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miércoles, 12 de abril de 2017

Buena Suerte

Era una cosa tras otra, mala suerte sobre mala suerte. Benito se tapó la cara con las manos y quedó así un rato. Venía de la calle, de otra búsqueda infructuosa de trabajo. Pensó que se había confiado demasiado.
Estudiar nunca fue realmente una opción para él porque tuvo que salir a trabajar desde muy temprana edad, y donde vivía no había trabajos de medio tiempo, solo había de los que te consumen casi todo el día y te hacen regresar al hogar con los hombros caídos. Pero sí tuvo la posibilidad de aprender un oficio, pero en cuanto surgía otra cosa se cambiaba buscando algo mejor. Ahora sabía el valor de un oficio, ahora que solo era aprendiz de todo.

Benito separó las manos de la cara y respiró profundamente; de nada servía lamentarse. Abrió la puerta del fondo y miró hacia su pequeña huerta, que era lo que lo venía salvando de pasar hambre. Otro día de sopa. Caminó entre los canteros observando y evaluando todo. Las horas invertidas en la búsqueda de trabajo no lo dejaban trabajar la huerta como quisiera, y de todas formas era muy pequeña, más cuando tenía algo de más lo podía vender. Los morrones (pimientos) estaban muy pequeños todavía, pero allí había dinero. Concluyó que alguna cosa podría vender, pero sería tan poca plata que le convenía más comerlas. Suspiró de nuevo y después cosechó algo como para una sopa. El agua que usaba la recogía del clima en un barril que ubicaba en un alero del techo cuando llovía, y estaba cocinando con leña desde hacía uns semanas, en una especie de cocina que había construido con latas; a la verdadera la había vendido. 

Mientras picaba las verduras pensó que aquella comida de nuevo no lo iba a satisfacer del todo. “Si por lo menos tuviera algo de aceite, o grasa. Aunque estaría mejor un pedazo de carne”, pensó. Su cuerpo le estaba pidiendo proteínas. Estaba picando su comida sobre una silla, porque ya había vendido la última mesa, y la puerta del fondo se encontraba abierta, por eso desde allí vio algo que le pareció una respuesta. Allí había carne, más exactamente era una paloma silvestre. El ave caminaba rápidamente, se detenía de golpe y picoteaba el suelo, para volver a dar otros pasos rápidos, y se movía rumbo a la puerta. Benito supuso que no lo veía porque el interior estaba más oscuro. El instinto depredador que surge con la necesidad lo hizo moverse con cautela. Fue a buscar la resortera que había construido para asustar a los perros que se le metían en el terreno y podían pisotear su huerta. Y junto con esa arma siempre tenía alguna piedra. Temió que al volver la paloma hubiera volado, pero seguía allí, picoteando el suelo, y se encontraba todavía más cerca.

 Benito cargó la piedra, apuntó y estiró los elásticos. Durante su niñez y adolescencia le encantaba jugar al tiro al blanco con la resortera. Sabía que conservaba la puntería y el animal se hallaba tan cerca que el tiro era seguro. Estaba a punto de arrojarle la piedra cuando la paloma lo notó, un pequeño ojo vidrioso quedó un instante fijo en él, después el ave volvió a picotear el suelo. Era silvestre pero sin dudas se había amansado. Los elásticos se estiraron más, apuntó mejor, pero la piedra no llegó a salir. En ese momento golpearon las manos en el frente de la casa, fueron golpes fuertes y eso espantó a la paloma. Benito pensó que seguía su mala suerte, pero después sintió esperanzas al ver quién era. Se trataba de un conocido que había quedado de avisarle si tenía un buen dato sobre un trabajo. Y efectivamente era para eso que había llegado hasta allí. Ya tenía el trabajo conseguido porque su conocido (que desde ese día pasó a ser un amigo) lo había recomendado muy bien. Podía empezar al día siguiente, y le iban a dar un pequeño adelanto porque el hombre también había hablado de la situación en la que se encontraba Benito. 

Ese día Benito creyó que su suerte había cambiado, aunque más tarde, pensándolo mejor, pensó que tal vez la buena suerte era de la paloma, y no de él.  

2 comentarios:

  1. Hola tocayo..la realidad de muchos y ademas casi todos hemos pasado por eso..no queda mas que batallar jeje..saludos. .W

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  2. Sí, no todo lo que escribo es ficción ¡Jaja! Es la realidad de casi todos los artistas. Y bueno, como bien dices Willy, solo queda batallar. Saludos!!

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