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sábado, 29 de abril de 2017

La Mente Contra El Terror

Norberto estaba por apretar el gatillo cuando la liebre desapareció. No corrió ni se movió rápido, solo desapareció, y de un instante a otro, donde estaba la liebre ahora solo había unas hojas de helecho enmarañadas. Norberto quedó como congelado, apuntando la escopeta. En ese momento su mundo interior sufrió una sacudida, después su intelecto quiso desconocer lo que estaba pasando; pero un instinto primario pudo más, y sintió como su atención hacia el entorno se expandía tanto que le pareció que el cerebro se le había agrandado mucho más allá de su cabeza. Todo eso le pasó por la mente porque la desaparición de la liebre significaba que lo que había escuchado sobre aquella parte del bosque era cierto, no eran solo cuentos de terror. El lugar estaba embrujado.

viernes, 28 de abril de 2017

Zombies Reales De Haití

Estaba en los cascos azules de la ONU, era soldado. Hacía un tiempo que nos encontrábamos en una isla muy conocida. ¡Que terremoto más horrible, y que crisis humana vino después! Y ya había estado en países con conflictos pero nunca había visto tanta devastación y muerte, y sobre todo, terror. 

jueves, 27 de abril de 2017

El Ciruelo (para niños)


Camilo llegó corriendo de la escuela. Entró a su casa como un viento por lo rápido que iba y fue hasta la cocina donde su madre se encontraba preparando el almuerzo:

miércoles, 26 de abril de 2017

Una Cena Rápida

Acostado en la oscuridad de su cuarto, Gustavo escuchaba los pocos ruidos aislados que llegaban desde el campo. Era de madrugada, una noche fría y clara, con todos sus encantos y sus misterios. Él estaba quieto sobre la cama pero su mente viajaba por la zona rastreando el origen de cada sonido. Cuando se hace eso siempre se escucha algo que no se identifica bien. Gustavo dudó si había escuchado la tos de una oveja, o si era un mugido cortado, tal vez de un ternero, o si... era un grito humano.

viernes, 21 de abril de 2017

Buscadores De Tesoros (para niños)

Los hermanos Andrea y Ernesto tenían un pasatiempo bien divertido. Vivían en el campo y cerca de su casa había una zona llena de pequeños tesoros. Los niños juntaban y coleccionaban piedras de cuarzo. Las piedras estaban en una tierra muy pálida y en algunas partes dura, y allí no nacían pastos, era una zona arcillosa.

jueves, 20 de abril de 2017

Cuentos De La Selva

Los indígenas ancianos de la aldea educaban a los niños con cuentos. Con aquellas narraciones pretendían que los niños aprendieran a respetar la selva y a sus peligros. Pero Itaití creía que ya tenía edad como para cazar solo, y a aunque había escuchado muchas historias sobre los peligros que asechaban entre los árboles, miraba a la selva con aire altanero “Con mi arco y con mi lanza no le tengo miedo a nada”, pensaba.

miércoles, 19 de abril de 2017

Amigo

Aquel juego que inventamos se nos escapó de las manos. Nos encontrábamos en un costado de la vía del tren; de un lado de la vía estaba nuestro barrio, del otro un campo. Entre el terraplén y los últimos terrenos del barrio crecía un pastizal reseco (las primeras casas no estaban mucho más allá), y allí se nos ocurrió jugar con fuego; mala idea.

martes, 18 de abril de 2017

"Bajo El Hospital" (1), cuento de terror de zombies.



¡Hola! Este audiocuento es de una historia que dividí en varias partes que ya está en el blog, pero que merece (según su creador ¡Jaja!) estar también en video. A las historias inéditas que voy a subir después las narraré yo, si el canal crece lo suficiente; porque narrar ya implica todo un trabajo extra. Se agradece si comparten en sus redes, le dan like y se unen a mi canal. ¡Muchas gracias! 


¡Agua!

