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lunes, 9 de enero de 2017

Otra Búsqueda

Uno buscaba la sangre del otro y el otro lo observaba a este con intención de matarlo. Finalmente el tábano sentó en la rodilla de Gastón y este lo aplastó con la palma. El golpe fue más fuerte de lo que hubiera querido y sonó tanto que varias personas se volvieron hacia él. Gastón solo sonrió y se limpió de la rodilla aquello que hasta hacía un momento fuera un insecto. Todos ignoraban que por esa zona había otro depredador de humanos mucho más peligroso.

Gastón estaba echado hacia atrás en una silla plegable. Frente a él corría bastante oscura el agua de un río, y en esa orilla se había juntado un buen número de veraneantes; en la otra orilla había un monte cerrado y oscuro.  Algunas personas disfrutaban del agua nadando, otros solo caminaban por la orilla, y no eran pocos los que simplemente tomaban sol como lagartos. El olor a río que llegaba hasta donde se encontraba era tan familiar para Gastón como para algunos citadinos sería el esmog; pero normalmente lo sentía cuando andaba pescando en su bote o cuando se movía sigiloso por el monte en alguna cacería. Aquella playa era para él un buen cambio a su rutina: la misma naturaleza que amaba y de la cual dependía pero con algunas vistas diferentes, o sea, con mujeres. Sin moverse de su asiento, bajó un brazo y buscó a tientas la tapa de una conservadora. Bebía un sorbo de refresco cuando escuchó un grito que lo puso en alerta.

Por su experiencia en la naturaleza podía adoptar enseguida esa atención primitiva que todos  tenemos. Comprendió al acto lo que pasaba: una madre buscaba a su hijo, el cual estaba en el agua. La pobre mujer gritaba hacia el caudal oscuro. Cuando algunos se dieron cuenta de lo que pasaba Gastón ya había alcanzado a la madre. La mujer se había metido hasta la cintura y tenía en los ojos la desesperación que siente una madre al presentir una tragedia que involucra a un hijo. 

—Señora, ¿dónde estaba su hijo cuando lo vio por última vez? —le preguntó Gastón.
—¡Estaba ahí, y es bajo! ¡Miré hacia allá un momento, y cuando volví a mirar hacia aquí... !
—Yo lo busco, esté atenta por si se asoma.

Empezó a nadar. Primero revisó el lugar donde la mujer vio a su hijo por última vez. No era muy hondo y no había ninguna corriente por abajo. Entonces nadó corriente abajo pero transversalmente para sentir alguna posible corriente fuerte. Otros también se tiraron al agua pero no sabían hacia dónde buscar. Otras madres instintivamente llamaron a sus hijos aunque los tenían a la vista. Gastón, manteniéndose a flote, giró la cabeza hacia la playa. No podía haber ido tan lejos solo en un momento, no había casi corriente ni profundidad. Pero cerca del punto donde lo vieron desaparecer ya hervía de nadadores, por lo tanto allí no podía estar. Se sumergió y nadó con los ojos abiertos. Cuando salió a tomar aire y a ubicarse, de pronto algo le rozó el cuerpo. Una musculatura acostumbrada al agua puede reaccionar con más rapidez, más si está bajo los efectos de la adrenalina. Pudo sujetar un instante a aquello que pasó a su lado. Ante el primer contacto pensó que era un pez inmenso, pero cuando él soltó a aquella cosa, la cosa lo tomó a él. No lo hubiera sorprendido una mordida, mas fue sujetado por una mano. Entonces pensó en el niño. Al abrir los ojos bajo el agua se llevó un susto tan grande que por poco no exhaló todo el aire que tenía. No era el niño ni un pez, ni un humano, era una sirena horrenda. La cabeza no era humana aunque tenía los rasgos generales. Instintivamente se defendió de aquello, giró hacia atrás y pateó a la sirena con los dos pies, así se liberó y aquel ser supo que no iba a ser una presa fácil. La sirena se alejó rápidamente, la perdió de vista en un instante. Volvió a la playa jadeando. Tuvo que decirle a varias personas que no había visto nada. Para que contar algo que nadie le iba a creer. Él solo había intentado ayudar, por qué volverse el centro de miradas desconfiadas o burlonas. Pero sí podía hacer algo, ya no por ese niño, al cual seguramente nunca encontrarían, sino para evitar futuras víctimas. En ese verano varias personas iban desapareciendo de las aguas. Como los casos sucedieron en zonas distantes nadie asociaba las desgracias, pero él supuso que debía ser obra de la misma criatura porque todos los lugares formaban parte de una gran cuenca.

¿De dónde había salido aquello? En el invierno habían sucedido unas inundaciones sin precedentes en la región, por eso calculó que aquel monstruo pudo llegar desde alguna remota y olvidada laguna negra o un lago. De todas formas no le importaba de dónde había salido aquella criatura, solo importaba que tenía que liquidarla. Fue hasta su casa, aprontó sus cosas y las tiró en la camioneta. Salió rumbo al puerto donde tenía su bote. Mientras empezaba la búsqueda oficial del cuerpo del niño, él empezaba su propia búsqueda.  

7 comentarios:

sharoll dijo...

Tiene su continuidad?

Anónimo dijo...

Me gustan las de terror de sirenas jamas me cayeron bien siempre supuse que eran peligrosas..buen cuento amigo

Jorge Leal dijo...

Gracias. Por aquí no odas las sirenas son peligrosas, pero esta sí lo era. Saludos!!

Jorge Leal dijo...

Sharoll y las continuaciones... ¡Jaja! No, no continúa. Saludos!!

daniel almendra dijo...

Sin duda lo más inesperado fue el principio con la escena del tábano

Frank Tenrou Gonzalez dijo...

Como siempre una historia genial. Siempre es un gusto el toparse con un nuevo cuento tuyo. Saludos.

Jorge Leal dijo...

Te agradezco el comentario, Frank. Saludos!!

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