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jueves, 1 de diciembre de 2016

¡Al Fuego!

Tom se arrimó al gentío creyendo que se trataba de algún tipo de espectáculo, nunca imaginó lo que realmente era. Aparentemente todos los moradores de aquel pequeño pueblo o villa apartada se había congregado en la única plaza del lugar. Mirando mejor advirtió que faltaban los niños más pequeños. ¿Qué hacían allí? Era de tarde y el sol brillaba como en cualquier día, pero lo que pretendían hacer en aquella plaza no era nada común. Abriéndose paso entre un público que le echaba miradas de desconfianza y desaprobación al notarlo, pudo ver que en el centro había una especie de tarima, sobre ella había varias personas, ¡y una mujer estaba fuertemente atada a una silla! ¿Qué le pasaba a aquellos pobladores, estaban todos locos?

Él casi siempre andaba viajando, trabajaba un tiempo en un lado, luego partía a otro, una vida simple y nómada. Así había llegado al lugar aquel. Un extraño siempre llama la atención en un lugar chico donde todos se conocen; pero incluso con todos sus años en los caminos nunca se había cruzado con gente tan desconfiada y poco amigable. Por la actitud de los lugareños no tuvo muchas esperanzas de conseguir trabajo, pero resultó que en una cosecha de naranjas realmente estaban necesitando gente y lo tomaron. Por conversaciones que escuchó gracias a su buen oído supo que allí todos eran muy supersticiosos, pero solo eso no justificaba lo que veía ahora. Era un juicio público, ¡por brujería! Tom no lo podía creer. Se entendería algo así cien o doscientos años atrás, pero en una época moderna era inconcebible.

Pasando la mirada por rostros severos que giraban hacia él divisó, en un costado de la plaza, lo que sin lugar a dudas era una poste para hacer una hoguera. ¿¡Una hoguera!? Hasta había montones de ramas finas en un costado. Eso ya era demasiado. Pensó en la policía. Incrédulo aún aunque lo estaba viendo, descubrió que los policías eran parte de la multitud y que movían la cabeza apoyando los disparates y sinrazones que soltaban las enojadas personas sobre la acusada. Las pruebas de que era bruja eran conjeturas absurdas que carecían de toda lógica, sin embargo a continuación se escuchaban gritos que las apoyaban. Aquella chusma iracunda estaba decidida. Tom pensó en cuánta hipocresía e ignorancia había allí. La mujer tenía los ojos vendados y la boca amordazada pero por sus mejillas mojadas se notaba que lloraba mucho. Tom sintió que todo se sacudía en su interior. Se le ocurrió ayudarla pero a qué precio sería. Décadas de vivir en paz, de no meterse con nadie, de disfrutar de la paz de los ignorados, quién sabe cuántas horas de caminata y contemplación, incontables noche meditando bajo las estrellas, la paz de una conciencia expandida; y sobre todo la esperanza de seguir viviendo así, todo se podía terminar allí.

Mientras se debatía internamente los que lo vieron le fueron susurrando sobre su presencia a los que tenían al lado. Cada vez más cabezas giraban buscándolo y aumentaban las miradas que lo delataban disimuladamente. Al notar eso decidió escapar. Empezó a retirarse lentamente, primero dando unos pasos pequeños hacia atrás; pero enseguida notaron su intención y le empezaron a cerrar el paso. El público empezó a moverse y a hacerse más numeroso detrás de él. Después fueron rodeándolo. De pronto uno de los que se encontraban sobre la tarima ordenó que atraparan al forastero. Muchos brazos se estiraron hacia él y Tom se desesperó, empezó a largar golpes y a girar para liberarse. Varios de los que estaban a su lado cayeron inconscientes y otros retiraban sus manos de la captura  con uno o varios dedos rotos. Pero eran demasiados. Lo derribaron y cayó sobre él una lluvia de patadas. Terminó atado en una silla al lado de la mujer, que a esa altura solo sollozaba como resignada. Empezaron a enjuiciarlo. En esa etapa él podía hablar, aunque tenía la boca tan hinchada por los golpes que apenas podía hacerse entender. 

Lo acusaban de ser un brujo y haber ido hasta allí para salvar a su colega. Empezaron a dar “pruebas” contando cosas que habían pasado hacía semanas, y de nada servía decirles que hacía pocos días que estaba allí. Para ellos era una prueba la resistencia que tenía en el trabajo y la misma energía que había puesto al intentar escapar. Empezaron a desfilar los golpeados por él y cada uno decía haber sido víctima de una fuerza sobrehumana, y unos dijeron que los lastimó aunque sin tocarlos, y pronto todos empezaron a repetir algo así. Él les gritó que era fuerte porque siempre estaba sobreviviendo o trabajando, y que en aquel momento lo había dominado el instinto de supervivencia. Los lugareños lo abucheaban y negaban con la cabeza. Cada tanto los acusadores que estaban allí arriba imponían algo de orden pero era solo para dejar que alguien dijera sus incoherencias, hechos y especulaciones que habían conectado a la fuerza en el momento. Quedó decidido, era un brujo. Tom empezó a reírse y llorar al mismo tiempo. La vida que conocía y amaba se estaba por terminar. Cuando lo desataron para llevarlo hasta el poste de la hoguera se resistió de nuevo pero lo terminaron dominando. 

