¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

lunes, 27 de noviembre de 2017

La Pareja

Las carcajadas y gritos de la pareja se escuchaban desde lejos en la noche solitaria y fría. Rubén y Sofía caminaban abrazados y lentamente, mareados, y reían por cualquier ocurrencia del otro, o por un simple ataque de risa. Todos sus fines de semana eran así, y algunos días de semana también; pero en este iban a pie porque se habían gastado hasta el dinero para el taxi. Pasaban por una zona donde todas las viviendas eran casas de familias. Los perros les ladraban detrás de las rejas o los muros. Los ladridos repentinos los habían asustado varias veces, pero después solo reían más y los perros quedaban furiosos.
También hicieron que algunas luces se encendieran, y varias persianas y cortinas se corrieron un poco ante el paso escandaloso de la pareja juerguista. Y así siguieron mientras iban hacia la vivienda de Rubén. Este, en un momento dado la miró de reojo mientras ella se pasaba la manga del abrigo por la cara, para secar las lágrimas que se le habían escapado de tanto reír.

Pensó si Sofía sería para él solo eso, una excelente compañera de parranda, o si podría ser una compañera para toda la vida, además de la madre de sus hijos. Ciertamente se divertía mucho con ella, también cuando estaban sobrios, y se sentía feliz en su compañía hasta cuando simplemente compartían alguna comida en la calle o en la casa, o miraban tele, o cuando caminaban tomados de la mano. La imaginó con unos años más y cargando a un bebé en los brazos, y le agradó la imagen. Después Rubén sonrió, negó levemente con la cabeza y levantó la mirada hacia el cielo. “Pero por qué estoy pensando en esto, debo estar más borracho de lo que me parece”, pensó. “Esta, casada y con hijos, no, no la veo. Bueno, algún día puede ser que tenga hijos, como casi todas; pero ahora, a corto plazo, no, solo a mí se me ocurre. Si le propongo algo más serio me va a largar, casi seguramente”.

Él dejó de abrazarla y puso las manos en los bolsillos del abrigo; mas ella lo apretó más. Siguió pensando en la que iba a su lado. Era un espíritu libre, alocada, hasta desvergonzada, pero él no había escuchado que ella fuera así siempre, con otros tipos, y bastante había indagado. La ciudad era chica y todo el mundo se conoce. La duda que sentía ahora era qué era él para ella. Temió perder lo que tenía. Mas enseguida meneó la cabeza de nuevo. “No puedo enredarme en serio con ella. Es, para esto nomás. Seguro que fui su liberación, y después va a seguir así con cualquiera, sí seguro”, pensaba ahora sonriendo amargamente. El frío de la madrugada le enfriaba las mejillas y refrescaba su pensamiento. “¿Y si ella está pensando lo mismo que yo? No sé si en esta ciudad hay alguien más amigo de la noche que yo. Puede que ella piense que quiero seguir así para siempre. Sí, y tendría muchos más motivos para creer eso de mí”. 

Seguía sumido en sus cavilaciones, cuando de pronto un ladrido fuerte lo asustó. Al mirar hacia un muro bajo, un perro grande y amenazante había asomado la cabeza. No salía de su sorpresa cuando la cabeza del perro desapareció, el animal bajó del muro; pero antes de que pudieran reírse, el perro se encaramó al muro y saltó a la calle. Enseguida avanzó hacia ellos enseñando los colmillos. Rubén no lo dudó, se interpuso entre Sofía y el perro, y estuvo dispuesto a hacer lo que pudiera para defenderla. No fue necesario. En ese momento se escuchó un grito, que era del dueño del perro, y un viejo salió de la casa dándole órdenes para que retrocediera. Tuvieron suerte porque justo el viejo se había levantado, y por el ladrido furioso y luego la pausa, había deducido que el animal había saltado el muro, porque ya lo había hecho anteriormente. El tipo, ya con su animal controlado, les preguntó si estaban bien; ellos dijeron que sí y siguieron. El susto los había refrescado más todavía.

—La próxima salida, mañana o pasado, voy a apartar la plata para el taxi —le dijo él—. Es peligroso venir así.
—Sí, o si quieres dijo ella abrazándolo muy fuerte—, no salimos y quedamos mirando tele, si quieres. Digo porque, sé que gastas mucho en las salidas y... tal vez quieres ahorrar o algo así. Digo, porque no siempre podemos pasarla así, ¿no? No sé, pensaba.
—Está bien. O podemos simplemente salir a pasear de tarde en el parque, como hacen esas familias. Si quieres, si te parece.
—Me parece sí, quiero. 

Y los dos siguieron por la madrugada, abrazados en silencio.    

3 comentarios:

  1. Oh no algo entro en mis ojos petreos y sin alma y me hizo lagrimear jejeje..naa,enserio esta bueno el cuento y formaran una buena pareja..saludos tocayo. W💪

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Jajaja! No da para tanto, pero sí estoy seguro que más de uno podría identificarse con este cuento. Eso si me leyera más gente ¡Jaja! Gracias Willy. Saludos!!

      Eliminar

¿Te gustó el cuento?