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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

viernes, 10 de noviembre de 2017

Llamada Perdida

Éramos tres amigos cenando en mi apartamento. Sonó el celular de Aníbal, él miró el aparato, se notó que se impresionó mucho y empezó a toser pero sin fuerza. Estábamos comiendo carne asada, y se me había secado un poco, por eso temí que se estuviera ahogando. Mi otro amigo, Wilmar, dejó escapar una sonora carcajada mientras señalaba a Aníbal.

—¡Jajaja! Eso te pasa por comer tan rápido —le dijo Wilmar. 
—¡No seas imbécil, se está ahogando! —exclamé al mismo tiempo que me levantaba.

Iba a intentar desahogarlo pero Aníbal me detuvo levantando su mano, y con un hilo de voz me dijo que estaba bien. Tomó un buen trago de gaseosa, se pasó la mano por el pecho y nos indicó que estaba bien, ahora con un gesto. Wilmar había callado de pronto y quedó serio.

—Perdona que me riera, creí que no era tanto —se disculpó después Wilmar. 
—Está bien, me atraganté por un instante nomás y pasó enseguida. Tomó otro trago y sigo. No pasó nada.
—Menos mal. ¿Pero qué decía ese mensaje que te impresionó tanto? —le pregunté.
—No era un mensaje, era llamada, y no contesté porque era un número desconocido —me aclaró él después de echarse otro trago—. Pero me impresionó mucho, no sé por qué esta vez, porque seguido pasa esto, pero esta me recordó algo bien feo que me pasó hace unos años, con una llamada desde un número desconocido.
—¿Qué cosa? —lo interrogué—. No recuerdo que nos contaras, por lo menos a mí no.
—A mí tampoco –dijo Wilmar. 
—No se lo conté a nadie, porque es muy increíble. ¡Pero qué diablos!, se lo cuento a ustedes, así me saco eso de encima.
—Claro, eso hace bien —le dije, ansioso por escuchar su historia. 
—Fue cuando estaba alquilando del otro lado de la ciudad. Volvía del trabajo de noche, porque hacía siempre alguna hora extra. Andaba a pie. Enfilé por una calle que sabía que si la seguía iba a terminar en la manzana donde estaban las piezas donde alquilaba, pero nunca antes la había recorrido. No andaba casi nadie pero parecía una zona tranquila. En un tramo vi que adelante estaba bastante oscuro, y recién mucho más adelante volvía la claridad. Eran algunos focos quemados, era de suponer. Cuando iba en el medio de ese tramo oscuro, me sobresalté cuando sonó mi celular. Una llamada de un número desconocido. No atendí y dejó de sonar. Nada raro. A la noche siguiente, cuando pasaba por el mismo lugar, otra llamada desconocida, esta de otro número. No contesté pero miré hacia todos lados. Me parecía demasiada coincidencia que llamaran cuando pasaba por el mismo lugar. Volteé hacia una casa vieja y aparentemente deshabitada que estaba a mi izquierda, y sentí algo feo aunque vago. Pero al otro día, al pensar en eso, me dije que me estaba metiendo cosas en la cabeza, y que no debía ser nada. Al otro día no trabajé. Fui a visitar a mis viejos, y los encontré discutiendo e inclinados sobre un celular que tenían sobre la mesa. Era nuevo y los viejos no lo entendían. Intenté enseñarles pero no hubo manera. Al final papá dijo que no le servía porque él tenía los dedos muy gruesos, lo que es cierto. Era uno de esos celulares con números diminutos. Entonces quisieron regalármelo. Yo quise que se lo quedaran, pero cuando se empeñan en algo... Ustedes los conocen. 

“Quedé con un celular nuevo. Obviamente tenía otro número, todavía no venían los que se le cambia el chip. Pensé en avisarle a mis contactos pero me olvidé. Igual cuando fui a trabajar el lunes fui con el nuevo. Cuando volvía de noche, al ver de lejos la parte oscura empecé a inquietarme. Traté de sacarme esos miedos de la cabeza y seguí. Frente a la casa abandonada, di un brinco del susto que me llevé. Sí, otra llamada de un número desconocido. Eso ya era más que raro; no era el mismo aparato y nadie de mis contactos conocía el número, lo que hacía más improbable que un desconocido si lo conociera. Me detuve, y hasta ahora no entiendo bien cómo decidí contestar. Ahí vino el terror. Escuché una voz horrible, profunda, demasiado vibrante y que hablaba en una lengua extraña, pero eso no era lo peor; lo peor fue que no sonaba desde el aparato, venía de algo que se encontraba detrás de mí. Digo algo, y no alguien, porque no sonaba del todo humana. El terror que sentí en ese momento fue algo indescriptible, ni voy a intentar hacerlo, no me entenderían. Perdí todas las fuerzas y sentí que caía. Ahora estoy aquí con ustedes gracias a una familia que pasaba en auto en ese momento,  para mi suerte el que manejaba era médico y su instinto hizo que parara enseguida y me socorrieron. Apenas me alejaron de aquel lugar me sentí mejor. Una caída en el nivel de azúcar, supuso el médico, y yo no les dije lo que había pasado, porque estaba claro que ellos no habían visto a nadie. De no ser por esa gente, seguramente esa cosa me hubiera llevado dentro de la casa. Qué era, qué fue eso, no lo sé y creo que nunca lo sabré. Ahora están enterados. 

2 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias. Quería hacer uno con el tema de los celulares. Parece que no le gustó a muchos ¡Jaja! Saludos!!

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