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sábado, 4 de febrero de 2017

Cuentos De Parecidos Y Aparecidos

                                           El Extraño
Martín estaba sentado en una cafetería cuando notó a el extraño. Estaba a unas mesas de él, era un hombre de edad bastante avanzada, sin llegar a ser un anciano.  Le llamó la atención la apariencia del extraño porque tenía rasgos muy similares a los suyos. Si compartieran la misma mesa fácilmente los tomarían por padre e hijo. Aquel tipo era muy parecido a él. ¿Sería casualidad?...

 Cuando lo observaba el otro lo miró directamente; Martín desvió la mirada al verse descubierto. Nunca había conocido a su padre, ¿sería aquel hombre que estaba frente a él? Pensó que el otro también tenía que darse cuenta del parecido que tenían, pero ahora el extraño bebía su café sin prestarle atención. Una camarera sonriente se acercó a Martín a preguntarle si quería algo más:

-¿Otra taza de café, señor? -Martín no la escuchó porque estaba sumido en sus pensamientos-. ¿Señor? ¿Más café? 
-¿Qué? Eh… sí, gracias. 

La camarera andaba con una cafetera y le sirvió; Martín quedó algo avergonzado por su distracción. Sorbiendo un trago de su nuevo café miró al tipo por encima de la taza. ¿Cómo podía ser que el otro no se diera cuenta de lo mucho que se parecían? Miraba hacia todos lados menos hacia él. Aquello le pareció sospechoso, era como si el otro estuviera disimulando. Un rato después Marín estuvo seguro; aquel tipo fingía no notarlo. ¿Qué hacer entonces?, ¿acercarse al tipo a preguntarle? ¿Preguntarle qué, si era su padre? Era absurdo. 

Si el otro lo evadía con la mirada era porque no quería conocerlo. 
Martín vació la taza de un trago, pagó la cuenta y salió del local sin mirar más al otro. La vereda estaba repleta de transeúntes yendo y viniendo. El tráfico estaba algo aliviado, por lo que los vehículos pasaban rápido.   Martín no podía dejar de pensar. Si se iba en aquel momento probablemente no vería nunca más a quién perfectamente podría ser su padre. 

“¡Al diablo, me voy!”, pensó. Comenzó a cruzar la calle y un instante después se dio cuenta que no había mirado si venía algún vehículo, lo había hecho distraídamente. Escuchó un bocinazo y al voltear un auto ya estaba casi sobre él; pero en ese instante alguien lo jaló con fuerza justo a tiempo. El jalón lo hizo caer. Cuando se incorporó quedó frente al extraño que se le parecía; este lo había salvado. Los dos volvieron a la vereda. Martín dijo entonces: 

-Gracias, me ha salvado la vida. 
-De nada, y no ibas a perder la vida, pero sí te iba a herir gravemente.
-¿Y cómo puede usted saber eso? Y, ¿quién es usted?
-No tiene caso que te lo diga ahora, con los años lo vas a descubrir solo, pero te puedo decir esto: no soy tu padre. Hasta pronto. 

Y dicho eso el extraño se perdió entre la gente dejando desconcertado a Martín. 
Como le dijo el otro, muchos años después Martín descubrió solo quién era el tipo que lo salvara. Lo supo cuando escuchó que habían inventado una máquina del tiempo: aquel tipo era él mismo, esa era la razón del notable parecido. Después se dio cuenta de otra cosa; si no fuera por lo mucho que lo distrajo su yo del futuro no hubiera cruzado distraídamente la calle: se había salvado de algo que provocó el mismo al viajar en el tiempo.  
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                                        El Otro
Aquellos extraños encuentros se fueron sumando con el tiempo. Jacinto no le dio importancia a los primeros; solo eran algunas personas que lo confundían con otro. Pero un día llegó un cobrador a su casa y lo saludó afectuosamente: 

-¡Damián! ¡Tanto tiempo sin verte! Justo cambié con un colega y me tocó esta casa.
-Disculpe, pero me está confundiendo con alguien. Mi nombre es Jacinto. 
-Disculpe usted, entonces. Es la viva imagen de un compañero que tuve en la secundaria. ¿No es hermano de él? Disculpe entonces.
-No hay problema. Tengo una cara muy común -le dijo Jacinto, aunque ni él se creía aquello. 

En otra ocasión se cruzó con una mujer en la calle, y esta al verlo fue a darle un beso. Le habló rápidamente sobre un pariente que tenía enfermo, dijo estar apurada y se despidió con otro beso sin darle tiempo a explicar nada.  Ese encuentro le resultó desconcertante a Jacinto pero a la vez fue bastante agradable, porque la mujer era linda. Mas ahora no podía dejar de pensar en el asunto. 

