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domingo, 26 de marzo de 2017

El Viejo Local De La Escuela (cuento para niños)

La madre de Miguel no quería que él fuera al local de los videojuegos, pero él fue igual porque era un niño muy terco. Ya estaba de noche pero el local quedaba solo a dos cuadras de su casa y el barrio era muy tranquilo y seguro. Al alcanzar una parte de la calle que tenía dos focos de luz quemados pudo ver que en el cielo ya había relámpagos. Siguió de todos modos porque le encantaba jugar a los videojuegos, se la pasaba pensando en ellos y ya no hacía otra cosa para divertirse. El local donde funcionaban los juegos, mucho tiempo atrás había funcionado como escuela durante varias décadas, después quedó abandonado por muchos años y ahí empezaron a circular rumores sobre que el lugar estaba embrujado.
Se hablaba de sombras pasando delante de las ventanas, de voces que sonaban adentro, y de luces extrañas iluminando de pronto las ventanas. Muchos ni pasaban frente a aquel edificio si estaba de noche. Cuando convirtieron su salón más grande en una sala de videojuegos, los niños de la zona dudaron al principio porque todos habían escuchado alguna historia o cuento de terror sobre el lugar; pero al final el ruido de los juegos pudo más y cuando unos se animaron después fueron todos. Montones de niños y muchachos pasaron por allí sin que ninguno notara nada raro. Al poco tiempo apenas si recordaban que era una supuesta escuela embrujada. Y Miguel nunca había creído esos cuentos.

A metros del lugar Miguel cerró los ojos levantando un poco la cabeza y pensó enfadado: “¡Noo! Está cerrado, y con las ganas que tenía de jugar”. Había creído ver el cartel de “Cerrado”, pero cuando miró de nuevo decía  “Abierto”. Se alegró y pensó que había visto mal. Al estirar la mano hacia la manija de la puerta escuchó a las máquinas iniciándose. Entonces se le ocurrió que tal vez de primera no vio mal sino que Pérez, el hombre que atendía el lugar, lo había cambiado en el instante que él no miró, tenía que ser eso. Pero al entrar no vio a Pérez. Los juegos eran unas consolas grandes de esas que se jugaba parado. Algunas todavía se estaban encendiendo. Finalmente el salón se llenó de los tan característicos sonidos electrónicos y en las paredes se reflejaron luces de todos los colores que temblaban y se movían. Era en la época que funcionaban con fichas. Miguel tenía varias en el bolsillo que le habían quedado del día anterior pero igual esperó a que apareciera Pérez. Supuso que debía estar en el baño. Se paró frente a su juego favorito con una ficha en la mano. Miraba impaciente hacia el comienzo de un corredor esperando que el hombre viniera de una vez. Se cansó, puso la ficha y empezó a jugar. 

Al rato escuchó algo que no venía de las máquinas, venían del corredor y eran risas y voces infantiles. Buscándole una explicación a eso se le ocurrió que habían inaugurado otro salón con otros juegos. No se detuvo a pensar cómo no había escuchado nada antes, solo pausó el juego y fue hacia el corredor. Nunca había caminado por allí, esa parte no estaba abierta para todos. Alcanzó la puerta de donde escapaban las voces y algunas risas. Vio que por debajo de la puerta salían luces de colores y creyó que eran de los aparatos. Entró de golpe. Se asustó mucho, sintió terror al ver que eran como unos globos de luz que flotaban en la oscuridad moviéndose lentamente hacia arriba, hacia los costados y subiendo y bajando. Dentro de esas bolas de luz se marcaban algunas caras y no eran amistosas, hacían gestos amenazadores. Miguel gritó y salió corriendo. El salón grande ahora se encontraba completamente oscuro, se había apagado todo. Vio la salida porque entraba algo de la luz de la calle por debajo de la puerta. Al salir disparado de la escuela embrujada miró hacia atrás para ver si no lo seguían y alcanzó a ver que el cartel de la puerta decía “Cerrado”.
Desde esa noche ya no quiso ir más a ese lugar. Para divertirse jugaba a la pelota, leía, salía a pescar en un arroyo cercano con su padre, y cuando hacía mal tiempo solo leía libros y revistas.

1 comentario:

Raúl Sesos dijo...

Admirable Jorge

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