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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

miércoles, 16 de agosto de 2017

Pasos En El Bosque

Caminábamos por el sendero de un bosque que ya empezaba a quedar sombrío.
—Mejor vamos por aquí —me dijo de pronto Ignacio, desviándose del sendero—. Por aquí queda más cerca.
—No, por este sendero llegamos antes a la ruta —afirmé. 
—Yo conozco este bosque mejor que vos —repuso él.
—Sí, pero me acuerdo bien de esta parte. ¿Por qué quieres ir por ahí, y por qué sonríes así?
 
—¡Jaja! Bueno, está bien. Por aquí no es más cerca, pero hay algo que quiero que veas.
—¿Algo, qué cosa? —pregunté justificadamente desconfiado, y no di ni un paso más.
—Es una cosa que quiero que veas, vamos, no seas miedoso —me dijo con una sonrisa todavía más sospechosa.

La cosa no me gustaba nada pero lo seguí igual. De él era el vehículo en el que habíamos viajado, y de él era la escopeta que yo cargaba. Llevábamos un montón de palomas en el bolso, y todas eran para mí, porque él cazaba solo por diversión. Si no lo seguía podía quedarme a pie y solo con la mitad del la caza, además supuse que solamente debía tratarse de una tontería. Cada tanto él volteaba hacia mí con una sonrisa que ya me estaba resultando fastidiosa.

Mientras avanzábamos todo se fue volviendo gris. En una pausa que hizo para orientarse, vi la duda en la mirada de Ignacio, e intuí que no le gustaba mucho la idea de que la noche nos encontrara allí. Entonces le dije:

—Ya es muy tarde. ¿Qué es lo que quieres que vea? Vamos, ya se hace noche.
—Sí, se nos viene la noche. Bueno, está bien. Quería que vieras una cripta que hicieron ahí más adelante. No te iba a decir nada para que te sorprendieras.
—¿Una cripta? —le pregunté asombrado—. Así que era eso. Bueno, hoy no da para verla. Te salió mal la jugada.
—¡Espera! —exclamó —. Creí que estaba más lejos pero casi llegamos. Allí se ve la cripta. Vamos.

Miré y vi un muro blanco entre los árboles. Sentí bastante curiosidad. Una construcción así en aquel bosque, era algo tan raro que tenía que verlo. La habían levantado al pie de una pequeña colina que se elevaba en el lugar, por lo que era de suponer que tenía una parte subterránea. En un cementerio no me hubiera causado ninguna impresión, pero allí entre aquellos árboles, en medio de la nada, con el silencio apagando todos los sonidos y las sombras crecientes, sentí un escalofrío. Noté que Ignacio se encogió de hombros, como si sintiera frío de repente, y me dijo muy serio:

—Esta cosa da espantos. Cuando la descubrí era temprano por la tarde, y andaba con mi hermano y mi cuñado. Larguémonos de aquí. 
—Mala idea la de venir hasta aquí —dije ya apurándome—. Mala idea, la m...

Sabíamos hacia dónde estaba la ruta, y tratamos de tomar el camino más corto, aunque tuviéramos que cruzar por algunos matorrales. La noche se desplomó sobre el bosque de forma asombrosa por lo rápido que fue. Por suerte Ignacio llevaba un par de linternas. Mi compañero había sacado su cuchillo y maldecía mientras cortaba unas ramas para tratar de avanzar, cuando me pareció escuchar algo. Le puse la mano en el hombro y le hice una seña para que escuchara. Varios pasos, claramente de gente, avanzaban hacia nosotros. Ignacio apagó su linterna y yo hice lo mismo. No podía ser un grupo de cazadores, no llevaban ninguna luz, y en esa zona tan apartada no podía ser gente paseando en la oscuridad. No era algo normal, se sentía. Y parecían venir desde la cripta. Siguieron avanzando rumbo a nosotros como si pudieran vernos. Se notaba el apuro en aquellos pasos pero su andar no era muy ágil. Al imaginarme a aquella gente, o lo que fueran, me llené de terror. 

En la espalda llevábamos las escopetas pero solo teníamos cartuchos con perdigones diminutos, que solo de muy cerca harían un daño grande, y no pretendía dejar que aquellas cosas (porque no creía que fueran gente) se me acercaran. Huimos en una loca carrera, con los haces de luz de las linternas también enloquecidos. Fue una carrera espantosa y muy peligrosa. Algunas ramas intentaron detenerme pero solo se quedaron con trozos de mi ropa. Caímos casi al mismo tiempo en la zanja que había en el costado de la ruta. Nos volvimos inmediatamente para iluminar el límite del bosque pero no vimos nada. Agradecimos la suerte de salir cerca del vehículo, y nunca más regresamos a aquel maldito lugar.  

4 comentarios:

  1. ...y nunca regresamos a aquel maldito lugar.
    Y el pobre vampiro que les iba a pedir unas palomas para el guiso murio de hambre en el invierno.

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  2. ¡Jaja! Bien podía ser eso sí. ¿Pero quién se quedaría a averiguarlo? Yo no. Gracias por comentar y el buen humor. Saludos!!

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  3. Me gusta la manera en qué está narrada esta historia. Que sea presentada como una "anécdota" la vuelve más creíble y, por ende, más inquietante. Voy por las demás, a ver qué otras perlitas me encuentro.

    Saludos desde Chile!

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    Respuestas
    1. Gracias. Me gustan las historias así, es un recurso que uso bastante. Ésta particularmente se parece más a una anécdota porque la cree para narrarla en un video, donde tenía que quedar como algo real (aunque aclararía que es un cuento), pero al final la publiqué acá. Igual más adelante puede que la cuente. Los videos todavía están en un debe ¡jaja!
      Algo más vas a encontrar, hay más de mil cuentos de todo tipo. Saludos!!

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