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miércoles, 15 de febrero de 2017

Un Loco En La Soledad

El tipo apareció en una loma del camino y enseguida atrajo la atención de Carlos. El extraño que iba adelante miraba hacia un costado, y por los ademanes de sus brazos parecía que estaba hablando con alguien, ¿pero con quién si allí no había nadie? Era un camino rural, una senda formada por dos alambres. En los alrededores, campo, algunas ovejas pastando juntas y el pampero (un viento) agitando los pastos más altos. “Lo que me faltaba, un loco”, pensó Carlos. Empezó a caminar más lento pero el otro andaba como en un paseo, y cuando volteó y lo vio ya no tuvo caso seguir así porque quizás el loco podría tomarlo a mal, creer que lo seguía o algo por el estilo. Reanudó la velocidad de la marcha y lo alcanzó. Carlos lo evaluó; el otro era menudo y tenía cara más de pobre infeliz que de peligroso, y tal vez era un loco de esos que ni molestan.

—Buenas tardes —lo saludó Carlos.
—Buenas y calurosas tardes —lo saludó el desconocido—. Le estaba diciendo al amigo aquí que hoy el calor está terrible, ¿no?
—Está bravo sí, un calor de locos —le dijo Carlos, y se arrepintió enseguida porque pensó que el otro podía entender que eso iba para él. Pero el otro siguió como si nada.
—Sí, un día caluroso, sí señor. Pero hay que seguir. Por lo menos ahora charlando entre los tres el camino se nos puede hacer más corto —comentó el extraño.
—Pero yo no soy muy conversador y ando un poco apurado —dijo entonces Carlos siguiéndole la corriente pero sin estar dispuesto a continuar caminando junto al tipo aquel.
—Pero si se apura se va a asolear, compañero —repuso el otro.
—No, estoy acostumbrado.
—Si usted puede apurarse supongo que nosotros también, a no ser que no quiera que lo acompañemos...
—No, no tengo ningún problema con que me acompañen —tuvo que decirle Carlos.

“De buena compañía me hice”, pensó Carlos. Siguieron avanzando por el camino solitario. Carlos también pensó que por suerte el loco no se presentó, porque sino tendría que darle la mano también al otro, al invisible. Sonrió al imaginarse eso y ladeó la cara para que el loco no lo viera. También consideró que era una suerte que no hubiera gente por allí, aunque tuvo la impresión de que las ovejas sonreían burlonas cuando ellos cruzaban. Cada kilómetro fue muy incómodo. Espiaba de reojo a su compañero de viaje. Cuando estaban cerca de una parte donde otro camino desembocaba en el que ellos iban, Carlos se sintió aliviado porque el extraño le dijo que iba a seguir recto nomás. A pocos metros, por el otro camino, había un tipo que tenía un caballo al lado y estaba asegurando un portón. Ese hombre observó a Carlos despedirse del otro. Carlos lo notó, por eso cuando cruzó frente a él y saludó aprovechó para comentar sonriendo:

—Buenas tardes. Buen compañero de caminata me había conseguido ¡Jeje! —le dijo.
—Buenas. ¿Por qué comenta eso? —le preguntó el otro con cara de extrañado, y subió de un salto a su caballo.
—Por el tipo ese que venía conmigo. Tiene un amigo imaginario o algo así y venía hablando con él. Mire, allá se va hablando con el otro.
—Allá no va nadie, el camino está vacío, y usted venía solo —le comunicó el tipo mirándolo con mucha desconfianza y hasta con algo de miedo, y taloneó al caballo y se marchó.

Carlos quedó sonriendo y después se empezó a reír. La risa se le fue apagando y siguió caminando con la mirada perdida y una leve sonrisa fija en el rostro. 

4 comentarios:

  1. Quien diria el loco era Carlos.Al principio pense que el otro era un fantasma pero al final me di cuenta que era Carlos jeje saludos tocayo

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  2. A Carlos se le había aflojado un tornillo.
    Dicen que de genios y de locos todos tenemos un poco; todavía no he visto mi parte de genio (-_-) ¡Jaja! Saludos!!

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  3. ME PARECIÓ UN RELATO UY BUENO... A MI ME ENGAÑÓ HASTA EL FINAL

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  4. Gracias. Este cuento me quedó de locos ¡Jaja! Salu2!!

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