¡Contacto! Y seguidamente una metralleta que estaba sobre un vehículo lanzó una ráfaga corta. Allá adelante quedó tirado un bulto que parecía ser una persona. Después se produjo un momentáneo silencio y este fue interrumpido con varias voces que gritaron que recordaran tirarles a la cabeza. ¡Contacto! Gritó otro, y hubo varias ráfagas. Aparecía uno, dos, algunos grupos más grandes, y pronto quedaban tendidos sobre el pasto, aunque algunos se seguían retorciendo. El olor a pólvora aliviaba un poco el olor nauseabundo que empezó a apestar la zona. Cuando la tarde estaba bien avanzada los que portaban armas de menor alcance empezaban a creer que no iban a gastar una bala en un zombie. Pero cuando las metralletas empezaron a lanzar ráfagas continuas aparecieron grandes grupos de zombies y todos empezaron a disparar. 

En aquel caos los policías no lo notaban, pero cada disparo de los dueños del lugar equivalía a un zombie menos. Solían hacer competencias de puntería entre ellos desde que Adrián era un niño. Muchos muertos andantes caían pero atrás había otros. Era una horda de pesadilla, todos ensangrentados, exhibiendo las vísceras algunos, y todos gimiendo por llegar hasta aquellos humanos. Por momentos parecía que los iban a contener pero detrás aparecían más y más. Desde otras partes del perímetro de defensa llegaban los ruidos de la batalla. El ruido de todos los muertos vivientes gimiendo y gruñendo era el sonido del terror mismo y sobrepasaba el de las detonaciones. Ya no podían detenerlos, tenían que replegarse a un perímetro defensivo más pequeño. Una voz amplificada en un megáfono dio la orden de retirada. Si esperar a aquella horda había sido aterrador , y verla lo fue más, mucho peor resultó la retirada. Todos corrieron a los vehículos. La horda parecía acelerar a cada metro como un maremoto. Los motores rigieron por la prisa de los conductores y el camino se llenó de polvo. Adrián echó un último vistazo al lugar que tanto quería. Una mano se posó en su hombro para consolarlo. Después se llenó de valor al pensar que iba a tener su parte en la que probablemente sería la última batalla de la humanidad.    

9 comentarios:

  1. Hola Sr. Jorge. Es mi pesadilla más recurrente y leerla de una forma tan real es sobrecogedor.Ahora tendré k dormir con un bat a mi lado. Jajajaja. Gracias por su gran historia. Excelente como siempre.

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  2. Hola. Casi todos tienen pesadillas con zombies. Lo curioso de este cuento es que al nudo, a la parte principal, la soñe. Digo curioso porque a pesar del mito "Casi todos mis obras salen de sueños", en realidad es raro soñar con algo que valga la pena escribir. De todos los cuentos del blog puedo contar con los dedos de las manos los que saqué directamente de un sueño. Bueno, te cuento cómo surgió. esa vez la mente estaba pesada con el tema zombies. El sueño era de cualquier otra cosa y de pronto aparecían hordas de esos por el campo o por el lado de la vía del tren y tenía que salir disparado hacia mi casa ¡Jaja! Y me desperté varias veces y cuando me volvía a dormir, otra vez. Pero como ya no le daba mucha importancia porque mi consciencia estaba bastante despierta, la parte de mi mente encargada de los sueños pensó en algo mejor ¡Jaja! Ya había amanecido cuando volví a dormirme. Empezó con un auto policial estacionando en mi terreno. Lo primero que pensé fue que mis viejos se habían accidentado. fui al frente y había otros autos (todo con lujo de detalles para que mi consciencia no sospechara). Entonces un policía va y me dice que se acercaban un montón de zombies y que los iban a combatir allí. Eso me alarmó, claro, y pensé en pedirles un arma; pero en ese momento me pareció que aquello era muy raro y me di cuenta que era otro sueño. Ni apareció la horda, solo cambió y después me desperté. Fue un buen intento de la mente pero no pudo engañarme ¡Jaja! Y le agradezco el esfuerzo por intentar asustarme ¡Jeje! Yo creo que las causas de las pesadillas son casi siempre físicas (esa noche por ejemplo cené muy pesado y tarde), pero una vez que empiezan creo que son una forma de "entrenamiento virtual" para que huyas o pelees en determinadas situaciones. Por mirar películas o leer cuentos de zombies (y escribir sobre eso en mi caso ¡Jaja!) alguna parte primitiva de la mente lo debe tomar como algo real y por eso nos pone en esa situación para prepararnos. Es una teoría que se me ocurrió pero estoy seguro de que es así. Por eso no hay que darle importancia. Sabes, me dio ganas de escribir sobre las pesadillas, una especie de ensayo, de pura atrevido nomás ¡Jaja! Hoy o mañana lo subo. Dulces sueños, Brayan.

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  3. Sospecho que la causa de los zombies son los vegetales de Adrián y su padre, por lo tanto están todos los de los vehículos en peligro ya que ellos los van a consumir...
    Excelente relato como tenes acostumrado!!

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  4. No sigue, en ningún momento pensé en continuarlo. Gracias por comentar. Salu2s!!

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  5. Saludos tocayo..pense que la poli mujer se quedaria enamorada de Adrian pero habia algo mas importante que era pelear.Me gustan siempre los de zombis..saludos..W

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  6. No andabas mal rumbeado. Cuando lo escribí iba hacia eso pero después lo corté un poco y quedó esto. Gracias Willy. saludos!!

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  7. muy buena me gustan mucho los zombies jaja

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  8. Sí, es un género que nunca muere ¡Jeje! Saludos!!

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