¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

martes, 8 de noviembre de 2016

La Broma Del Payaso

El lado malvado de Fabián se divertía de solo pensarlo. Había visto unos vídeos donde unos tipos disfrazados de payasos aterradores asustaban a la gente. Era una broma pesada pero que hacía reír a los que la veían. Él compartió esos vídeos con sus contactos de redes sociales y habló sobre ellos con todos sus conocidos. Incluso cuando pasaron varios días, en algún momento de la jornada se acordaba de esas bromas y sonreía. Fabián no quería reconocerlo pero lo habían impactado tanto porque le tenía miedo a los payasos.
Un día se le ocurrió hacer él su propia broma. En parte quería hacer eso porque sin razonarlo deseaba enfrentar ese miedo que para él (siempre pensando en otras personas) era irracional y por lo tanto absurdo. Le comentó su idea a varios conocidos y por más que se echó a reír proponiendo lo divertido que sería hacerlo, ninguno aceptó filmar la broma porque pensaban que podía meterlos en problemas. “Ellos se lo pierden, lo hago solo y ya”, pensó.

Lo primero era conseguir un disfraz de payaso aterrador. En la tienda de disfraces no dejó de sonreír casi estúpidamente porque lo impresionaron algunas máscaras e intentó disimularlo. Le preocupó el precio del disfraz pero se convenció de que era una plata bien gastada porque también podría usarlo en halloween. Cuando el vendedor puso la caja sobre el mostrador y él le pagó ambos sonrieron. Era un disfraz completo, ropa y máscara. Ahora tenía que pensar en el lugar y ya tenía uno en mente. Observando la zona se restregó las manos como un científico loco. Había un callejón que iba a ser perfecto. No era una zona muy transitada de noche y en la esquina había un comercio que tenía cámaras afuera. Después de todo su broma iba a ser filmada y había grandes posibilidades de que subieran el vídeo a internet y que este se volviera viral. Eligió para su broma una noche de viernes. En su casa, después de vestirse con las ropas del disfraz se probó la máscara frente al espejo y solo pudo mirarla un instante. “¿Qué me pasa?, es solo una estúpida máscara de goma”, pensó. Al sentirle bien la textura ya no creyó que fuera de goma, le pareció que era de algún tipo de cuero u otro material. Salió en su auto con el traje puesto pero con la máscara en el asiento del acompañante.

Estacionó a dos cuadras, esperó a que no pasara nadie y se colocó aquello en la cabeza. Caminó rumbo al callejón sintiéndose muy emocionado y con el corazón algo agitado. Al meterse en el callejón pegó la espalda a la pared y trató de controlar su respiración. Se asomó en la esquina. No había nadie caminando por la vereda. Se escondió  a esperar y estando así inspeccionó el callejón con la mirada. Había tres contenedores de basura entre las sombras, unos tachos, y en en fondo, contra un muro muy alto resaltaba un rectángulo luminoso que había en el suelo que era la luz que escapaba desde una ventana alta. Volvió a espiar hacia la calle. No podía esperar algo mejor. Tres mujeres se acercaban caminando por esa vereda. Apareció frente a ellas con un salto y les gritó. Las tres gritaron en coro y salieron corriendo despavoridas. Él largó una carcajada y les gritó que solo era una broma pero eso no hizo que corrieran menos. Quedó sumamente emocionado con su éxito. Más que miedo les había causado terror. Volvió a esperar. Se acercaba ahora un grupo de cinco muchachos. Dudó. Si no les gustaba después podrían golpearlo. Cuando vio sus sombras acercándose se decidió y les apareció de un salto y con un grito. Para su satisfacción el susto pareció ser mayor y los cincos salieron desbandados.

Fabián se retorcía de risa en el callejón. Respiró profundo aprontándose para darle el susto de sus vidas a otros. Nadie por la calle. Al volver al escondite quedó paralizado al ver algo. En el fondo del callejón, bajo el rectángulo de luz, había una versión de payaso aterrador igual a la de él. Lo estaba mirando de frente. Su terror fue más grande que el de los otros porque la posibilidad de que el otro payaso también fuera una persona disfrazada era remota. Y ese estado le arrancó un grito cuando el payaso salió volando hacia él. Huyó a toda carrera hacia la calle y vio al payaso saliendo tras él. Su doble payaso se había elevado como un metro del suelo y volaba inclinado hacia adelante lanzando manotazos al aire, también movía la boca y la cara se le arrugaba con distintas expresiones de maldad y furia. Después le pareció escuchar un bocinazo y cuando volteó hacia una luz escuchó un golpe y se vio dando vueltas en el aire. Al caer tenía un montón de huesos rotos y heridas internas. Murió lleno de terror porque el payaso lo estaba mirando desde la vereda. 

Cuando el tipo de la tienda vio la noticia pensó que su broma le salió demasiado pesada y deseó no haberle vendido aquel disfraz embrujado. 

5 comentarios:

  1. Pensaba que al final el que le habia gastado una broma seria el vendedor y que el seria el otro payaso disfrazado.

    ResponderEliminar
  2. Ups! Ni hablar, el asustado fue el, yo lo veo y me desmayo sin duda jajaja excelente cuento y de payasos 😊 gracias ojala escribas mas de ellos. Saludos

    ResponderEliminar
  3. Hola Xiu. Gracias a ti por comentar. Hay otros, en el blog no faltan payasos; yo soy el principal ¡Jaja! Saludos!!

    ResponderEliminar
  4. Gracias por comentar, Ryan. No estuviste muy lejos, sí fue el vendedor aunque no haciéndole la broma personalmente; pero era lógico pensar que era él, hasta que voló ¡Jaja! Saludos!!

    ResponderEliminar
  5. Que malo ese vendedor xd 😠 . Y al otro por chistoso le fue peor. Un cuento genial 😎 saludos desde argentina

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?