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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

domingo, 22 de abril de 2018

El Robo

 Sentí que todos estaban siendo muy sinceros con sus anécdotas. Tal vez era porque el grupo se estaba por disolver y hacía muchos meses que trabajábamos juntos, y normalmente, con tanto trabajo y cansancio encima ninguno tenía muchas ganas de hablar durante los mezquinos ratos de descanso; y ahora que íbamos a compartir una comida por última vez, cada uno quería dejar un recuerdo en los otros, porque casualmente todos éramos de lugares diferentes y distantes, y las posibilidades de vernos de nuevo eran pocas.
O podía ser solamente esa amistad espontánea que surge cuando un grupo rodea una fogata, aunque a nuestro alrededor no había un bosque, estábamos rodeados por máquinas de construcción. Una buena cantidad de chorizos se asaban en una parrilla que habíamos construido con trozos de varillas y alambre, y las historias se sucedían una tras otra.

Como casi siempre pasa en ocasiones así, de noche y rodeando una fogata, no faltaron las historias de miedo. Hubo varias buenas, pero de todas resaltó la de Pedro, un tipo muy tostado por el sol que tenía unos bigotes espesos y una cabellera como de indígena. Después de hacerse rogar un poco mientras atizaba el fuego con una madera, empezó su historia con una voz muy grave:

—Fue durante un tramo complicado, por decir algo, de mi vida. Malas juntas, malas decisiones y poco pensar. Quiero aclarar primero que fue algo que dejé muy atrás en el tiempo —nos dijo observando a todos un instante, después volvió a revolver las brasas y a su historia—. Tenía un conocido, no voy a llamarlo un amigo, que se metía en casas y... robaba. Una vez me invitó a entrar a una y yo, con la cabecita que tenía en esos tiempos le dije que sí. Bobo que fui, como diría mi madre, que en paz descanse. Quedamos en encontrarnos a las dos y media de la madrugada frente a la casa, cada uno iba a ir por caminos diferentes, a pie andábamos. Toda esa cuadra era oscura y frente había un terreno baldío grande, y pensé que eso era bueno porque había menos chances de que nos pescaran. Yo llegué en hora; de mi compañero no había ni rastro. Esperé en lo más oscuro de la sombra que daba un árbol. Vi una figura viniendo por la calle y mirando hacia todos lados cuando ya eran casi las tres. Ganas de decirle varias cosas tuve, pero hasta susurrar parecía que te delataba en aquella noche sin viento y quieta como pocas.

“Saltamos un muro y quedamos quietos un rato mirando la oscuridad de las ventanas de la vivienda. Él me había asegurado que no había gente allí, que aparentemente se habían ido de vacaciones o algo así. Y sí daba la impresión de que estaba vacía. Mi compañero era hábil con sus herramientas. Entramos por una ventana. Adentro, todo oscuridad. Habíamos convenido no prender las linternas hasta no andar más adentro de la vivienda, para que las luces no se pudieran ver desde afuera. Sentí esa cosa rara en los ojos hasta que la vista se acostumbró a la terrible oscuridad. Abrimos una puerta y salimos en un lugar más oscuro todavía, pero allí prendimos las linternas. Era un pasillo.

“—Aquí nos dividimos, yo para allí y vos para allá, así revisamos todo más rápido —me dijo en voz baja mi compañero.
“—¿Separarnos? —le pregunté. Eso no me gustó nada.
“—Sí, vos por ahí. Revisa todas las habitaciones —me contestó ya alejándose.

“La luz de mi linterna temblaba como loca. Revisé un par de cuartos. Nada, ni muebles había. Todo aquello para nada. Obviamente los dueños no estaban de vacaciones, se habían ido. Volví al pasillo. Vi a mi compañero salir por una puerta y cerrarla enseguida. Cuando le iluminé la cara me asusté. La tenía torcida, como sonriendo raro, y estaba agitado. Le pregunté qué pasaba pero por un rato no pudo contestarme porque le faltaba el aire. Al fin me dijo, con una mano en el pecho agitado:

“—El susto de mi vida me llevé ahí adentro. Cuando vi un bulto de persona me saltó el corazón. Primeo creí que era una niña, después noté que era una muñeca horrenda, y cuando la estaba mirando me pareció que movió los ojos hacia mí.
“—¿Una muñeca? ¿No será una niña mismo? —le pregunté asustado.
Es una muñeca, tiene la cara toda cuarteada, es como de goma.

“Yo pensaba en qué había visto aquel, medio incrédulo todavía, cuando de repente escuchamos una voz espantosa que venía del otro lado de la puerta. 

“—¡Hola! ¿Vinieron a jugar conmigo? 

“Decir que sentí terror es poco. Fue algo tan horrible que... no sé cómo explicarlo. Y les aseguro, que aunque aquello intentaba sonar como una voz infantil, no era una persona, no señor. Nos empujamos por salir primero por la ventana. Lo único que supimos después es que ya más nadie vivió en aquel lugar —Así terminó su historia Pedro.

Yo quedé pensando, desconfiando, no en su historia, o cuento, sino en la vez que trabajando allí me faltaron unas herramientas. 

2 comentarios:

  1. Jajajajaja!! Ese final le dio un toque cómico después del susto a la historia, Jorge!! Vaya ladronzuelo que resultó ser ese tal Pedro!! Menos mal que hacía tiempo había dejado atrás esos malos hábitos. Jajajaja!! -Randy

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    1. Hola Randy. Así me gustan los cuentos, con algo de humor en alguna parte. Desde que empecé se me ocurrió que las dos cosas pueden combinar bien y lo sigo creyendo. Gracias por comentar. Saludos!!

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