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domingo, 9 de abril de 2017

El Bosque De Los Niños

Los hermanos Matías y Sandro estaban emocionados porque se iban a vivir en las afueras de la ciudad. Siempre le decían a su padre que comprara una casa con un bosque al lado o muy cerca. Su padre lo intentó, pero después de visitar un montón de propiedades a la venta solo pudo comprar una bastante pequeña cuya arboleda había sido talada recientemente. A los niños le encantó la casa, el frente, el fondo donde había algunos árboles frutales, pero lo que se encontraba más allá de este no los emocionó mucho.
Los árboles estaban todos cortados casi al ras del suelo y entre ellos solo había ramas cortadas y desparramadas como despojos sobre una tierra sin pastos. Recorriendo el lugar los hermanos pensaron que aunque no eran muy grande aquella arboleda debía ser fantástica cuando todavía conservaba sus árboles. El olor a madera todavía estaba en el aire y les costaba caminar entre tantas ramas. Pensaron que ya podían olvidarse de sus planes de hacer casas y refugios en el bosque. De todas formas el cambio de ambiente les encantó, y pasaban horas jugando y correteando por el patio.

Eso fue al comienzo del otoño. En esa estación llovió regularmente todas las semanas, a veces un día, otras veces dos, pero lo seguro era que durante los siete días había por lo menos uno de lluvia. Durante esas lluvias a los hermanos les gustaba mirar por la ventana, y con la cara contra el vidrio observaban como los campos vecinos quedaban grises de tanta agua que caía. Y el invierno fue más lluvioso todavía. Toda esa agua descompuso las hojas de la arboleda cortada y las mezcló con el lodo que siempre había allí. Fue un invierno feo, pero como para compensarlo la primavera llegó muy cálida y con días hermosos. Animados por los días hermosos y como ya no había barro los niños volvieron a recorrer la parte de su terreno llena de troncos cortados. Se alegraron al ver que por todos lados estaban creciendo nuevas plantas y pasto. En cualquier lado donde posaran los ojos se iba elevando una diminuta planta. Y en los costados de aquellos restos de troncos empezaron a crecer brotes. La naturaleza reclamaba de nuevo aquel lugar y con fuerza.

Ahora recorrían aquella parte todos los días. Siempre encontraban alguna planta nueva e interesante que observar y comparaban los brotes de distintos troncos. No dejaban de asombrarse de lo rápido que aquel verde se desparramaba y elevaba por todos lados. Eran plantas invasoras y oportunistas pero ellos estaban agradecidos de que crecieran allí. Hacia el final del verano el lugar estaba completamente cambiado, era todo verde. Ahora llegaban hasta allí bandadas de canarios y otros pájaros pequeños y las mañanas se llenaban de sus cantos. Después llegó otro otoño lluvioso seguido de un invierno parecido. A pesar de toda el agua igual recorrían su pequeño bosque porque ahora había pasto y podían caminar por él sin embarrarse los calzados. Esperaron la primavera con muchas ganas porque sabían lo que venía con ella. Y vino como esperaban. Con el calor y los días de mucho sol los brotes de los árboles se elevaron más de un metro sobre el suelo, y algunos arbustos los superaban por mucho. Ahora sí era un bosque. Y jugaban en él sin cortar nada, solo pasaban por los intrincados senderos que formaron con el tiempo. Y vivieron allí muy felices junto a sus padres

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