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domingo, 2 de abril de 2017

Murciélagos

Cuatro personas marchaban por el campo. El que conocía la zona era Jacinto, or eso iba marcando el rumbo; los otros caminaban bastante torpemente por no estar acostumbrados a los terrenos así. Él trató de hacer más amena la marcha pero eran gente muy diferente a él.

—¿No tendríamos que traer algunas estacas chiquitas o algo así? ¡Jejeje! —preguntó bromeando Jacinto.
—¿Estacas?, ¿por qué? —preguntó Lucía, la única mujer en el grupo.
—Digo, por lo de ir a matar vampiros ¡Jeje! —le contestó Jacinto, arrepentido de haber dicho aquello.
—Ahora no vamos a matarlos, solo es una evaluación. Primero hay que ver qué clase de murciélagos son los que viven ahí —agregó ella muy fríamente—. Y si lo dice por lo de las películas, es un comentario muy tonto.
—Sí, haga de cuenta que no dije nada.

El grupo siguió atravesando un campo bastante accidentado, sembrado de rocas en las partes altas, y en las bajas cruzado por arroyuelos. Habían partido desde un pequeño pueblo, el de Jacinto. Así le llamaban los lugareños pero en realidad no pasaba de un caserío remoto y muy aislado. Los caminos para llegar allí eran tan malos y el caserío estaba tan lejos del más próximo, que cuando se desató aquella situación apenas recibieron ayuda. Al Estado no le importaba mucho la gente del lugar porque eran muy pocos, pocos votos, y estaban tan apartados que lo que pasara allí difícilmente podría afectar a otras zonas pobladas; esa era la cruel verdad. 

Varias personas habían sido infectadas de rabia, por mordidas de murciélago, suponían, y todas habían muerto. Como ayuda enviaron, bastante tarde, a tres científicos y dos militares que fueron los encargados de llevar a los primeros hasta allí en un vehículo todo terreno. El plan para terminar aquello era identificar a la colonia de murciélagos para después exterminarlos. Los científicos partieron rumbo a unas cuevas que eran un buen punto donde comenzar. Jacinto era el baqueano, todos los del pueblo lo habían recomendado.

Entre la gente de la comunidad estaban corriendo algunos rumores sobre otras causas de aquellas muertes, causas sobrenaturales estas. Jacinto no era un hombre de creer en cualquier cosa, pero por las dudas le dio una reafilada a su machete. Seguían rumbo a las cuevas cuando el cielo se nubló y comenzó a soplar un viento que empezó a silbar en las cañas de los arroyuelos. En una de esas corrientes uno de los científicos se cayó de espaldas en el barro. Mientras intentaba por lo menos quitarse parte del barro Jacinto observó que el sol ya había bajado bastante. No había calculado que sus compañeros se fueran a mover tan lento. “Ni que creyera que va a ir a una fiesta”, pensó Jacinto al ver al tipo tan preocupado por su apariencia. Siguieron por el campo cada vez más lleno de rumores. A pesar de los inconvenientes divisaron la zona alta donde estaban las cuevas cuando todavía había bastante luz. Pero al baqueano lo que le preocupaba era la vuelta, porque no sabía cuánto se iban a demorar en la cueva, y si después volvían de noche, probablemente odiarían a esos campos para siempre, porque ahí el terreno hasta se volvía peligroso. 

La boca de la cueva estaba negra. Entraron con el natural sigilo que inspiran los lugares así. En vez de encender linternas, los tres científicos empezaron a observar todo a través de las pantallas de unas cámaras con visión nocturna. De esa forma no iban a perturbar a la colonia de murciélagos, si es que en aquella cueva había una. Los tres comentaron que no se sentía olor a guano (excremento de murciélago). Eso era algo desalentador. Pero enseguida tuvieron una emoción. Uno de los que llevaban una cámara dejó escapar un grito, después dijo:

—¡Ahí anda alguien, detrás de esa roca!
—Calma, es una persona —le dijo Lucía, y agregó dirigiéndose a la persona que había quedado medio al descubierto tras una roca—. Estamos aquí para investigar a los murciélagos. ¿Qué hace usted aquí?

Uno de los hombres encendió una linterna. El extraño de la cueva parecía un lugareño. Lo que vino después los aterró. Jacinto se movió rápido como una fiera, y le rebanó la mitad de la cabeza de un machetazo. La reacción de los otros fue un grito. Enseguida Lucía expresó lo que sentía y le dijo horrorizada:

—¡Lo mató! ¿Por qué hizo eso? ¡Por dios!
—Apártense, voy a darle otro machetazo —le dijo Jacinto—. Este era Dionisio, fue uno de los que se agarró rabia. Lo enterramos hace unos días, y créanme que estaba bien muerto. Ahora era un vampiro.
—¡Pero eso no puede ser! —exclamó Lucía.

En ese momento escucharon algunos ruidos. Al apuntar la linterna, el terror. Varios vampiros avanzaban agazapados hacia ellos. Los científicos no reaccionaron inmediatamente, por eso el machete de Jacinto tuvo que cortar algunos brazos que casi los apresan. Y pudieron salir de allí gracias a que él se quedó atrás abanicando el aire con su machete y haciendo retroceder a los vampiros que, por ser todavía de día estaban bastante torpes, y por eso todavía no los iban a perseguir. Pero al día ahora ya no le quedaba mucho. 

Gritándoles que era la única oportunidad que tenían, Jacinto hizo correr a los científicos. Mas al día ya le quedaba tan poco, y a pesar del susto sus compañeros eran tan lentos, que supo que no les iba a dar para llegar al caserío antes de la noche. Mientras los apuraba se le ocurrió una alternativa, la hacienda de Lisandro, un amigo. Si se desviaban les quedaba más cerca que el pueblo. Les dijo el nuevo plan gritando y sin detenerse, y desviaron rumbo a la hacienda. Jacinto pensó que en menudo lío lo iba a meter a su amigo, pero sabía que aquel nunca dejaría en un aprieto así a nadie, menos a él. Y sabía que su amigo era un tipo prevenido y de armas tomar. Si los vampiros los seguían hasta allí, fácil no la iban a tener. No se imaginaba qué podían aportar los científicos en un probable enfrentamiento; pronto lo iba a descubrir.  

2 comentarios:

  1. Me gusto la actitud y el tacto de Jacinto..veremos que pasara si hay continuacion (asi lo pinta) pero eres una caja de sorpresa tocayo jeje..saludos..W

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  2. Willy, que tenga continuación y que la publique aquí son dos cosas diferentes, y en este caso no tengo una continuación ¡Jaja! Saludos!!

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