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jueves, 2 de febrero de 2017

Accidentes

                                      Sin Consecuencias 
Los culpables del accidente fueron la distracción y un cristal demasiado limpio. Mariela chocó de frente contra la puerta de cristal de una tienda. Al no romper el vidrio su frente recibió todo el impacto y casi inmediatamente se le empezó a formar un chichón. Como no cayó los empleados del local que la vieron solo ahogaron una risa y miraron hacia otro lado para disimular. Mariela se puso la mano en la frente y miró hacia todos lados. Se dio cuenta de que la habían visto pero le preocupó más que su torpeza hubiera quedado filmada y que después apareciera en Youtube en esos vídeos de accidentes.
Salió a la calle. Manteniendo su mano izquierda sobre el chichón que iba creciendo buscó algo en la cartera con la derecha. ¿Pero estaba buscando lo qué? Hizo aquello sin pensar. Sacó la mano de la cartera y miró en derredor. Las cosas giraron como si ella estuviera en un carrusel y para no caerse tuvo que recostarse a la pared. Se sacó la mano de la frente porque el contacto le quemaba, así lo sentía.

No necesitaba tocarse el chichón para sentirlo crecer y pulsar. Pensó que aquel pulsar era la circulación de la sangre, después se dio cuenta de que era el ritmo del dolor. Consideró que así no podía manejar, pero... ¿había ido en auto o a pie? Quedó mirando el vacío un momento. Había ido a pie, estaba a pocas cuadras de su casa y por allí era difícil estacionar. Algunas personas que pasaron le miraron el chichón de reojo. Una mujer que venía tomando una gaseosa empinó la lata y se detuvo frente a ella. 

—¿Te caíste? Si te pones esto ahí te puede aliviar, por un rato va a seguir bien fría —le dijo la mujer tendiéndole la latita de gaseosa.
—¿Qué? Ah, sí, para mi frente. Gracias. Me golpee contra una puerta de vidrio —le contestó Mariela algo confundida todavía.
—¿Te llamo a alguien...?
—No, gracias. Muchas gracias.

La mujer siguió por la calle y Mariela se recostó la lata en la frente. Primero sintió que le quemó pero enseguida eso se transformó en un alivio. Dejó de estar mareada y se animó a caminar. Cuando llegó a su casa su esposo se asustó al verla pero ella le dijo que estaba bien. Igual fueron hasta la casa de un médico conocido. El médico le dijo que fue una conmoción bastante fuerte pero que no creía que tuviera consecuencias graves. Se equivocó. Las cámaras la habían filmado y un tiempo después apareció en Youtube y se hizo viral.
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                                           Niebla y Destino
Apenas salió de la ciudad Ernesto se encontró con una desagradable y peligrosa sorpresa. Iba conduciendo su auto y apenas salió a la ruta entró en un espeso banco de niebla, y era de noche. La niebla era tan espesa que él supuso que tenía que ser un fenómeno concentrado en un área pequeña. Atravesarla igual iba a ser difícil. Veía tan poco hacia adelante que si no iba bien lento era casi como ir conduciendo a ciegas. Distinguía bien la línea de la ruta pero si algo se le atravesaba no lo podría ver hasta que ya fuera demasiado tarde. Pero ir lento igual era un peligro por si a algún loco imprudente se le ocurría ir rápido igual, y de esos nunca faltan. Las luces luchaban y perdían contra la niebla a pocos metros del vehículo. Y resultó ser un banco inmenso que se extendía fantasmal por una vasta zona. El peligro lo mantenía con la atención al máximo. Como conocía bien la ruta iba vigilando los mojones que señalaban los kilómetros. No podía seguir así, tenía que parar y esperar a que pasara aquello y conocía un lugar donde estacionar sin riesgo.

Divisó el mojón, disminuyó más la velocidad y dobló. Al desviarse de la línea de la ruta confió en su memoria, la visibilidad era casi nula. Detuvo el auto y después se bajó con una linterna en la mano. Estaba justo donde quería. Había estacionado bastante más allá de la banquina pero por las dudas igual colocó unas luces señalizadoras. Ahora solo tenía que esperar. Sentado en la cabina y casi oculto por aquella nube pensó en Karina, su esposa. Él siempre llegaba a la misma hora, variando tan solo algunos pocos minutos porque su empresa era muy formal con el horario. Si se atrasaba esa noche de niebla seguramente Karina iba a pensar lo peor, porque era de la gente que primero piensa algo malo y después razona. Ernesto la conocía bien. Muchos kilómetros más allá, la vivienda del matrimonio estaba envuelta en la misma niebla fantasmal. Karina salía al patio y miraba hacia todos lados sin ver nada. “Ya tendría que haber llegado, debe haberle pasado algo”, pensaba ella cruzando sus manos delante del pecho. “¿Y si necesita mi ayuda y yo estoy aquí sin hacer nada?”. Y lo imaginaba accidentado en un costado de la ruta, el auto volcado con las ruedas hacia arriba. Después pensó que tenía que esperar que en cualquier momento podía aparecer, pero no aparecía. Cada minuto le parecía larguísimo. “Con todos esos locos que andan manejando en la ruta...”. Finalmente se decidió y salió en su auto.

En la ruta Ernesto pensó: “Aquella es capaz de salir si demoro más y ahí nos estaríamos arriesgando los dos. Si yo me accidento, bueno, mala suerte, pero y si ella se accidenta...”. Decidió salir de nuevo al camino, tenía que llegar a su hogar antes de que a su mujer se le ocurriera alguna tontería. Antes de entrar a la ruta miró hacia los dos lados. No veía prácticamente nada pero supuso que si un vehículo venía muy cerca igual tenía que notarlo. Cuando terminó de enderezarlo lo chocaron de frente. El otro sin dudas se había desviado de carril, pero por suerte iba lento. Igual el golpe fue desagradable y casi lo aturdió. Al mirar al otro auto sufrió una fea impresión: le pareció que era el de su esposa. ¿El destino sería tan miserable como para hacerlos chocar entre ellos? Se bajó sin fijarse en nada que no fuera el parabrisas del otro. El conductor era era un hombre. Ernesto respiró aliviado, pero en ese instante lo encandiló una luz y después se vio volando por el aire. Esa sí era Karina.   

2 comentarios:

daniel almendra dijo...

El destino no, pero el autor es muy maléfico sin duda

Jorge Leal dijo...

No, no. Por algunas de mis historias pueden tener la impresión de que soy maléfico, pero en realidad soy mucho peor ¡Jaja!
Daniel, lee a Jack London, ese sí que era maléfico, en el mejor de los casos ¡Jaja! Gracias por comentar. Saludos!!

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