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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

domingo, 26 de noviembre de 2017

Venta De Terror

Como temía, aquel “gran empresario” me hizo esperar, y apareció frente al local cuando ya era noche. Bajó del auto; era un veterano muy grueso y con bigotes de morsa, enormes y caídos hacia abajo. Quedó parado allí y tironeó de un lado y otro de su traje mientras miraba si alguien venía por la calle. No se estaba acomodando el traje, era para ver si cruzaba por allí algún conocido, y que así lo viera haciendo otro negocio. Eso se adivinaba fácilmente. Al fin se acercó a mí pero mirando la fachada del edificio, y me ofreció la mano con muy pocas ganas.

—Buenas noches —lo saludé —. Lo acompaño a que vea el local.
—Sí, a ver que tan mal está, bastante supongo por lo que se ve acá afuera —me dijo mirando todavía hacia arriba y hacia los lados.

Cuando abrí la puerta para encender la luz sentí un olor raro y eso me preocupó. Sabía que el tipo iba a intentar bajar el precio, y aquello le iba a dar una buena excusa. El olor parecía, antiguo, lo describiría bien, pero no a moho, era diferente, también olía un poco a algo podrido. Me extraño, porque por la tarde había recorrido todo el edificio junto al dueño de la inmobiliaria, y no habíamos sentido aquello. El potencial comprador hizo un gesto de desagrado, sacó un pañuelo y se lo puso delante de la nariz.

—¿Qué es ese olor? —me preguntó mirando hacia todos lados—. ¿Hay algo muerto por ahí?
—Puede ser algún pájaro en el techo, o un gato pequeño, y tal vez no viene de adentro —se me ocurrió decir—. Pero ya pasó, fue como una ráfaga nomás.
—Sí, parece que se fue —comentó apartando un poco el pañuelo, volvío a contemplar todo—. ¿Y este salón qué sería?
—Como usted debe saber, esto era una escuela, así que seguramente esto era el salón de actos, y probablemente también servía como patio los días de lluvia. Por allí están los otros salones. Como ve, las paredes son muros muy gruesos, de los ladrillos de antes, esos que eran grandes.

Y le empecé a mostrar todo el local. No me gustaba la actitud del tipo. Le daba golpesitos a las puertas, tanteaba los picaportes, arañaba el revoque aquí y allá, y donde cayera una lasca así solo fuera de pintura, se acercaba a mirarla y después me miraba a mí. Y continuamente meneaba la cabeza como si no lo convenciera. Intentaba bajar un precio ya bajo. Me desagradaba sobre todo, que aquel sujeto hubiera tenido la suerte de ganar la lotería. Desde ese golpe de suerte se había dedicado a comprar locales y casas para después alquilarlos. Tenía muchas ínfulas de empresario, pero solo era un malnacido afortunado. Lo llevé por todos los salones, los baños, y también quiso ver el patio del fondo. Yo tenía todas las llaves. Abrí aquella vieja puerta con pocas ganas. Afuera no había nada que ver, porque la noche era oscura y allí no había luz. Volvimos a entrar. En ese momento sonó su celular. Lo atendió, y con gestos me dijo que era importante, que lo esperara. Como si fuera algo secreto, entró a uno de los salones que acabábamos de ver. Yo quedé en el pasillo, impaciente. Cuando salió estaba completamente pálido, y miró rápidamente hacia un extremo del pasillo y hacia el otro.

—¿Y el niño dónde se metió? —me preguntó, sus ojos estaban enormes y no cerraba del todo la boca—. ¿O era un enano? Porque se veía como viejo, aunque era de este tamaño.
—¿Niño? Aquí no pasó nadie, estamos solos.
—¡Pero yo lo vi! ¡Salió, creo, de atrás de la puerta y corrió hacia aquí! ¡No hay forma de que no lo vieras!
—¡Ah! Ya sé lo que pretende —le dije entonces dejando a un lado la amabilidad—. Está jugando la carta de “el lugar está embrujado”, para que le hagan una rebaja. Pues sepa que el precio final es ese. Lo toma o lo deja.
—Lo dejo —se apresuró a decir—. Esto realmente debe estar embrujado. Ahora no me puedo sacar la cara de esa cosa de la mente, y me dan escalofríos —aseguró empalideciendo todavía más. 

Él no podía correr, solo se fue lo más rápido que pudo. Me dejó pensando. Que intentara rebajar el precio con lo que pudiera era algo de esperar, ¿pero cómo había hecho para quedar tan pálido? ¿Sería tan buen actor el tipo aquel? Fui apagando las luces de los salones desde el fondo. Al apagar la del salón grande me sentí aliviado, pero enseguida maldije porque me acordé que no había  cerrado con llave la puerta del fondo. Volví a encender la luz del pasillo, caminé apresuradamente, ya bastante asustado, y cerré la maldita puerta. Apenas me volví para irme, sonaron pasos detrás de mí. Me detuve y los pasos se detuvieron muy cerca de mí. Habían sonado cortos, como si me siguiera alguien pequeño. Hacía un instante no había nada allí y ahora había algo detrás. Ahí empezó el momento más largo, aterrador y torturante de mi vida. 

Completamente tieso por el terror, igual seguí caminando sin voltear. Cuando empecé a moverme, los pasos de atrás también. Y empezó a reírse bajo. Era una risa infantil pero se le entreveraban unos sonidos muy graves que parecían emitidos desde un pozo. Estuve al borde de la muerte y la locura, el terror fue indescriptible. Si aquello me hubiera tocado, saltado sobre mí o dicho algo, mi corazón no hubiera aguantado ese golpe de terror. Eso me siguió hasta la puerta. Salí tan tieso de miedo que no la cerré, pero cuando alcancé la calle está se cerró con fuerza, y también se apagaron las luces. 

4 comentarios:

  1. Saludos tocayo acabe de leerlo de noche en el trabajo justo sin luces por una fuerte lluvia jeje para amenizar el ambiente..W💪

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    1. Sin luces, lluvia, solo faltan unos relámpagos y truenos y sería el escenario perfecto para leer cuentos de terror, y para que te pase algo de terror ¡Jaja! Gracias Willy. Saludos!!

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    2. Willi vos ngo trabajas en itaipu kape como pico no vas a tener luz lekaja xD
      (broma para Will) saludos jorge!

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  2. Geniooo aun de dia me hice la película 🎥 de sólo leerlo 😈

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