Aquella pesca prometía ser una gran aventura, y así fue.  Teníamos que encontrar una laguna perdida en el monte que no sabíamos bien dónde se hallaba. Iba con Andrés, mi hermano menor. Nos llevaron en camioneta nuestros padres. No les gustaba la idea de dejarnos en medio de la nada pero como yo ya casi era mayor de edad (le llevo solo dos años a mi hermano) y teníamos experiencia no se rehusaron. Bajamos frente a un campo todavía oscuro.

lunes, 17 de abril de 2017

El Manantial

El manantial, que era sumamente cristalino, formaba una hermosa piscina natural que estaba rodeada de sauces.  Cardúmenes de pececitos nadaban de un lado para el otro bajo la superficie clara del agua, y el sol llenaba de reflejos al manantial mientras los sauces se agitaban mansamente produciendo un rumor agradable. El manantial se adelgazaba en un extremo y desde ahí el agua iba descendiendo entre rocas para luego ensancharse al alcanzar un valle lleno de flores. 
Un grupo de cinco niños corría hacia aquel lugar idílico; competían entre ellos para ver quién llegaba primero.

domingo, 16 de abril de 2017

La Lluvia

Todo indicaba que iba a llover. El cielo estaba cubierto de gris oscuro, y bandadas de pájaros de distintas especies cruzaban por él volando en formación, huyendo de la tormenta creciente. El campo y las arboledas cercanas a mi casa estaban inmóviles, aunque por momentos soplaba desde el norte un viento cálido y los árboles se mecían rumorosos, y los pastos del campo se inclinaban; luego todo volvía a quedar estático, expectante. En la propiedad de un vecino una vaca mugió largamente llamando a su ternero, y cuando este acudió al llamado se fueron juntos rumbo a los galpones.

sábado, 15 de abril de 2017

Un Cuento Para Dormir

Franco despertó al sentir que tiraban de la sábana que lo cubría. Era Amanda, su hija, estaba al lado de la cama y se restregaba un ojo con una de sus manitos.  Franco encendió la veladora y le preguntó:

jueves, 13 de abril de 2017

La Lechuza Y La Liebre (fábula para niños)

Dos perros iban persiguiendo a una liebre por el campo. La liebre cruzaba velozmente por los pastos, con las orejas aplanadas contra el cuerpo, corriendo por su vida, y los perros iban detrás. Ya hacía rato que la perseguían y no podía correr mucho más. Al ver un bosque la liebre corrió hacia él con sus últimas fuerzas.

miércoles, 12 de abril de 2017

Buena Suerte

Era una cosa tras otra, mala suerte sobre mala suerte. Benito se tapó la cara con las manos y quedó así un rato. Venía de la calle, de otra búsqueda infructuosa de trabajo. Pensó que se había confiado demasiado.

martes, 11 de abril de 2017

El Pozo Mágico

Cuando Sandro partió rumbo al bosquecillo sus abuelos le dijeron nuevamente que tuviera cuidado. Llevaba un pico y una pala al hombro e iba sumamente entusiasmado. Ante la nueva advertencia Sandro giró hacia su abuelos y les prometió:

lunes, 10 de abril de 2017

La Huerta De Los Abuelos

                                        
Los hermanos Marcela y Agustín adoraban los fines de semana que pasaban en la casa de sus abuelos. Estaba en un terreno muy grande y tenía una huerta y un montón de árboles frutales. En su hogar las frutas no les gustaban mucho, pero en la huerta de sus abuelos era otra cosa. Allí las arrancaban ellos mismos, elegían las que querían y era más divertido comerlas bajo las sombras del parral en verano, o en el patio soleado en invierno. Y entre aquellos árboles tenían un lugar de juego ideal, y corrían en círculos esquivando ramas y riendo al perseguirse entre ellos. Para el almuerzo su abuela usaba verduras frescas de la huerta y a ellos les encantaba cosecharlas.

domingo, 9 de abril de 2017

El Bosque De Los Niños

Los hermanos Matías y Sandro estaban emocionados porque se iban a vivir en las afueras de la ciudad. Siempre le decían a su padre que comprara una casa con un bosque al lado o muy cerca. Su padre lo intentó, pero después de visitar un montón de propiedades a la venta solo pudo comprar una bastante pequeña cuya arboleda había sido talada recientemente. A los niños le encantó la casa, el frente, el fondo donde había algunos árboles frutales, pero lo que se encontraba más allá de este no los emocionó mucho.

sábado, 8 de abril de 2017

El Abuelo Juan Y La Tecnología

 Era navidad, y cuando sus padres se lo permitieron Gabriel y Romina salieron corriendo a abrir sus regalos. Después de desenvolver los paquetes fueron a mostrarle a su abuelo Juan.

