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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

jueves, 9 de noviembre de 2017

Misterio En El Cementerio

Los cipreses del cementerio se hamacaban y suspiraban, y arriba en el cielo pasaban y pasan nubes grises. El aire era cálido, cargado de humedad, todo indicaba que se aproximaba una gran tormenta. Paulo y Javier estaban haciendo algunos trabajos en la parte vieja del cementerio. Los pastos se empeñaban en levantar las baldosas de los senderos, y muchas malezas se recostaban en las paredes de los viejos panteones. Estaban en la parte más antigua del cementerio. Allí abundaban las estatuas y otros monumentos, reliquias inquietantes de una época más próspera en la ciudad. A Javier no le gustaba trabajar allí, y mucho menos andar en aquella parte tan lúgubre, y lo feo de la tarde no mejoraba las cosas. Cada poco rato dejaba de arrancar pastos y miraba hacia arriba.
 
—Esto está feo, don Paulo, ¿no será mejor abandonar por hoy? —le preguntó finalmente Javier a su veterano compañero. 
—Está feo pero demora, demora todavía —le contestó el viejo mientras arrancaba una maleza con sus propias manos—. Y si llueve, que yo sepa el agua no ha matado a nadie.
—¿Y a los que se han ahogado?
—Bueno, a esos sí. Pero un poco de lluvia no te va a matar a vos. Ponéle la pata arriba de la baldosa, así sale con raíz y todo pero sin romper más, así.

Siguieron trabajando, el viejo indiferente a las amenazas del clima; el joven levantando la vista reiteradas veces hacia las nubes que se acomodaban y desacomodaban formando un cielo descompuesto que oscurecía prematuramente la tarde. Y el preocupado tenía razón. Algo cayó y se hizo pedazos contra un ángel de renegrido yeso. Los dos trabajadores se enderezaron preguntándose qué había sido aquello. Otra cosa rebotó en el sendero, una parte se hizo pedazos pero la mayor rodó hasta quedar sobre el pasto.

—¡Son piedras! —gritó Javier—, ¡piedras del tiempo!
—¡Ay! ¡Una me dio en la espalda! —Exclamó Paulo—. ¿Por qué no me avisaste que estaba tan feo? ¡Otra más, esta me dio en la pata! 

Javier abrió la boca pero se contuvo porque solo podría decirle disparates al viejo. Los dos salieron corriendo, agazapados. Las piedras de hielo eran enormes, como huevos de gallina, y desde la altura que caían e impulsadas con el viento eran un peligro enorme. Se estrellaban aquí y allá, ahora entre una lluvia de goteras grandes, rebotando, rodando, desprendiendo lascas heladas al chocar contra las cosas duras de cementerio, quebrando viejos jarrones... Tenían que guarecerse ya, y estaban muy lejos de la casilla. En el preciso momento en el que Javier pensaba eso, divisó la puerta entreabierta de un mausoleo. Bajo ninguna otra circunstanciara se hubiera lanzado hacia allí. La lluvia de piedra arreciaba. Entró, y lo primero que hizo fue intentar escudriñar hacia el interior de la vieja construcción. Se encontraba en un tipo de descansillo, más adentro una escalera de piedra bajaba hacia la oscuridad. Pensaba en el horror que podía haber allá abajo, cuando su compañero entró como una tromba por el apuro, tropezó y lo pechó.

 Como resultado del accidente los dos rodaron escalera abajo. No eran muchos los peldaños, pero por la forma en que rodaron se golpearon muchas veces, aunque todo pasó tan rápido que recién sintieron dolor cuando ya estaban abajo. Habían caído gritando, y quedaron quejándose de dolor, Paulo intentando ponerse de pie; Javier tanteando la oscuridad del suelo para encontrar un peldaño y empezar a trepar la escalera a gatas, que era la forma más segura en aquella oscuridad. 

Pero los dos quedaron quietos de golpe. El ruido de afuera no era poco, mas distinguieron otros que venían de allí. Losas pesadas eran movidas, arrastradas hacia un lado, sonaban algunos arañazos, y enseguida muchos pasos resonantes se movieron rápidamente hacia ellos. Nunca más volvieron a saber algo de esos dos, pasaron a ser un misterio. 

8 comentarios:

  1. Buenos estan los cuentos de cementerios tambien amigo. Saludos tocayo. .W

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    1. Gracias Willy. Mucho material se puede sacar de ese escenario. De hecho, ahora se me ocurrió otra historia, al pensar en cementerios recordé la casa de mi hermana, que vive cerca de uno. Sale un cuento narrado en primera persona ¡Jaja! Gracias y saludos!!

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  2. Con las piedras del cielo me hiciste acordar que acá en Formosa hace poco cayeron unos granizos enormes como pelotas de tenis! Jaja excelente cuento Jorge, Saludos!!

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    1. Hola. Por suerte las piedras no te agarraron en el cementerio ¡Jaja! Es el cambio climático que no es broma. Cuando yo era chico caía piedra allá cada tanto, una, dos veces al año, algunos años nada. En estos últimos tiempos, recuerdo particularmente un año cuando yo trabajaba de noche, en un año hubo cerca de treinta lluvias con piedra, aunque chicas. Ahora difícil que baje de diez veces por año. Por suerte casi siempre son chicas. Hace cuatro días, en mi barrio (en la ciudad de Tacuarembó, Uruguay) cayeron unas chicas, en otras partes como un huevo chico de gallina. Seguido lo comento, el cambio climático es brutal. Bueno, muchas gracias por comentar. Vuelve pronto. Saludos!!!

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  3. Me encantan tus historias, ya me he convertido en casi un fan secreto jeje. Saludos desde Venezuela!!

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    1. Gracias. Lo importante es que visites el blog. Si puedes comentar, mejor. Saludos!!

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  4. Me encantan tus relatos! Saludos desde México, no dejes de escribir sobre todo de terror mis favoritos

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    1. Muchas gracias. Ahora en octubre, el mes del terror, voy a publicar unos cuentos nuevos. Saludos!!

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