¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

viernes, 28 de abril de 2017

Zombies Reales De Haití

Estaba en los cascos azules de la ONU, era soldado. Hacía un tiempo que nos encontrábamos en una isla muy conocida. ¡Que terremoto más horrible, y que crisis humana vino después! Y ya había estado en países con conflictos pero nunca había visto tanta devastación y muerte, y sobre todo, terror. 

       Fue un fenómeno natural, creo, pero la naturaleza supersticiosa de esa gente enseguida le vio el lado sobrenatural, si bien no a todo el fenómeno, pero sí a parte de lo que sucedió después de él. Los muertos se contaban por miles, era una desgracia, y al escasear todavía más el agua y los alimentos, aquello se volvió un infierno. Y entre toda esa calamidad escuchamos algo increíble. Muchas personas tenían una preocupación: que entre tantos fallecidos algunos se volvieran zombies. Y no pocos empezaron a tomar medidas para que eso no ocurriera. Entre los cuerpos se empezaron a notar heridas en la cabeza que parecían hechas después del fallecimiento, o que no parecían causadas por el terremoto. Más concretamente parecían hachazos o estocadas que llegaban hasta el cerebro. Obviamente era para asegurarse que no se levantaran como zombies. Eso no trascendió, no llegó a los medios porque se lo trató con mucha discreción. 

A mí me tocó ayudar en un hospital. ¡Por Dios, que horrible! Casi todo el día cargando muertos. Cuando la morgue se abarrotó empezamos a dejarlos en el patio. ¡Que escena terrible, nunca olvidaré eso! Pero lo que me afectó los nervios fue algo que vi de noche.

La poca luz que había de los equipos electrógenos, se usaba dentro del hospital. La necesidad de los vivos era mayor. Por eso el patio regado de cadáveres quedó a oscuras. Cada tanto nos turnábamos para vigilar el lugar. ¿Vigilar lo qué? Pero eran órdenes. Recorrí aquel patio iluminando mis pasos con una linterna. Esa luz me mostraba un horror tras otro: Miembros con huesos al aire, órganos saliendo de abdómenes, y algunos ojos ya blanquecinos que parecían fijos en mí. Cumpliendo con mis órdenes, vi que otra luz recorría el patio y me acerqué a preguntar quién era. Resultó ser un doctor que había conocido durante el día. Noté que sostenía una barra metálica que terminaba en punta.

—Doctor, no andará usted con eso por el tema de los zombies, ¿o sí? —le pregunté.
—Mire, no sé lo que está pasando, mi ciencia no puede explicarlo —me dijo muy serio—, pero pasa, créame. Piense de mí lo que quiera pero por favor, tenga cuidado, no acerque mucho sus piernas a las cabezas, y si me hace un gran favor, ayúdeme a revisar el lugar.
—Está bien —le dije—. Igual esto no se aleja de mis órdenes. 
—Muchas gracias. Pero si encontramos algo no use su arma, a no ser que sea muy necesario. No queremos llamar la atención.
—Si nos encontramos con un zombie usaré esto –le dije mostrándole un cuchillo grande que llevaba.

No lo tomé muy en serio pero al avanzar por aquel patio de la muerte empecé a preocuparme. Arriba de nosotros, obscuridad absoluta, en un lado algunas luces del hospital escapando por las ventanas, y del otro lado la devastación, una ciudad en ruinas, un cementerio podría decirse, porque todavía había muchos cuerpos bajo los escombros. Y donde andábamos la escena era espantosa. Era difícil seguir la recomendación del doctor, y varias veces planté el pie al lado de una cabeza. Inevitablemente me imaginé a uno de aquellos cuerpos moviéndose de pronto con la boca abierta hacia mi pierna. Cuando algún cuerpo apilado se deslizaba sobre los otros, mi corazón casi se detenía. En esos casos, por las dudas el doctor usó su piqueta. Cuando recorrimos todo el patio pasamos a unos corredores angostos que terminaban en el fondo del lugar. Así llegamos a otro patio que estaba lleno de camas, camillas y bancos rotos, todos amontonados en algunas partes. Iluminamos por todas partes buscando algo que obviamente deseábamos no encontrar. De pronto sentí que la mano del doctor se prendía como una garra de mi brazo. Cuando giré hacia él me estaba indicando que hiciera silencio, y con el dedo que había puesto delante de su boca señaló hacia un lado.

