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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

lunes, 30 de octubre de 2017

El Disfraz De Halloween

Ya era la noche de halloween y yo sin disfraz. Me habían invitado a una fiesta ese mismo día y no estaba preparado porque eso no figuraba en mis planes, solo iba a ir al desfile como público. Salí, ya de noche, a buscar algún comercio que todavía estuviera abierto. Y en la fiesta iban a ir, según el organizador, un buen número de enfermeras aterradoras, vampiresas y amazonas. Iba a estar sin dudas muy divertida, y podía tener un final mejor, creí. Terminó siendo una noche de puro terror.

Los comercios de la calle principal donde podía haber disfraces, se encontraban todos cerrados. Empecé a pensar en algún disfraz casero, pero enseguida temí hacer el ridículo. Andaba a pie, y al llegar a una esquina un recuerdo acudió a mi memoria, aunque borroso. Siguiendo por aquella calle había, me parecía, una tienda de disfraces, aunque hacía mucho tiempo que la había visto. Las esperanzas eran pocas y el lugar estaba a muchas cuadras pero no me quedaba otra. Durante las primeras cuadras me crucé con grupos de disfrazados que iban rumbo al desfile. Sentía el ambiente festivo en el aire. Algunas carcajadas venían por las calles transversales, y aparecían todo tipo de personajes grotescos en su mayoría, también un par de gatúbelas y una bruja sexi. Pensaba en la fiesta cuando noté el cambio. Me había alejado de la zona más transitada y caminaba por una parte silenciosa. Pensé que eran casi todas casas de viejos, porque parecía que todo el mundo ya se había acostado por allí.

“La tienda seguro que está cerrada”, pensé sin esperanzas, mas ya había caminado hasta allí, tenía que seguir. Quedé sorprendido cuando vi que la tienda estaba abierta. Pronto estuve rodeado de muchos estantes con máscaras de terror, y algunos maniquíes donde se exhibían trajes. La tienda se encontraba muy surtida pero todo estaba lleno de polvo, y no había que ser muy observador para notarlo. “Debe vender muy poco porque el punto es muy malo”, supuse. Me arrimé a un mostrador alto. No había nadie. Al mismo tiempo que golpeaba el mostrador noté algo a mi derecha. Primer impresión fea. Un payaso espantoso de tamaño realista que estaba sentado en una silla, me miraba fijamente. Quedé como de piedra ante aquella mirada negra. Cuando la impresión aflojó un poco me pregunté si estaba viendo a un muñeco grande o a un disfrazado, tal vez al dueño del lugar, o al que lo atendía. El payaso era tan horrible que me costaba mirarlo. Me inclinaba a creer que era un muñeco o un maniquí completo cuando levantó un brazo y me señaló. 

No sé qué reflejo me hizo saltar hacia arriba del susto. Casualmente, al saltar así noté algo que estaba detrás del mostrador, en el suelo. Sin perder de vista al payaso, miré por encima del mostrador y lo vi bien; era un hombre que estaba tirado, y por la expresión de su cara y como le asomaba y colgaba la lengua, supe que estaba muerto. Entonces el payaso lanzó una carcajada que me heló la sangre, mientras me seguía señalando. Salí de allí como si el mismo diablo me persiguiera. No había recuperado bien el aliento cuando llamé a la policía. Hablar sobre lo del payaso aterrador no fue fácil para mí, pero no podía omitirlo porque se iban a dar cuenta de que ocultaba algo. El tipo caído era efectivamente el dueño del lugar, y lo habían estrangulado. Pasé toda esa noche de halloween, y gran parte del día en la comisaría. Como era inocente y no había ni una prueba contra mí, me dejaron ir. Un policía, que aparentemente desde el comienzo no había creído que yo fuera el culpable, me dijo que me habían demorado más por el asunto del payaso, que aunque sin dudas podía uno confundirlo con una persona disfrazada, solo era un muñeco que de ninguna forma podía haberme señalado ni lanzado una carcajada.  

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