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martes, 28 de febrero de 2017

Despertar

A Hugo le pareció que la noche ya era demasiado larga. Quiso saber la hora pero el reloj digital estaba apagado. Pensó que tal vez había corte de luz desde hacía varias horas. Se levantó y fue hasta el interruptor de luz, nada. Miró hacia la ventana, afuera también estaba oscuro. Dedujo que debía ser un corte general. Se acostó de nuevo. Dio muchas vueltas en la cama, pensó en un montón de cosas, durmió. ¿Realmente había dormido? Sentía algo extraño. Tenía la sensación de haber estado mucho tiempo acostado. ¿Y el amanecer?

Se levantó de nuevo. Buscó su ropa en la penumbra y se vistió. El interior de su casa estaba oscuro pero la vista ya se le había acostumbrado. “El reloj de la sala”, pensó. Grande fue su desconcierto al ver que estaba parado. Lo descolgó, le dio unos golpecitos, le sacó y puso de nuevo las pilas, mas fue inútil, no andaba.  No sentía hambre, más bien por costumbre fue hasta la heladera a buscar algo; estaba vacía. Aquello ya era realmente raro, ¿dónde estaba todo lo que había comprado el día anterior? ¿Lo habían robado? 

Al pensar que los ladrones tal vez todavía estaban allí, fue hasta la cocina para tomar un cuchillo. No encontró ninguno, tampoco estaban los cubiertos, ni los platos, ni las cacerolas, nada. Revisó los otros muebles; no estaban ni los frascos de las especias. Empezó a recorrer la casa. No faltaba ningún mueble pero no había ni un objeto en ellos. ¿Lo habían desvalijado completamente? ¿Cómo habían logrado sacar todo sin que él se despertara? Pensó que tal vez le habían dado algo para dormir y por eso se sentía raro.

 Todo era un verdadero misterio. Como también faltaba el teléfono salió a la calle para hacer la denuncia. Había una comisaría cerca de su casa. La calle estaba desierta, oscura, no circulaba ni un auto. Al ver que la comisaría estaba a oscuras presintió algo malo. ¿No habían encendido ni una linterna, ni un farol a pilas? Golpear la puerta fue inútil. Espió por una ventana, solo oscuridad. 
Al reparar en el silencio que envolvía la zona sintió un estremecimiento. ¿Acaso era el único ser vivo allí? ¿Y los perros de la cuadra? Todo era sombras sobre sombras, contornos vagos de casas, de árboles, y arriba de todo un cielo negro, sin un titilar de estrellas. Y el silencio era tan hondo que comenzó a angustiarse. Cuando volvía a su casa vio una figura humana que caminaba hacia él. “¡Por fin una persona!”, pensó. Al estar lo suficientemente cerca le preguntó: 

—Disculpe, ¿sabe qué está pasando? ¿Por qué la ciudad está así? 
—¿Hugo? —lo reconoció la otra persona—. Me sorprendes, muchacho, no esperaba verte por acá. 
—Sí, soy Hugo. ¿Usted es…? —al reconocer aquellas facciones Hugo se apartó y se alejó corriendo.

Era un conocido, pero este hacía meses que estaba muerto.  Aquello tenía que tratarse de una pesadilla, ¿pero cuándo iba a terminar? A medida que fue pasando el tiempo supo que era algo más. Se dio cuenta de que aquella no era su casa, era una representación vacía de ella, y aquellas calles no eran su ciudad, sino un lugar que se le parecía, pero, ¿dónde estaba? No podía resolverlo él solo. Por eso volvió a recorrer las calles. El lugar no estaba tan vacío como le había parecido, había otros como él, algunos eran conocidos de la zona.  Cuando uno le contó dónde se encontraban no le quedaron dudas: Estaba en el purgatorio. 

2 comentarios:

Raúl Sesos dijo...

En la parte donde dice que apenas reconoció al hombre y corrió, me dio un escalofrío. Otro relato excelente

Jorge Leal dijo...

Eso quiere decir que tienes buena imaginación, porque dejé mucho para el lector. Gracias. Saludos!!

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