Colectivamente se habían convencido de que la mujer era una bruja, pero como esta se había mostrado indefensa durante el “juicio”, decidieron quemar primero a Tom. Lo ataron al poste y empezaron a acumular leña a sus pues. Él les rogó que no lo hicieran, que razonaran, qué él no les había hecho nada que todo era una locura. Mientras todo eso el sol había descendido mucho y sus últimos rayos brillaron sobre las viviendas para después apagarse en el horizonte. A la mujer acusada de bruja la ubicaron en primera fila para que primero sufriera viendo aquello. Tom, aceptando que aquella vida había terminado, que de todas formas lo iban a quemar, les rogó que la sacaran de allí, que no la dejaran ver ese horror. Solo le respondieron con algunos golpes. Cuando un tipo apareció con un trapo en la mano y lo encendió Tom rogó por última vez y agachó la cabeza. El tipo arrojó el paño entre la leña, a la cual le habían tirado un poco de combustible. Las llamas se elevaron en la leña casi con un estallido. El centro de la hoguera era el poste donde él estaba atado de pie. Enseguida las lenguas del fuego empezaron a trepar por sus piernas. Todos esperaban que gritara, pero el primer grito que lanzó igual los hizo estremecer. La mujer condenada empezó a retorcerse en la silla y a gritar ante el horror que le esperaba. Era una verdadera escena de terror. Algunos esperaban que Tom mostrara su verdadera apariencia; pero las llamas le subían por todo el cuerpo y lo único que él hacía era gritar. 

Los estados de ánimo extremos pueden cambiar rápidamente. Algunos pasaron de mostrar rabia a solo estar serios, y después se les notó algo de desagrado. La empatía comenzó a crecer entre aquellos irracionales como las llamas crecían e iban cubriendo a Tom. ¿Y si aquel era un hombre inocente? Se notó preocupación en muchos rostros pero nadie se animaba a hablar. Cuando el fuego le cubrió la cabeza ya la mayoría creía que habían hecho algo malo, pero se conformaban creyendo que ya no estaba en sus manos, que era demasiado tarde. De repente, aquella sensación más que desagradable que sentían se volvió terror. Tom estaba completamente envuelto en llamas pero les dijo con una voz de trueno que los estremeció más:

—¡Perdieron su última oportunidad! ¡Los maldigo en nombre de todos los demonios que conocí! ¡Solo pretendía vivir tranquilamente como un hombre normal! ¡Acaban de deshacer todo el esfuerzo que hice para no ser malvado! ¡Querían que fuera un brujo, aquí tienen a un brujo!

Se liberó abriendo los brazos y se elevó sobre la hoguera flotando en el aire. Las llamas habían consumido solo sus ropas, el cuerpo estaba intacto y ahora no tenía ni los magullones que le causaron; pero de un momento a otro cambió y apareció delgado y viejo, y en una cara horrorosa le resaltaban unos ojos completamente negros. Se escucharon todo tipo de gritos de terror y los pueblerinos quisieron desbandarse pero no pudieron, los retenía una fuerza invisible.  Seguidamente las llamas de la hoguera empezaron a crecer y crecer avanzando por el suelo hacia la multitud, pero evitaron a la mujer que se encontraba atada en la silla. Tom no perdió en control del todo pero dejó que su lado malvado, aquel lado contenido por décadas, se sirviera de aquella gente con toda su furia. Desde muy lejos todo el pueblo parecía una antorcha. Esa noche llegaron bomberos de lugares lejanos y encontraron una escena de terror que casi los enloqueció. Los cuerpos de toda una multitud se seguían retorciendo y gritando entre las llamas aunque solo eran unos esqueletos renegridos. Y no pudieron apagar el incendio, este cesó solo cuando todos se volvieron cenizas. 

2 comentarios:

sharoll dijo...

Al inicio pensé que pone Tom, me recordé de las brujas de Salem, a muchas quemaron inocentemente o quizás muy dentro de ellas sin eran brujas ..

Jorge Leal dijo...

Lo dices porque... ¿tú eres bruja? ¡Jaja!
En Salem quemaron a unas pobres viejas para quitarles la tierra.
Brujas que te pueden complicar la vida hay, pero no tienen poderes ¡Jeje! Saludos!!

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