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miércoles, 22 de marzo de 2017

Algo Imperdonable

Habían pasado muchos años desde su partida. Después de alojarse en la vieja pensión del pueblo, Jaime salió a recorrer a pie las calles. Pocas cosas habían cambiado, y como sus recuerdos eran lejanos, le pareció que todo seguía igual.
Dobló en varias esquinas, atravesó la plaza, y sentado en un banco miró a la gente pasar. Cerca del mediodía, salió rumbo al restorán donde tantas veces había cenado junto a su familia.
Hasta el cartel del restorán era el mismo. Entró, buscó una mesa con la vista y se acomodó en la más próxima.  Una camarera veterana se le acercó.  Jaime, que ya leía la carta del menú, la dejó sobre la mesa y saludó: 

-¡Hola!
-Buen día -dijo la camarera sonriendo- ¿Qué te sirvo?
-Bueno… no sé si está en el menú. No lo distingo por el nombre. Antes ustedes preparaban un estofado muy especial, hace tantos años que no recuerdo el nombre de ese plato -le comentó Jaime. 
-¡Ah sí! Es el estofado especial de la casa. Está al comienzo de la lista. 
-¡Claro! No sé cómo no lo vi. Sírvame un plato de esa exquisitez. 

La camarera anotó en una libreta, sonrió y se dirigió a otra mesa donde esperaba una familia. Unos minutos después apareció con el plato de estofado. 

-Así que antes venías aquí.
-Hace muchos años. Mis padres me traían casi todos los fines de semana. Antes vivíamos aquí en el pueblo - le contó Jaime. 
-¿Y cuál es tu apellido? 
-Zaragoza. 

Apenas escuchó aquel apellido la mujer se puso seria. Lo miró como examinándolo, dio media vuelta y salió apresuradamente hacia la puerta de la cocina. A Jaime le pareció extraña aquella actitud. La camarera regresó junto a un hombre corpulento, el hombre tenía puesto un delantal, era el cocinero, que también era dueño del lugar. 

-Le voy a pedir que se retire inmediatamente -dijo el hombre dirigiéndose a Jaime.
-¿Cómo dice? ¿Por qué? -preguntó Jaime, francamente confundido. 
-¡No se lo voy a repetir! -exclamó el hombre. Jaime notó que el tipo estaba pronto para golpearlo. Se levantó y fue a sacar su billetera. 
-¡Quédese con su dinero! ¡Aquí no queremos nada que venga de un Zaragoza! 

Cuando salió a la calle no entendía nada. ¿Qué tenía aquella gente contra su familia?
Meditabundo, cruzó el pueblo y regresó a la pensión.  Al llegar se encontró con otra sorpresa desagradable; sus maletas estaban en el recibidor. La muchacha que lo había atendido era nueva en el pueblo. Cuando el dueño de la pensión leyó en el registro el apellido Zaragoza, la interrogó sobre el aspecto de ese huésped.

-¡Sin dudas es un Zaragoza! -exclamó casi colérico el dueño del lugar- Saquen sus cosas de la habitación, y cuando regrese le dicen que aquí no se puede quedar  -ordenó entonces.

Cuando se lo comunicaron, Jaime no quiso preguntar más; no quería problemas, aunque ignoraba por qué lo trataban así. 
Se fue del pueblo con un montón de preguntas.  Al interrogar a sus padres éstos no quisieron hablar, y le exigieron que no volviera a preguntar sobre ese asunto. Para él eso se convirtió en un misterio, en uno que no tenía ganas de resolver por no encontrarse con alguna verdad desagradable. 

2 comentarios:

  1. Hola Jorge qué pasó con los cuentos estilo como los hacías hantes, los cazadores de fantasmas, los de zombies etc, quiero más cuentos así

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  2. Hola. Desde que empecé escribo de todo un poco, no solo terror, y desde hace un tiempo los incluyo aquí también. Sigo escribiendo terror pero más bien para mí. Puede ser que incluya alguna de esas historias como audiocuento en mi canal de Youtube. Aquí... algo de eso voy a seguir subiendo, pero poco. Creo que ya son bastantes los cuentos así que publiqué en este blog ¡Jeje! Saludos!!

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