—¡Mira lo que nos regalaron, abuelo! —Dijeron los dos.
—A ver. ¿Qué son esas cosas cuadradas? —preguntó Juan, inclinándose hacia adelante en su sofá. 
—Son celulares —le contestó Romina.
—Ah. Yo con esas cosas de la tecnología no me llevo. Saben, cuando yo tenía la edad de ustedes, una vez vino un tío mío que estaba viviendo en la ciudad, y fui a pasar unos días con él. Apenas llegamos a la ciudad vi aquellas casas altísimas que iban hasta allá arriba, los tales edificios. Yo le pregunté a mi tío por qué hacían tan altas las casas, y él me dijo que era para aprovechar más el espacio, y ya se puso a decir que eran grandes obras de ingeniería y no sé cuantas cosas más. Cuando íbamos bien cerca de uno de esos edificios vi que allá arriba había hombres subidos en unas tablas que colgaban de cuerdas. Estaban limpiando las ventanas, pero yo no sabía, nunca había visto algo así. Entonces señalé rumbo a los tipos y le dije a mi tío: Mucha ingeniería y todo eso pero no se les ocurrió hacer algo para subir por adentro.

Los niños explotaron en carcajadas, y después se sentaron a los pies de su abuelo, atentos a una nueva narración.

— Otro día —siguió Juan— fuimos al tal cine. Nunca en mi vida había visto algo parecido, porque en casa no había tele. Y nos sentamos en la primer fila, con aquella pantalla grandota bien cerca. Al rato de empezar la película el tío me preguntó si me gustaba y yo le dije que sí. Mi cara no debía demostrarlo, porque él me preguntó lo mismo varias veces durante la película. Cuando terminó y salimos le dije que no me había gustado. ¿Por qué no me dijiste antes? Me preguntó él, y yo le contesté: No quise decirlo antes porque estábamos muy cerca de los actores y nos podían escuchar.

Nuevamente los niños se echaron a reír. El viejo estaba inspirado ese día, y continuó:

—Y la primera vez que vi un auto... Yo ni sabía que existían cosas así. Esa vez iba a caballo por el campo junto a un amigo, y al llegar a un camino cruzó por nosotros uno de esos autos. Era uno de esos antiguos, lógicamente, que no tenían techo. Mi amigo ya sabía lo que era, por eso no se asombró, pero yo lancé un grito y dije:
—¡Ya le gusta la velocidad a ese tipo! ¡Que locura! ¡Ajaja!
—¿De que velocidad hablas? —me preguntó mi amigo—, si apenas debe ir a cuarenta kilómetros por hora, si es que llega a eso.
—Sí —le contesté—, pero tenía que ir muy rápido, porque quién sabe cuánto hace que perdió los caballos y todavía sigue andando.

viernes, 7 de abril de 2017

El Abuelo Juan Cocinero

Romina y Gabriel miraban la lluvia por la ventana. Una lluvia fría empapaba los campos y resbalaba por el vidrio de la ventana. Aburridos como pocas veces, fueron a donde estaba su abuelo para pedirle que les contara algo. El viejo Juan estaba sentado al lado de la chimenea, medio dormido, pero se despabiló con una sonrisa al ver que sus nietos arrimaban unas sillas hacia él:

—Abuelo, estamos aburridos —le dijo Romina.
—¡Ah si! Yo antes no tenía tiempo para aburrirme porque trabajaba todo el tiempo, hasta cuando dormía —aseguró Juan.
—¿Y qué hacías cuando dormías? —le preguntó Gabriel, ya tentado por la respuesta graciosa que esperaba.
—Cuando dormía incubaba huevos, porque antes no había de esas incubadoras que hay ahora, solo poníamos los huevos de las gallinas debajo del colchón para mantenerlos calentitos. Y mi trabajo con esas aves no terminaba ahí, porque tenía que levantarme bien temprano para despertar a los gallos para que cantaran, y así la gente del caserío se despertaba.
—¡Jajaja! ¿Y por qué no los despertabas directamente vos, abuelo, si te levantabas antes que los gallos? —lo interrogó riendo Gabriel.
—Porque yo nunca canté muy bien, que pregunta.
—Abuelo, cuéntanos algo, un cuento —le pidió Romina.
—Yo no me sé cuentos, los míos son historias, cosas que me pasaron. Pero bueno, puedo contarles algo. ¿Sabían que una vez fui cocinero en el ejército durante la guerra?
—No —respondieron los dos, y preguntaron a la vez—. ¿Eras buen cocinero?
—Bueno... supongo que de primera no. Una vez apareció un coronel en la cocina y me dijo que se estaba perdiendo a muchos hombres. Y bueno, así es la guerra, es cruel, reflexioné. Y él va y me dice: Sí, la guerra es cruel, pero estos hombres todavía no fueron a ninguna batalla, fue por su comida. Trate de mejorar su receta, sino nos vamos a quedar sin soldados.

