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miércoles, 5 de abril de 2017

El Abuelo Juan Y La Huerta

Romina y Gabriel regresaban de la escuela junto a su padre, en el auto.  Cerca de su casa vieron a Juan, su abuelo, inclinado sobre su huerta, azada en mano. Apenas se bajaron corrieron hacia su abuelo.

-¡Abuelo, abuelo! ¿Quieres que te ayudemos a carpir? -dijeron los dos en coro. 
-¡Ah! ¡Que buenos nietos! Pero no preciso ayuda, sólo estoy sacando unas pocas malezas. Cuando era joven sí que tuve que carpir bastante, cuando trabajé en Brasil, en la selva. 
-¿Tenías que carpir mucho abuelito? -preguntó Romina. 
-Sí, me mandaron carpir la selva -le contestó Juan-. Afilé mi azada y empecé. Era temprano en la mañana, y por la tarde ya andaban los de Greenpeace protestando, porque mi carpida ya estaba
causando estragos a la selva, según ellos. Intentaron encadenarse a mi azada pero no los dejé.
-¡Jajaja! ¡Tanto habías carpido abuelo! -se rió Gabriel. 
-Sí. Por eso carpir esta huerta para mi no es nada. Los que si me hicieron pasar trabajo fueron los topos, hace unos años -afirmó Juan, apoyado en su azada como si fuera un bastón. 
-Cuéntanos abuelito, ¿qué hacían los topos? -lo animó Romina, esperando un cuento gracioso. 
- Bueno, la cosa fue así -comenzó Juan-, de primera no tenía problemas con ellos, usaba los huequitos que hacían en la tierra para jugar al golf.  Cuando empezaron a comerme las zanahorias la cosa cambió.

"Primero pensé exterminarlos con un martillo, pegándoles en la cabeza cuando asomaran en los huecos.; pero no funcionó, para ellos era como un juego.  Después se me ocurrió una idea genial;
empecé a enterrar ajíes picantes, chiles, como si fueran zanahorias. 
¡Había que ver a los topos saliendo de sus cuevas y corriendo hasta el arroyo para tomar agua! Así fue como los corrí de la huerta. 
En otra ocasión tuve problemas con los pájaros, y construí un espantapájaros igualito a mí para correrlos, no porque yo sea feo, sino porque no llegan si ven a una persona, aclaro. Pero tan parecido me salió el espantapájaros, tan idéntico a mí era, que a veces, estando en la huerta, no sabía si era yo o era el espantapájaros… -concluyó Juan, y sus nietos se reían a 
más no poder. 

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