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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

sábado, 11 de noviembre de 2017

Turismo De Terror

En el vehículo, adelante iba discutiendo la pareja, y atrás los dos niños se peleaban entre risas. eran unos turistas. La mujer le reprochaba a su marido la decisión de haber tomado aquella ruta, y de noche, lo que la hacía más peligrosa porque se encontraba en muy mal estado. Y en ese momento no sabían que ese paraje era peor de lo que creían.
Regresaban de unas vacaciones. Disfrutaron tanto de sus días de turistas que decidieron quedarse el mayor tiempo posible. La señora estuvo de acuerdo en ese momento, pero después, circulando por aquella ruta en mal estado entre saltos y sacudidas, le achacó toda la culpa al marido.

—Solo a vos se le ocurre cortar por aquí —le reprochaba ella—, ¡y de noche! Arriesgando a tu familia. 
—Claro, claro, ahora toda la culpa es mía. Pero decime vos, ¿cómo vamos a llegar a tiempo el lunes si no cortamos por aquí? Claro, criticar es fácil, pero a la hora de aportar, nada. Y no me distraigas, porque por si no te diste cuenta es difícil manejar por aquí.
—Sí, mejor concéntrate. ¡Ahí hay otro pozo! Bueno, trata de esquivar alguno por lo menos. ¡Y ustedes ahí atrás, dejen de darse manotazos, sino la próxima vez los dejamos con sus abuelos!¿Quieren eso, eh? Ya van a ver...

Y así siguieron por muchos kilómetros. Llegaron a una parte donde la ruta mejoraba un poco pero el paisaje se hizo más desolado. A ambos lados había cerros que estaban cubiertos de monte o plantaciones de eucaliptos. La noche era clara, había luna llena, y las irregularidades del terreno se recortaban nítidamente en el horizonte. También dejaron de cruzar por otros vehículos. Hasta los dos niños se impresionaron con la soledad del paisaje nocturno y quedaron quietos. Los cuatro estaban callados cuando sintieron un ruido fuerte y el auto se fue de golpe hacia un costado, por eso gritaron a la vez. Pero el hombre tenía mucha experiencia manejando y lo controló, lo enderezó hacia la banquina y frenó. 

—¿Están todos bien? —les preguntó—. Creo que pinchamos.
—¡Ay, que susto! Ojalá sea eso y no algo peor, pero creo que es otra cosa peor —comentó la mujer.
—Que optimista. Quédense aquí mientras pongo las balizas. Después voy a ver qué es. 
—Papá, dame una linterna —le dijo uno de los niños.
—Bueno, pero no creas que voy a dejar que se aparten del auto, ninguno de los dos. Miren alrededor, todo está lleno de árboles y quién sabe qué puede andar por ahí.
—Fantástico, ahora asustas a los niños, como si no bastara con casi haber volcado. ¿Por qué mejor no les cuentas un cuento de terror, eh? —dijo la mujer con sarcasmo.

El tipo se bajó sin contestar, aunque cuando estuvo afuera murmuró unas cosas. Resultó que solo era un reventón. Mientras el hombre cambiaba la rueda y su mujer lo ayudaba iluminando con una linterna, los niños encendieron otra y la apuntaron a los árboles que estaban a escasos metros. El foco de luz pasaba de tronco en tronco, se hundía en la fronda, creaba sombras que se movían contrariamente al haz, y de pronto iluminaron a un hombre que estaba agachado y quitándose la piel de la cara con las manos. Los hermanos gritaron al mismo tiempo y así corrieron hacia el auto. Ante las preguntas nerviosas de los padres solo señalaron hacia donde habían visto aquello tan aterrador.  El padre deseó que no fuera nada, pero allí estaba el sujeto. Empapado por una baba mezclada con sangre, se había arrancado la ropa y ahora hacía lo mismo con su piel. La boca y la nariz ya se le estaban hinchando hacia adelante, se le empezaba a formar un hocico. Empezaba a transformarse en un hombre lobo.

Un grito de su mujer hizo reaccionar al padre. Le gritó a ella que también entrara y pusiera el seguro; él tenía que terminar de ajustar la rueda, porque sino no podrían escapar lejos. Su desesperación era extrema y eso no ayudaba: Se le caían las tuercas, se le caía la llave, o zafaba, mientras el hombre lobo empezaba a rugir, a sacudir todo y a romper ramas mientras se trasformaba. Adentro del auto su familia gritaba que se apurara. Todavía le faltaba una turca pero con eso tenía que bastar, no podía dejar a su familia ni un segundo más en aquel lugar. Cuando arrancó el auto aceleró imprudentemente. Se alejaron dejando atrás una nube de polvo y goma quemada. Enseguida empezaron a sentirse aliviados, pero repentinamente algo salió del bosque, un hombre lobo enorme como un oso. Tal era la fuerza de la bestia que los hizo volar hacia un costado cuando los embistió. El auto dio varias vueltas y cayó del otro lado justo donde había un barranco muy alto. El auto explotó allá abajo y el asunto quedó como un accidente más, uno de los tantos que pasaban en aquella ruta, donde solo algunos turistas de paso se aventuraban. 

3 comentarios:

  1. Excelente como siempre amigo.Los de hombres lobo uno de mis favoritos jeje..saludos tocayo👍..W

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    1. Gracias Willy. Sé que te gustan los de hombres lobo. Este estaba muy grande porque había comido muchas hormigas, tú entiendes ¡Jaja! Saludos!!

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    2. Jajaja sii supuse que asi fue jeje..saludos tocayo

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