¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Buscar en este blog

lunes, 13 de noviembre de 2017

Horror En La Morgue

Yo había quedado fuera del hospital y estaba muy nervioso. Varias veces tuve la intención de irme. No tenía una verdadera obligación con aquella gente, solo eran conocidos; mas estaban pasando por una tragedia tan grande que no pude negarme.
Se había accidentado en auto una pareja: a él lo conocía bien; a ella apenas, pero sí tenía más trato con los padres de él, unos viejos ya llenos de enfermedades. Son mis vecinos y vivimos en una zona rural. Después de que les avisaron que su hijo se había accidentado gravemente, fueron hasta casa para ver si los podía llevar, porque la señora no maneja, y el don se encontraba muy alterado. Por la cara de uno de los médicos que les hablaron en el hospital, calculé que la cosa era realmente fea. Yo no quería lidiar con eso. Mientras operaban a los accidentados salí a tomar aire. La espera fue larga. Por fin vino el don, temblando y llorando, y me dijo que los dos habían fallecido.

Le puse una mano en el hombro diciéndole que lo sentía y todo lo que suele decirse en esos casos. Pensé que mi ayuda terminaba allí, no podía hacer de chofer de ellos todo el día, tenía mis propios asuntos, aunque reconozco que no eran tan graves. Me iba a excusar cuando el viejo me pidió que fuera a reconocer el cuerpo de su hijo.

—Pero, ¿su hijo no andaba con los documentos? —le pregunté—. Supongo que sí, porque así les avisaron a ustedes, ¿no?
—Sí, pero no los vimos desde que los trajeron aquí, y alguien tiene que reconocerlos, es lo que se hace —me explicó, y se tapó la cara con las manos—.Yo lo haría pero, desde hoy siento una cosa acá, en el pecho. Aquella, ni pensarlo, no aguantaría. Y si voy yo y tampoco aguanto, dejaría a la pobrecita sola. Ella no duraría nada sola. Bueno, tal vez sea mejor que los tres nos vayamos casi juntos. 
—No piense en esas cosas, don. Si sirve yo voy entonces —tuve que decirle. 

Ya se los habían llevado a la morgue, y allá fui yo, guiado por una enfermera. Ella me indicó que esperara afuera. Enseguida salió y me comunicó que todavía no entrara, que los médicos me iban a avisar, y agregó un detalle que me asqueó, dijo que había muchos cuerpos abiertos. Me arrepentí de aceptar aquel encargo. Dónde estaban los parientes de ellos, me preguntaba, por qué tenía que ser justamente yo el que hiciera aquello. Esperé. Había un banco que examiné bien antes de sentarme, porque ahora todo aquel lugar me daba asco. La espera fue larga, pero cuando salió un tipo a avisar que podía pasar, deseé que hubiera sido más larga. “Trata de no mirar todo”, pensé al entrar “No quiero este lugar en mi memoria”. Igual miré todo. En el fondo había varias camillas, o mesas, y sobre ellas cuerpos, por suerte ya con sus órganos adentro. Los dos doctores le daban la espalda a esos y ya se encontraban examinando a mis conocidos. Por lo menos no estaban tan mal como supuse, y pude reconocerlos con facilidad.

—Bien, muchas gracias —me dijo uno de los médicos—. Disculpe la demora, pero esos cinco cuerpos que ve ahí nos tenían muy ocupados.
—¿Cinco? Ahí solo veo cuatro.
—¿Qué? ¿Como que solo...? —preguntó extrañado volviéndose hacia las mesas. 

Los dos quedaron con la boca abierta y después se miraron. Solo eran cuatro, y en el fondo había una puerta abierta. Entonces reaccionaron como si ya supieran qué hacer. Uno me dijo que me fuera inmediatamente, ¡como si necesitara decirme eso! Cuando salía miré sobre mi hombro y, ¡sorpresa! Uno de los médicos había sacado un revólver y le ponía un silenciador, y el otro estaba en eso, y así corrieron rumbo a la puerta abierta del fondo. La urgencia de los tipos indicaba que era algo grave. Cuando me alejaba por el pasillo creí escuchar el sonido contenido de varios disparos. Ese día, al siguiente y al otro estuve atento a las noticias pero no pasó nada sobre eso. Médicos armados en la morgue, y un cadáver que aparentemente se había levantado. Eso me hace suponer que el asunto de los zombis no es solo cosa de cuentos de terror o películas. Sospecho que es algo no solo posible, sino mucho más normal de lo que las autoridades nos quieren hacer creer, por lo menos en estos tiempos. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

¿Te gustó el cuento?