Había escuchado que todos tenemos un doble idéntico en alguna parte. ¿Viviría en la misma ciudad ese doble? Eso le resultaba muy poco probable. Tenía más lógica que tuviera un mellizo o gemelo sin saberlo. Cuanto más lo pensaba le resultaba menos disparatado aquello. Siempre había sentido que parte de su vida no estaba bien. Tenía ahora una especie de conocimiento vago o recuerdo lejanísimo y difuso de alguien muy unido a él. 

Si tenía un hermano su madre se lo había ocultado, ¿o ella no lo sabría? No sería el primer robo de recién nacidos, había escuchado que es algo más común de lo que se cree. “¿Y si le dijeron a mamá que mi hermano nació muerto?”. ¿Pero por qué ella nunca se lo había contado? Enseguida se le ocurrió que tal vez no quiso causarle un dolor innecesario, un conocimiento que no cambiaría nada, que solo abriría una herida de esas que nunca cicatrizan del todo. Pensando en eso fue a ver a su madre. Apenas se sentaron en la sala de la vieja casa le hizo la pregunta sin ningún rodeo: 

-Mamá, ¿tuve un hermano al nacer que era gemelo o mellizo? Dime la verdad.
-No, naciste solo. ¿A qué viene eso? 
-Bueno, he pensado mucho últimamente. La gente me confunde con alguien, me ha pasado varias veces, muchas más de lo que podría considerarse normal, créeme. 
-Te creo, hijo. Pero no es lo que piensas, es… algo mas… y es muy doloroso para mí decírtelo… pero cuando recaes el doctor dijo que hay que hacerlo. 

En ese punto a la mujer le cayeron unos lagrimones, y la voz se le entrecortaba por la emoción.

-¿Hacer qué? ¿De qué doctor hablas, qué problema tengo? -la interrogó Jacinto.
-Hijo… tú sufres de doble personalidad.
-No, no puede ser… ¿Doble personalidad? Entonces, ¿esa gente que me saluda conoce a mi otra personalidad, conocen a un “personaje” creado por ese problema?  
-No. Lamento mucho decirlo, pero la personalidad que surgió con el problema no es el otro, eres tú. 
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                                       El Doble
Volvía a mi casa como tantas veces, desandando el camino a pie. Aquel camino rural es bastante desolado y como casi siempre lo transito casi a la misma hora suelo cruzarme con la misma gente.
Divisé a un conocido que caminaba en dirección contraria a la mía, en una curva que rodea un bosque. Era un veterano con el cual solía intercambiar algunas palabras, generalmente sobre el clima o alguna cosa trivial. Cuando pareció notarme empezó a andar más despacio sin dejar de verme, y parecía muy asombrado. 

-Buenas tardes -lo saludé.
-¿Cómo es que apareciste aquí, muchacho? Crucé por ti hace varios kilómetros atrás, ibas caminando. En un vehículo no volviste, pues no ha pasado ninguno por mí.
-¿Qué ha cruzado por mí? No, usted se equivoca, o me confundió con alguien más ¡Jeje!

Entonces me miró muy serio, de reojo, y siguió caminando sin decir más. Aquella aparente confusión del tipo despertó mi curiosidad. ¿Cómo pudo confundirme con otra persona en pleno día en un camino tan angosto? ¿Sería una mentira, una broma sin gracia?

Unos días después otro conocido, esta vez alguien del pueblo donde vivo, se asombró mucho al verme frente a mi casa. Me pareció completamente sincero y realmente confundido. Me dijo que acababa de cruzar por mí en el camino, que al verme detuvo su camioneta para que yo subiera pero que me negué con un gesto. Según él desde ese punto no se detuvo más, y nadie lo pasó. Si en la zona hubiera otro camino más o menos paralelo a aquel aquello no le hubiera resultado tan extraño, pero no lo hay.

El asunto pasó a ser desconcertante cuando unos parientes también vieron a mi doble andando en aquel camino. Desde el primer caso han sucedido muchos más, pero en estos otros avistamientos la gente no me ha visto poco después de ver a mi doble en un lugar distante, por lo que no hallan nada raro además de la actitud de doble. Gracias a esos encuentros he podido indagar sutilmente y he llegado a algunas conclusiones.

Por lo que sé, mi doble no es una persona real. Sólo anda en aquel camino. No habla (por eso algunos me han reprochado que solo respondí a sus saludos con un gesto extraño), viste lo mismo que llevo puesto ese día, y aparentemente espanta a los animales. ¿Qué es? No lo sé, pero seguramente no es algo bueno.

Ahora vivo con miedo. Temo encontrarme con él en el camino, y tiemblo al pensar en el instante de supremo terror que viviré cuando esa cosa me mire con mis ojos. 

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