“Y yo para cumplir esa orden me empeñe en mejorar, y fui mejorando. Los soldados me felicitaban después, y hasta los coroneles y almirantes empezaron a comer lo que yo hacía. Pero fui víctima de mi éxito, porque cada vez tenía mas trabajo. Y me la pasaba picando esto y aquello, y revolviendo ollas enormes. Y los soldados cada vez pedían más a medida que avanzaba la guerra.

“Eso me extrañó un poco, parecía que cada vez había más soldados, cuando por lógica tendrían que haber menos, pues era la guerra, y no estaban llegando tropas nuevas. Después descubrí qué estaba pasando. Mi comida era tan buena que esa noticia llegó al otro bando, y los muy golosos empezaron a cambiarse para el nuestro. Y cuando del otro lado ya no hubo más nadie, la guerra terminó.

jueves, 6 de abril de 2017

El Abuelo Juan Y La Avioneta

Romina y Gabriel estaban en la huerta, acompañando a su madre que cosechaba verduras. 
Un ruido fuerte los hizo mirar hacia el cielo, y vieron un avión cruzando entre unas nubes. Los dos hermanos seguían con la vista en alto cuando llegó Juan, su abuelo, y al verlos levantó su bigote blanco hacia el cielo y les preguntó:   

-¿Qué están mirando niños? ¿Una bandada de pájaros formando una W? 
-No. Estábamos mirando un avión -le contestó Romina. 
-Abuelo -dijo Gabriel-, las bandadas de pájaros sólo forman una V. 
-No siempre. Cuando son muy grandes forman una W, o una M, o a veces una i minúscula cuando son pocos, y el pájaro que va primero es el punto, cuando forman una H van en silencio porque esa no suena.

Los niños se echaron a reír porque sabían que era broma. En ese momento su madre cruzó con un canasto de mimbre lleno de verduras y dijo al pasar:

-¡Papá, vos siempre con tus cuentos que hacen reír!
-¿Cuentos? Nada de cuentos, yo cuento historias, cosas que me han pasado. Hablando de eso, al ver ése avión me acordé de la vez que pilotee una avioneta. 
-No sabíamos que volabas abuelo -dijo Romina.
-Bueno, no es que sepa volar, cuando era chico me cansé de aletear y no despegué del suelo, lo que sí aprendí fue a manejar una avioneta.   Fue cuando trabajé con un productor ganadero que
tenía tanto campo que salía a recorrerlo en avioneta, más bien, lo que recorría era el aire que estaba arriba del campo.  Un día me preguntó si había volado alguna vez, tuve que decirle que no, porque la vez que un burro me pateó la espalda y me hizo volar cincuenta metros no cuenta; porque casi no me acuerdo de eso. 
-¿Un burro te pateó y te hizo volar cincuenta metros? -preguntó Gabriel. 
-Bueno, cuando me desperté después de la patada, el burro estaba como a cincuenta metros, y supuse que me hizo volar esa distancia; claro que pudo ser que el burro hubiera caminado cuando yo estaba nocaut, pero quién sabe… 
El asunto es que el hombre me enseñó a pilotar, y un día me largué solo.   

"La avioneta era de esas que no tenían techo, y apenas despegué subí hasta una nube para tomar agua. Después volé junto a una bandada de pingüinos que andaba bien alto allá arriba. Los pobres se ve que nunca habían visto una avioneta y se llevaron tremendo susto, tanto así que hasta el día de hoy no han vuelto a volar. Cuando bajaba sentí un tremendo sacudón. Lo primero que pensé fue que había agarrado
un bache, pero enseguida me acordé que estaba en el aire. Lo que me había pasado fue que el avión perdió la cola.   
Sin cola no podía volar bien, así que intenté aterrizar, pero el terreno era más escabroso que lomo de gusano reumático.  El único lugar mas parejo era el arroyo, así que bajé y volé al ras. Cuando la
avioneta tocó el agua las alas se partieron, pero el impulso que llevaba era tan grande que seguí por el agua a toda velocidad, sin cola y sin alas.   
Cuando unos conocidos que pescaban allí me vieron surcando el agua en aquello, escuché que me gritaron: "¡Juan! ¡Qué linda lancha que te compraste!" Y ese fue el último día que volé. 