Había un cuerpo erguido y tambaleante que nos daba la espalda. Cuando le apuntamos los haces de luz empezó a girar lentamente hacia nosotros, y al moverse hizo un ruido que nunca voy a olvidar. Era el sonido de los huesos expuestos que tenía en una de las piernas chocando entre si. Al verle la cara supimos que era un muerto, lo delataban sus ojos opacos. Mi primer reacción fue apuntarle con la metralleta, pero no sé cómo, en ese momento horrible, recordé lo que recomendó el doctor, y cuando aquello avanzó hacia mí solo le di un culatazo, y cuando cayó el doctor terminó el trabajo. Iba a decirle que aquello era increíble, cuando escuchamos un ruido, y al mismo tiempo vimos algo que se movía en cuatro patas hacia nosotros. Era una mujer que tenía piernas solo hasta las rodillas, por eso avanzaba como un animal. Ahora tiemblo al pensar en todo aquello, pero en ese momento desenvainé el cuchillo, salí al encuentro de aquello y se lo enterré en la cabeza después de desviar de una patada el brazo que estiró hacia mí.
Esos fueron los únicos incidentes, no encontramos más zombies

Cuando pasó todo aquel horror, mis nervios se rompieron como un cristal. Volví a mi país por recomendación médica, y no mucho después me retiré del ejército. Por lo que viví sé que solo es cuestión de tiempo, hasta que después de alguna otra tragedia, una plaga zombie seguramente salga de aquella isla infestando todo el planeta. 

3 comentarios:

NEWSODOM dijo...

Muy buen cuento de terror pero si recuerdo en las noticias cuando pasó lo del terremoto de Haití que la creencia en ese país en los zombies es bastante extendida y con muchos cadáveres hacían lo que describes o los dolientes los escondían para que no hicieran ese tipo de rituales. Igual no sé si eran noticias sensacionalistas o periodismo amarillista pero personalmente recuerdo que una vez que estuve en Cuba la gente del común hacia muchos rituales extraños y me recomendaron no ir al cementerio

Xiu Amigon dijo...

Que miedo, pobre jajaja seguro cualquiera hubiera renunciado despues de esa experiencia

Jorge Leal dijo...

Hola Xiu, tanto tiempo. Yo no hubiera renunciado, porque no acataría la orden de vigilar el patio, y me correrían nomás ¡Jaja!

NEWSDOM, más que interesante lo que me dices. Lo del terremoto, la verdad no se si estaba en el monte o que esos días porque recuerdo muy poco de eso, no vi las noticias, solo escuché algo sobre esa tragedia. Y hace poco, mientras buscaba unas imagenes de hospitales para editar (para un video), me apareció una de un hospital de ahí en esa época, era un patio lleno de muertos, y vi que en la descripción de la página decía que era lo del terremoto. Enseguida se me ocurrió esta historia. Mi país a enviado muchos soldados a esa parte, el resto fue solo meterle algo de oficio ¡Jeje! Pero francamente escribí esto porque me pareció obvio, no sabía que se acercaba tanto a lo que pasó. Y estuve a punto de no publicarla, porque se la mostré a alguien y le pareció bastante de mal gusto, porque uso una tragedia que pasó. Lo subí igual porque, que diablos, es ficción. Es común hacer ficción desde cosas reales, así son más creíbles. Lo curioso es que mi ficción varias veces se ha acercado a la realidad de forma increíble. Por ejemplo: las ruinas de una casa que usé como escenario de un lote de cuentos de terror, resultó que eran las ruinas de una casa donde mataron a un tipo. Tal vez algún día narre alguna de las curiosidades que se me han ido presentando, después de todo esto es un blog personal. Gracias. Saludos a los dos!!

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?