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miércoles, 19 de abril de 2017

Amigo

Aquel juego que inventamos se nos escapó de las manos. Nos encontrábamos en un costado de la vía del tren; de un lado de la vía estaba nuestro barrio, del otro un campo. Entre el terraplén y los últimos terrenos del barrio crecía un pastizal reseco (las primeras casas no estaban mucho más allá), y allí se nos ocurrió jugar con fuego; mala idea.
 
Sergio, Fabricio y yo, comenzamos hablando sobre la mejor manera de iniciar una fogata. Para defender mi teoría, saqué de mi bolsillo un encendedor, y con unas ramas secas y algo de pasto hice una pequeña fogata. Fabricio también hizo la suya, aunque le costó un poco mas, y por reírme de él descuidé la mía, que aún ardía, y no sé bien cómo el fuego se propagó a unos pastos más altos. Sergio fue el primero en reaccionar. Arrancó una maleza verde que había allí y comenzó a golpear los pastos ya cubiertos por llamas. Era inútil. El fuego se dispersó asombrosamente y el pastizal empezó a crepitar y a echar un humo oscuro. Entonces nos asustamos y salimos corriendo por la vía. Al mirar hacia atrás, rojas lenguas de fuego se elevaban del pastizal entre el humo. Corrimos hasta una arboleda y en ella nos agachamos, escondidos.

—Si alguna casa agarra fuego nos van a meter presos —lloriqueó Fabricio.
—Presos no, porque somos menores, y que yo sepa no meten presos a los niños —opiné. 
—Pueden sí —dijo Sergio—. Nos meterían en el instituto del menor, y es como estar preso. 

Aquello no me gustó nada. Comencé a sentir una sensación horrible en mis entrañas; mas miedo. Desde nuestra posición veíamos una columna de humo retorcida que buscaba el cielo. Pronto escuchamos sirenas, habían llegado los bomberos.

—Hay que decir que nosotros no fuimos, por si alguien nos vio correr y nos acusa —les dije. 
—Nos vieron sí —lloriqueó Fabricio, enjuagándose las lágrimas—. ¡Todo el mundo nos vio! 
—Igual —insistí—, hay que decir que nosotros no fuimos, que ya habían prendido fuego y corrimos por eso. ¿Estamos…? 
—No, yo me voy —me sorprendió Sergio. Estaba muy serio. 
—¿Y qué vas a decir? —le pregunté. 
—Me voy.

Se irguió y salió rumbo al barrio. “Nos va a delatar”, pensé. 

—¡Eres un mal amigo y un miedoso! ¡Chismoso! —le grité. Él volteó un momento, después siguió. 

Estaba seguro de que nos iba a denunciar. Vaya amigo había resultado. Creí que estábamos fritos. Con Fabricio resolvimos que era mejor ir a nuestras casas. Por el camino se me escaparon algunas lágrimas. Apenas llegué a mi hogar me fui para el fondo. Me parecía que en cualquier momento iba a aparecer la policía.  Pero la tarde siguió avanzando y aún estaba libre. Cuando vi que mi madre me buscaba me sentí muy mal. Ella lucía muy asombrada y perpleja.

—Luciano, se llevaron a tu amigo, a Sergio, la policía se lo llevó —me dijo mamá—. Me lo acaba de contar la del mercado. Sergio prendió fuego un pastizal allá abajo ¡Que horror! Parece que el se entregó solo. Quién lo hubiera creído, siempre pareció tan correcto… Y, ¿vos dónde andabas ahora de tarde? ¿No viste el incendio? 
—Andaba allá, en la canchita —mentí para salvarme—. Vimos humo desde lejos pero creí que estaban quemando basura o algo.

Mi madre se la creyó. Al final Sergio resultó ser un gran amigo. Se echó la culpa para protegernos a nosotros. Y yo que lo llamé mal amigo. Ya estaba de noche cuando Fabricio fue a mi casa, él también se había enterado, e igual que yo se sentía aliviado y triste a la vez. Nuestro amigo se había sacrificado por nosotros. Como él era el más grande de edad y tamaño, seguramente pensó que no le iba a ir tan mal como a nosotros en el instituto, que amigo. Pero al final no lo condenaron, porque el incendio se detuvo antes de llegar a las casas, y no hubo ningún daño. Un día después volvimos a reunirnos y pudimos agradecerle. 

2 comentarios:

  1. Que gran amigo!ya casi no quedan amigos de verdad o son menos que los dedos de las manos..me gusto el final..saludos tocayo

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  2. Esto lo saqué de hechos reales, cuando incendiamos un cardal con unos amigos, cazando apereás ¡Jaja! Pero en la realidad ninguno se tiró de héroe, disparamos todos ¡Jajaja! Por suerte el fuego no se propagó.
    Gracias Willy!!

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