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sábado, 5 de noviembre de 2016

Problemas De Espacio

Benito intentaba calmar a Clara, su esposa:

—Los muchachos seguramente están bien, no viven en una casa de cartón.
—Sí, pero quiero estar segura. Esta tormenta horrible me da una cosa... —le explicó ella estremeciéndose.
—Con esta tormenta eléctrica te puede dar algo peor si usas el teléfono, no ves que hay muchas descargas. Hay que desenchufar todo. Y los muchachos no escucharían que suena con todo este ruido de rayos y truenos. ¡Dije que no te escucharían! ¡Voy a desenchufar todo!

Clara quedó con las manos en su pecho y se agachaba un poco con cada retumbar. Benito, de carácter tranquilo, después de desconectar los aparatos electrónicos se sentó en un sofá y cerró los ojos. Todavía era muy temprano en la noche como para acostarse y recién habían cenado. Clara se paseó por la sala un rato y después se sentó para seguir estremeciéndose con cada trueno.
Los estallidos de la tormenta eran constantes y toda la ciudad temblaba bajo aquellas luces blancas. También llovía mucho pero eso era lo de menos, lo peor era la tormenta eléctrica. Benito estaba tranquilo pero deseó estar con sus hijos y sus nietos. En toda su vida jamás había presenciado tal cantidad de rayos y relámpagos. Él trabajaba de encargado de obra en una empresa de construcción y además de albañilería sabía mucho de electricidad porque le gustaba aprender de todo. Mientras seguía con los ojos cerrados y sentado cómodamente en su sofá, pensó en la descomunal cantidad de energía que había sobre la ciudad. Además de lo conocido por la ciencia, ¿qué otros efectos podría traer aquel gigantesco exceso de energía? 

Ese espectáculo ensordecedor de luces duró toda la noche y parte de la mañana. Como la ciudad se encontraba en alerta meteorológico no hubo trabajo en la construcción que él supervisaba. Por la tarde mejoró y recibió una llamada del arquitecto de la empresa. El arquitecto llevaba poco tiempo en la empresa y era un tipo joven. Reconociendo su falta de experiencia, aunque su puesto era superior al de Benito el arquitecto apreciaba mucho su opinión y escuchaba sus consejos. Ahora le habían pedido a la empresa un presupuesto para reparar unos daños que la tormenta había hecho. Fueron en el mismo auto. Después de enterarse de algunos detalles, por el camino Benito le comentó al joven, que era el que conducía:

—¿Sabes qué había antes, hace como cuarenta años, en el terreno donde levantaron este edificio de departamentos?
—No, ¿campo? Si ahora se encuentra en lo que es el cinturón de la ciudad me imagino que antes por ahí era solo campo.
—Casi aciertas. Sí era un campo, pero un camposanto, era un cementerio.
—¡Vaya, no sabía! Y supongo que la gente que compró ahí tampoco —dijo sorprendido el arquitecto descuidando el camino que tenía por delante al voltear hacia Benito.
—Probablemente no. Era un cementerio pequeño y más bien estaría en la parte donde hicieron un estacionamiento a cielo abierto, pero es pegado al edificio.
—Y bueno. La necesidad de espacio de los vivos superó a la de los muertos ¡Jaja! Y deben haber retirado todos los restos, ¿no?
—Lo dudo mucho. Cuando yo era niño ese cementerio ya era antiguo y no se lo usaba más, ya existía este otro que hay ahora. En la mayoría de las tumbas, sino en todas, hasta los ataúdes debían estar integrados a la tierra. Recuerdo que estaba muy descuidado y además de malezas hasta árboles habían crecido por todos lados, y la zona había quedado un poco baja y cuando llovía mucho medio se inundaba. Cuando mucho encontraron las lápidas.
—Tiene razón. Usted es como una enciclopedia andante, don Benito.
—No, solo soy viejo. Ahí está el edificio, y apostaría que aquel tipo que está en la vereda y parece nervioso es el dueño. Vamos a ver de qué se trata.

Después de saludarse el tipo les dijo que el daño era solo en el estacionamiento pero que era muy grave. Benito y el arquitecto se miraron entre sí y el joven agrandó sus ojos como diciendo ¡Vaya! Pasaron a ver los daños. Habían retirado todos los vehículos para que lo vieran mejor. Aquellos dos volvieron a mirarse. Lo primero que cualquiera pensaría al mirar aquello era que unas cosas habían salido de abajo de la tierra y así habían roto el concreto. El concreto estaba roto en pedazos y levantado en zonas bien puntuales. Mientras el arquitecto hablaba con el dueño del lugar el veterano hizo un pequeño recorrido por el estacionamiento. Al notar algo Benito se volvió hacia los dos y al ver que el potencial cliente había mirado hacia el edificio al decir algo, le hizo unas señas a su compañero que decían que las roturas estaban alineadas. Alineadas como las tumbas de un cementerio. Finalmente el otro se fue y los dos pudieron hablar:

—¿Usted había visto algo así? —le preguntó el joven. 
—Lo más parecido que he visto son los estragos hechos por una correntada en una ruta o una calle, pero con esos muros lo más que podía pasar aquí es que se inundara como una piscina, cosa que no creo que haya pasado porque el lugar tiene un buen desagüe y por lo que vi no parece tapado.
—Y es extraño que sigan una línea, ¿no?
—Más que extraño, muy raro. Y creo que los dos nos imaginamos lo mismo.
—¿Que unos zombies salieron de ahí?
—No, yo me imagino que unos fantasmas salieron de ahí. Como te dije en el auto, no creo que en este suelo quedaran restos; pero espíritus, eso es otra cosa.
—Le doy la razón. La rotura es grande pero no hay huecos como para que pase un cuerpo. De todas formas hay que calcular cómo arreglar esto y cuánto saldría. Vamos a observar mejor y a hacer algunas cuentas.

Cuando le dieron el presupuesto el tipo dueño del lugar estuvo de acuerdo. Como la empresa era grande hicieron el trabajo en pocos días. Pero los problemas para aquel edificio recién comenzaban. En el edificio se empezaron a esparcir rumores sobre fantasmas y la gente fue abandonando los departamentos como si hubiera una plaga. En pocas semanas quedó vacío. Como la ciudad era chica y las historias se esparcen rápido ya nadie quiso vivir allí. 

Un tiempo después Benito pasó frente al edificio manejando lento. Era de noche y las ventanas sin persianas eran unos bloques de oscuridad que daban a unas habitaciones donde las voces de los vivos eran solo un recuerdo. De repente una silueta completamente blanca se deslizó frente a la ventana, pasó rápidamente pero mirando hacia la calle; y desde otra abertura unos rostros blancos que lo miraban levitaban cambiando de lugar, arriba, abajo, a los costados, con movimientos lentos y fantasmales. Benito aceleró. Después, recordando las palabras de su compañero, pensó: “La necesidad de espacio de los vivos superó a la de los muertos”, pero le agregó “Y ahora los muertos se pasean por donde habitaban los vivos”.  

2 comentarios:

  1. Al menos no hay zombies! !.jajaja me esperaba muertos vivientes caminando

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  2. Eso creyeron vos y el arquitecto ¡Jaja! Eran unos fantasmas nomás. Gracias Sharoll. Saludos!!

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