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lunes, 3 de abril de 2017

El Abuelo Juan Y Los Contrabandistas

Romina y Gabriel entraron corriendo a la casa, alarmados. El abuelo Juan estaba adormilado en su sillón y ellos lo sobresaltaron:
—¡Abuelo, abuelo! —le gritaron al unísono.
—¿Qué pasó, nos atacan los extraterrestres? —les preguntó Juan, ya bromeando.

—No, no es eso abuelo —le aclaró Romina, aunque sabía que él bromeaba—. ¿Tú crees en extraterrestres?
—Bueno, yo siempre fui muy católico, y si se cree en uno hay que creer en los otros, ¿no?
—¡Jaja! Tienes razón abuelo —le dijo Gabriel—. Lo que te veníamos a decir es que en la huerta desapareció una de las calabazas grandes. Parece que alguien se la llevó.
—Sí, alguien se la llevó porque yo se la di, se la regalé a un conocido. Nosotros ya tenemos suficientes les aclaró Juan.
—Menos mal, creímos que la habían robado —le dijo Romina.
—¿Un robo en mi propiedad? Eso nunca. Nadie se atrevería porque todos saben que yo fui la  Ley por estos rumbos.
—¿Cómo es eso de que fuiste la ley? —le preguntó Gabriel, y sentó en el suelo frente a Juan. Romina también se acomodó porque sabía que estaba por narrarles algún cuento muy gracioso.
—Es así como lo digo —afirmó Juan mientras se acomodaba con los dedos su blanco y espeso bigote—. Fui el comisario del pueblo.

 "Difícilmente había algún robo por acá porque me respetaban, aunque una vez recuerdo que unos cuatreros le robaron una vaca a un ganadero de por acá. Enseguida intenté rastrearlos junto a mis hombres. Como teníamos que recorrer mucho campo, el ganadero nos ofreció darnos la comida que necesitáramos durante nuestra investigación. Acepté y le dije que no nos vendría mal un poco de carne, pero que no se molestara, que nosotros mismos podíamos carnear una vaca. Una semana anduvimos por esos campos. Al final el ganadero no quiso que siguiéramos porque ya le habíamos consumido muchas más vacas de la que le robaron. 

“En otra ocasión nos enteramos de las actividades de unos contrabandistas. Cinco de mis hombres y yo empezamos a perseguirlos. A caballo empezamos a recorrer por aquí y por allá los montes y los campos de la zona hasta que hallamos unas huellas. Como yo era un buen rastreador, por las huellas de los caballos supe que eran seis, como nosotros. Y seguimos detrás de aquellas huellas. Pero en un tramo del camino se multiplicaron, y calculé que eran doce jinetes. Después, mucho más adelante, eran veinticuatro. Ya eran mucho más que nosotros pero yo no pensaba desistir. Cuando las huellas se multiplicaron de nuevo me di cuenta de que había algo raro. Resultó que eran nuestras propias huellas las que hallamos, y por seguirlas empezamos a andar en círculos y por eso cada vez eran más. Tuvimos que buscar por otro lado. Pero finalmente dimos con ellos, más bien, ellos se cruzaron con nosotros de casualidad, pero como fuera ya los teníamos. Mas esos no pensaban entregarse así nomás. Se pusieron a tirarnos una lluvia de balas y a mí me pegaron dos o tres.
—¿¡Te pegaron unos balazos abuelo!? —le preguntó Gabriel.
—Sí, pero no eran gran cosa porque las estaban tirando con la mano. No tenían armas, solo balas, porque eso era lo que estaban contrabandeando. Cuando yo les tiré un tiro enseguida protestaron: ¡Con revólver no vale, tramposos!, nos gritaron. Tenían razón, no era justo. Entonces sacamos las balas y nos pusimos a tirárselas con las manos. Al final se nos escaparon pero por un buen tiempo no tuvimos que comprar municiones. Y hablando de eso, una vez andaba molestando en el pueblo un tipo que decían que era muy rápido para disparar. Yo también era rápido con el revólver. Una vez casi me disparé en el pie, porque disparé y lo enfundé tan rápido, que la bala todavía no había salido del cañón. Volviendo a lo del tipo ese, a pesar de su fama fui a encararlo para que se fuera de una vez. Cuando vio que el comisario era yo se paralizó de miedo.
—¿No se animó a disparar? —le preguntó Romina.
—Sí, pero no solo eso, quedó completamente paralizado para siempre por el susto, quedó como una estatua. Después de eso solo pudo trabajar de maniquí en las tiendas", finalizó su cuento el abuelo Juan. 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Jajajaja muy bueno tocayo me hizo reir y esta interesante para contar a los chicos jeje..saludos. .W

Jorge Leal dijo...

Hay otros de este personaje, estos cuentos tienen varios años ya. Los voy a subir en estos días. Saludos!!

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