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domingo, 16 de abril de 2017

La Lluvia

Todo indicaba que iba a llover. El cielo estaba cubierto de gris oscuro, y bandadas de pájaros de distintas especies cruzaban por él volando en formación, huyendo de la tormenta creciente. El campo y las arboledas cercanas a mi casa estaban inmóviles, aunque por momentos soplaba desde el norte un viento cálido y los árboles se mecían rumorosos, y los pastos del campo se inclinaban; luego todo volvía a quedar estático, expectante. En la propiedad de un vecino una vaca mugió largamente llamando a su ternero, y cuando este acudió al llamado se fueron juntos rumbo a los galpones.
 Las perdices, invisibles entre los pastos, silbaban en un lado y otro anunciando lluvia, y también lo hacían las ranas con sus cantos que surgían de las zonas bajas. De pronto, un trueno. La naturaleza quedó muda. Todo se oscureció más, y tras un relámpago que cruzó por casi todo el cielo, comenzó la lluvia. Primero fueron goteras enormes y aisladas. Caían sobre el patio, movían las hojas del naranjo, sonando aquí y allá, en las chapas del galpón, en el nylon del invernáculo... Después hubo una pausa, para enseguida comenzar a llover más fuerte. 

Me senté al lado de la ventana para seguir contemplando cuánto podía ver. El agua que resbalaba por el techo caía en chorros sobre el patio, y por la canaleta de este pronto corrió un hilo de agua gris. El sonido de la lluvia era ahora parejo y esta caía sin que ningún viento la empujara, y por eso era una lluvia agradable, de esas que nos hacen bostezar mientras la contemplamos. Cuando la lluvia arrecia afuera es grato estar en casa, bajo un techo protector. Fuera estaba todo mojado y las perdices y las ranas habían callado, pero la naturaleza cantaba ahora en los arroyuelos que corrían a juntarse allá en el río. El agua de mi patio iba a unirse también y se lleva de allí algunas hojas de árbol, que pasaban frente a mi ventana girando sobre el minúsculo riachuelo que se formaba.
  
Observé la lluvia no sé cuánto tiempo, entre bostezos. Al final de la tarde el cielo cercano al horizonte se despejó y el sol desparramó rayos anaranjados sobre el campo mojado. Entonces salí de casa esperando ver algo maravilloso, y al girar mirando el cielo, allí estaba, un esplendoroso arco iris. 

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