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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

martes, 5 de septiembre de 2017

Terror En La Orilla

Hice una pregunta ya intuyendo la respuesta:
—¿Germán, sabes frente a qué orilla estamos o no?
—Buenooo... La verdad, no —me contestó—. Creo que giramos mucho.
Flotábamos en una laguna bastante grande, en un bote pequeño, era de noche y alrededor solamente veíamos niebla. Y más allá del agua solo había campo por muchos kilómetros a la redonda, y eso equivale a que la noche era silenciosa, y ese silencio de los espacios abiertos se corta  por instantes con ruidos lejanos o apagados de quién sabe qué.

—Eso estaba calculando —le dije—. Con esta niebla en cualquier momento podemos chocar contra algo, el bote se da vuelta, el borde le golpea la cabeza a alguno de nosotros, o a los dos, y mañana nos van a andar buscando con pan bendito.
—No, no creo que pase eso —me dijo—. En todo caso nos van a buscar pasado mañana, y seguro que nos encuentran bien fácil ¡Jajaja! 
—A mí no me hace ninguna gracia. Esto de andar en bote, es solo para accidentes.

Opinaba eso porque era la primera vez que andaba en bote, y no me daba ninguna confianza. Y andar en una noche can tanta niebla igual sería atemorizante aunque estuviéramos en tierra. Germán tenía más experiencia pero tampoco era mucha. El bote era de un tío suyo. Germán siguió bromeando, aunque por su voz noté que también estaba algo preocupado:

—Y si nos ahogamos, van a quedar dos puestos vacantes en la fábrica, y eso va a ser bueno para alguien ¡Jaja! Bueno, ya, hablando en serio, esto es una laguna, no andan troncos flotando ni nada, además en un bote a remos es muy difícil que vuelques al chocar, a no ser que uno se asuste y se mueva mucho —dijo esto último volteando hacia mí.
—No me voy a mover, si me estoy agarrando con todas mis fuerzas. Si volcamos me van a encontrar así, prendido a esta madera.
—¡Jaja! Ya déjate de hablar de desgracias e ilumina ahí adelante. 

La luz de la linterna se diluía en la niebla y en un reflejo borroso que se producía en el agua. Y no teníamos ni el consuelo de haber pescado algo. La laguna parecía sin vida esa noche. Flotábamos sobre oscuridad líquida, envueltos por niebla y silencio. No sabíamos si estábamos en el medio de la laguna (que era muy profunda) o cerca de una orilla. De repente noté algo sobre el agua, eran unas plantas, y le dije a germán que dejara de remar justo a tiempo; habíamos alcanzado una orilla.

—Ahora acampamos en esta parte, donde sea, hasta que sea de día y nos orientemos. Y después de todo da casi lo mismo.
—Mientras salga del agua no me importa donde sea —pero enseguida descubrí que no iba a ser así. 

Germán había tomado la linterna y examinaba dónde podíamos bajarnos cuando escuchamos unas risas que parecían de niños, de tres o cuatro tal vez. Sonaban contenidas, como si no quisieran delatarse pero no pudieran evitarlo, y por cómo llegaba el sonido parecía que estaba agachados, como escondidos. 

—¡Hola! ¡Aquí andamos unos pescadores en bote que la niebla agarró en el lago! ¿Hay una orilla buena ahí? —preguntó Germán. 

Avisar qué andábamos haciendo allí, sin dar mucha más información por el momento, era lo que correspondía. Era de suponer que había un campamento por allí, alguna familia, aunque a mí desde un primer momento me dio mala espina. No contestaron nada. El silencio se hizo profundo. Ahora lo más conveniente era largarse de allí. Podía ser gente que estuviera asustada de nosotros, o podían estar haciendo algo ilegal, o tenían alguna mala intención, o era algo peor, algo sobrenatural.

 Cuando nos alejábamos de nuevo escuchamos las risas. Sin dudas eran infantiles, por lo menos sonaban así, y ahora se les distinguía cierta malicia.  
Tratamos de alejarnos derecho, y atravesamos la niebla durante un tiempo que nos pareció muy largo. Finalmente divisé otra orilla, de nuevo justo a tiempo. Esta estaba llena de juncos, y detrás de estos de nuevo sonaron las risas, esta vez más abiertamente. La cosa estaba cada vez peor. ¿Cómo habían alcanzado la otra orilla antes que nosotros? A pie era imposible, no habíamos escuchado otro bote, ni a un vehículo bordeando la laguna, cosa que además sería muy difícil incluso con algún vehículo todo-terreno. ¿Y qué hacían unos niños en el medio de la nada, de noche y con aquella niebla espantosa? Como todos los amantes de la pesca, habíamos escuchado muchas historias de terror sobre lagunas embrujadas. Ahora estábamos viviendo una. Volvimos a lo que calculamos era el medio de la laguna y ahí tratamos de quedarnos. Con el amanecer empezó a soplar viento y la niebla se disipó. Para no quedarnos con dudas, aunque tuvimos que caminar bastante recorrimos toda la orilla, y no encontramos ni rastro de campamento ni de ninguna actividad reciente. 

5 comentarios:

  1. Me gusto estuvo bien ��

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    1. Gracias. A mí me encantó escribirlo. Lo hice imaginando una laguna que conozco, y en la cual casi caí una noche por culpa de la niebla ¡Jaja! Saludos!!

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