miércoles, 5 de abril de 2017

El Abuelo Juan Y La Huerta

Romina y Gabriel regresaban de la escuela junto a su padre, en el auto.  Cerca de su casa vieron a Juan, su abuelo, inclinado sobre su huerta, azada en mano. Apenas se bajaron corrieron hacia su abuelo.

-¡Abuelo, abuelo! ¿Quieres que te ayudemos a carpir? -dijeron los dos en coro. 
-¡Ah! ¡Que buenos nietos! Pero no preciso ayuda, sólo estoy sacando unas pocas malezas. Cuando era joven sí que tuve que carpir bastante, cuando trabajé en Brasil, en la selva. 
-¿Tenías que carpir mucho abuelito? -preguntó Romina. 
-Sí, me mandaron carpir la selva -le contestó Juan-. Afilé mi azada y empecé. Era temprano en la mañana, y por la tarde ya andaban los de Greenpeace protestando, porque mi carpida ya estaba
causando estragos a la selva, según ellos. Intentaron encadenarse a mi azada pero no los dejé.
-¡Jajaja! ¡Tanto habías carpido abuelo! -se rió Gabriel. 
-Sí. Por eso carpir esta huerta para mi no es nada. Los que si me hicieron pasar trabajo fueron los topos, hace unos años -afirmó Juan, apoyado en su azada como si fuera un bastón. 
-Cuéntanos abuelito, ¿qué hacían los topos? -lo animó Romina, esperando un cuento gracioso. 
- Bueno, la cosa fue así -comenzó Juan-, de primera no tenía problemas con ellos, usaba los huequitos que hacían en la tierra para jugar al golf.  Cuando empezaron a comerme las zanahorias la cosa cambió.

"Primero pensé exterminarlos con un martillo, pegándoles en la cabeza cuando asomaran en los huecos.; pero no funcionó, para ellos era como un juego.  Después se me ocurrió una idea genial;
empecé a enterrar ajíes picantes, chiles, como si fueran zanahorias. 
¡Había que ver a los topos saliendo de sus cuevas y corriendo hasta el arroyo para tomar agua! Así fue como los corrí de la huerta. 
En otra ocasión tuve problemas con los pájaros, y construí un espantapájaros igualito a mí para correrlos, no porque yo sea feo, sino porque no llegan si ven a una persona, aclaro. Pero tan parecido me salió el espantapájaros, tan idéntico a mí era, que a veces, estando en la huerta, no sabía si era yo o era el espantapájaros… -concluyó Juan, y sus nietos se reían a 
más no poder. 

lunes, 3 de abril de 2017

El Abuelo Juan Y Los Contrabandistas

Romina y Gabriel entraron corriendo a la casa, alarmados. El abuelo Juan estaba adormilado en su sillón y ellos lo sobresaltaron:
—¡Abuelo, abuelo! —le gritaron al unísono.
—¿Qué pasó, nos atacan los extraterrestres? —les preguntó Juan, ya bromeando.

domingo, 2 de abril de 2017

Murciélagos

Cuatro personas marchaban por el campo. El que conocía la zona era Jacinto, or eso iba marcando el rumbo; los otros caminaban bastante torpemente por no estar acostumbrados a los terrenos así. Él trató de hacer más amena la marcha pero eran gente muy diferente a él.

sábado, 1 de abril de 2017

La Bruja Mala

Alejandro y sus padres fueron a visitar a unos parientes que vivían en una zona rural; cerca de allí vivía una mujer misteriosa que todos temían. Cuando llegaron en su camioneta toda la parentela salió a recibirlos en el patio. Ya dentro de la vivienda los mayores se pusieron a conversar de todo un poco; los niños de la casa y Alejandro salieron al fondo y entablaron una conversación infantil a la sombra de un gran limonero. Entre todos eran siete, y los niños de la casa rodearon al recién llegado, curiosos. Nunca habían conocido a un citadino.