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jueves, 6 de abril de 2017

El Abuelo Juan Y La Avioneta

Romina y Gabriel estaban en la huerta, acompañando a su madre que cosechaba verduras. 
Un ruido fuerte los hizo mirar hacia el cielo, y vieron un avión cruzando entre unas nubes. Los dos hermanos seguían con la vista en alto cuando llegó Juan, su abuelo, y al verlos levantó su bigote blanco hacia el cielo y les preguntó:   

-¿Qué están mirando niños? ¿Una bandada de pájaros formando una W? 
-No. Estábamos mirando un avión -le contestó Romina. 
-Abuelo -dijo Gabriel-, las bandadas de pájaros sólo forman una V. 
-No siempre. Cuando son muy grandes forman una W, o una M, o a veces una i minúscula cuando son pocos, y el pájaro que va primero es el punto, cuando forman una H van en silencio porque esa no suena.

Los niños se echaron a reír porque sabían que era broma. En ese momento su madre cruzó con un canasto de mimbre lleno de verduras y dijo al pasar:

-¡Papá, vos siempre con tus cuentos que hacen reír!
-¿Cuentos? Nada de cuentos, yo cuento historias, cosas que me han pasado. Hablando de eso, al ver ése avión me acordé de la vez que pilotee una avioneta. 
-No sabíamos que volabas abuelo -dijo Romina.
-Bueno, no es que sepa volar, cuando era chico me cansé de aletear y no despegué del suelo, lo que sí aprendí fue a manejar una avioneta.   Fue cuando trabajé con un productor ganadero que
tenía tanto campo que salía a recorrerlo en avioneta, más bien, lo que recorría era el aire que estaba arriba del campo.  Un día me preguntó si había volado alguna vez, tuve que decirle que no, porque la vez que un burro me pateó la espalda y me hizo volar cincuenta metros no cuenta; porque casi no me acuerdo de eso. 
-¿Un burro te pateó y te hizo volar cincuenta metros? -preguntó Gabriel. 
-Bueno, cuando me desperté después de la patada, el burro estaba como a cincuenta metros, y supuse que me hizo volar esa distancia; claro que pudo ser que el burro hubiera caminado cuando yo estaba nocaut, pero quién sabe… 
El asunto es que el hombre me enseñó a pilotar, y un día me largué solo.   

"La avioneta era de esas que no tenían techo, y apenas despegué subí hasta una nube para tomar agua. Después volé junto a una bandada de pingüinos que andaba bien alto allá arriba. Los pobres se ve que nunca habían visto una avioneta y se llevaron tremendo susto, tanto así que hasta el día de hoy no han vuelto a volar. Cuando bajaba sentí un tremendo sacudón. Lo primero que pensé fue que había agarrado
un bache, pero enseguida me acordé que estaba en el aire. Lo que me había pasado fue que el avión perdió la cola.   
Sin cola no podía volar bien, así que intenté aterrizar, pero el terreno era más escabroso que lomo de gusano reumático.  El único lugar mas parejo era el arroyo, así que bajé y volé al ras. Cuando la
avioneta tocó el agua las alas se partieron, pero el impulso que llevaba era tan grande que seguí por el agua a toda velocidad, sin cola y sin alas.   
Cuando unos conocidos que pescaban allí me vieron surcando el agua en aquello, escuché que me gritaron: "¡Juan! ¡Qué linda lancha que te compraste!" Y ese fue el último día que volé. 

2 comentarios:

  1. Jajaja buen personaje el abuelo Juan tocayo..me gusto,bien simpatico.Ah sabes que no salen mis comentarios en tus videos..no se porque.Saludos..Willy

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  2. Sí, a mi me gustan estos cuentos, disfruto mucho cuando los escribo. A la mayoría de los lectores parece que no les gusta pero, en mi blog pongo lo que quiera, y si no me doy mis gustos no puedo escribir más nada ¡Jaja! Voy a ver lo de los comentarios. Probablemente configuré algo mal, voy a ver. ¡Saludos!

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