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martes, 22 de noviembre de 2016

Un Domingo En Familia

Parecía que iba a ser otro domingo apacible con la familia. Nos encontrábamos en la propiedad de mis abuelos. Toda la parentela reunida en una gran mesa que armamos con tablas bajo el parral. Carne asándose sobre la parrilla, los niños correteando por el lugar seguidos por los perros, y el aroma del campo viniendo por momentos con la brisa, no hay cosa más linda. El viejo hogar, la huerta prolija, más en el fondo los naranjos, y sobre estos, allá lejos, el verde oscuro de unos cerros que jamás me voy a cansar de contemplar. Nada podía salir mal un día así.

Después de almorzar escuchamos entre risas los cuentos que el humorista de la familia, un tío, nos contaba aprovechando que los niños andaban cazando mariposas en la huerta. Las madres cada tanto les gritaban que tuvieran cuidado con los canteros y mi abuela les decía que no importaba, que los dejaran divertirse. Cuando algunos de los parientes, los de más edad fueron a tomar una pequeña siesta, me senté sobre un viejo tronco que había en el patio y como cuando niño, contemplé largamente y entre suspiros a los cerros de cimas redondeadas que formaban el horizonte. De pronto escuché un relincho y un retumbar de cascos en el suelo. Venían de un campo vecino. Un tío que era el que iba más seguido a la propiedad, comentó al notar que los relinchos llamaron mi atención:

— Es un caballo loco. El vecino lo trajo porque quiere darle unos potrillos a sus hijos pero resultó toda una fiera. No pueden ni mostrarle una montura, solo vaga por el campo, y es mejor que no se te acerque porque es mordedor y muy de tirar las patas (patear). Una fiera.
— Lindos potrillos van a salir entonces, para regalarle a los enemigos — bromeé— . ¿Y no es de escaparse?
— El vecino tuvo que poner un hilo más en el alambre, con eso te digo todo. Una vez, estando yo aquí —continuó mi tío señalando la huerta con un palillo de dientes— . Ese apareció en la huerta y se estaba dando una fiesta con las lechugas y las acelgas. Agarré un palo de ahí, de la leña, solo para amenazarlo y que se fuera por el portón del fondo, que no sabemos cómo abrió. Cuando me acerqué gritando y agitando el palo no dio ni un paso y siguió haciendo que una lechuga desapareciera en su boca. Al acercarme más giró lentamente dejando la cabeza hacia allá. Entonces pensé: “Este me quiere largar las patas”. Al verlo ladear un poco la cabeza, como espiándome, le adiviné más la intención. Y él a su vez pareció entender que yo no iba a caer. Se volvió hacia mí y empezó a golpear el suelo con una pata. Aunque el tramo hasta la casa es corto igual no me iba a dar para correr si él quería atropellarme. Yo trataba de ahuyentarlo a los gritos y él subía y bajaba la cabeza mientras golpeaba el suelo con una pata. Era un duelo disparejo. Por suerte apareció papá con la caza patos y al disparar hacia arriba lo espantó, salió rumbo ahí, saltó el alambrado de la avena y se fue relinchando. Cuando fuimos a avisarle al vecino el hombre quedó muy apenado, pero papá le dijo que no pasaba nada, cosas de animales nomás.
— Caballo bravo — comenté después de silbar.

Casi había pasado una tragedia allí, en un lugar que consideraba un paraíso. Ese pensamiento y los relinchos que llegaban desde el campo me pusieron alerta, por eso me paré súbitamente cuando escuché aquel grito: ¡La picó una víbora! Los niños habían cruzado para la parte donde había avena y de allí venían corriendo y gritando. Aparentemente una víbora había mordido a Sandra, una sobrina. Tenía dos gotitas de sangre en la parte de atrás de la pantorrilla izquierda. Los que estaban en el fondo se alarmaron. Mi cuñado levantó a Sandra en sus brazos y corrió hacia el frente, donde estaban los vehículos. La niña solo repetía que algo la había picado cuando mi hermana le preguntó varias veces. Enseguida partieron por el camino rumbo al hospital. Los niños estaban todos asustados y con los ojos muy grandes. Viendo la nube de polvo que se alejaba por el camino recordé que lo mejor era identificar qué tipo de víbora era para así aplicarle el suero correspondiente. Ninguno de los niños la había visto pero señalaban hacia el mismo lugar. Había que ir por ella. Tomé una azada que estaba recostada en el tronco de la parra. Me imaginé que la iba a hallar todavía enroscada donde afirmaban que ocurrió la mordida. Después de atar a los perros los hombres allí presentes incluyendo a mi abuelo (a pesar de que no queríamos que se arriesgara), cada uno con un palo o una herramienta fuimos trillando el lugar.

Las mujeres nos observaban horrorizadas. Lo único que hallé en el punto que los niños señalaban fue una rama seca de árbol que tenía varios gajos, y uno de sus extremos terminaba en una horqueta muy delgada. Había visto dos pequeñas gotas en la pierna de mi sobrina. Enseguida me di cuenta que allí estaba el culpable. Hice que los otros observaran eso y a todos les pareció que se trataba de un pinchazo con la rama. Las madres insistían tanto con que tuvieran cuidado con esto y aquello, especialmente con las víboras, que cuando Sandra sintió aquel pinchazo, en una víbora  fue en lo primero que pensó; después los otros solo repitieron lo que ella dijo. Por las dudas igual seguimos revisando el lugar. Mientras inspeccionamos la avena las mujeres y sus hijos miraron todo el tiempo hacia nosotros, expectantes. Cuando salíamos aliviados de la avena vi una cosa negra que estaba en el fondo del terreno, lo vi detrás de las mujeres. Era el caballo y se atragantaba con las verduras desde hacía rato. Como eramos varios se fue sin dar pelea pero sin prisa, y no sin antes arrancar una enorme lechuga mientras nos miraba triunfante. Al rato mi hermana llamó desde el hospital para avisar que no era una mordida de víbora.    

2 comentarios:

  1. Que relato tan bueno de una situación casual surgieron muchas aventuras en esa reunión familiar. Una narración entretenida y ya me imaginaba algo terrorífico con relación al caballo pero no fue así, sin embargo me pareció una excelente historia

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  2. Muchas gracias. Sí, no era de terror. El blog ya no es solo de cuentos de terror. Saludos!!

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