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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

jueves, 31 de mayo de 2018

Caminos Malos

—Si volcamos en este camino —dijo de pronto Daniel—, no creo que haya que llamarlo accidente, habría que decirle, inevitable consecuencia.
—¡No llames a la desgracia! —le reprochó Alberto, que era el que conducía—No es bueno, ¡y menos una noche como esta!


Daniel tenía razón. Estaba de noche, diluviaba, había viento y el camino era malo. Éramos cuatro compañeros los que viajábamos por allí: Alberto, Daniel, Alejandro y yo. El auto en el que íbamos era un sedán viejo y sonaba por todos lados al pasar sobre pozos. Pretendíamos llegar a la vivienda de otro compañero, de Víctor, que pronto se iba a casar y esa noche iba a ofrecer una pequeña fiesta. Pequeña por la cantidad de invitados, pero sabíamos que iba a estar muy bien provista de bebida y comida, y seguramente de buena bebida. Por eso fuimos igual cuando empezó a llover. Por el camino la tormenta empeoró pero decidimos seguir.

 Fue una decisión temeraria, porque ninguno había estado antes en la propiedad de nuestro amigo, tampoco habíamos recorrido nunca aquel camino. Él deseaba realmente que fuéramos, por eso nos dio todo tipo de indicaciones sobre cómo llegar, y hasta nos dibujó un mapa.
Su vivienda se ubicaba en un camino transversal al principal pero muy cerca de este y en la parte izquierda, en una zona casi despoblada y con muchos bosques. Nos explicó sobre todo cómo era la entrada de la casa y la fachada. “No vayan a doblar en otro porque hasta pueden terminar perdiéndose”, nos dijo. Me pareció que insistió demasiado en ese punto, pero él insistió que era importante porque había varios caminos que doblaban a la izquierda, y que algunos eran simples senderos que llevaban a lugares malos. ¿Lugares malos? Igual creí que exageraba, y que por malos se refería a la condición del terreno, al estado del camino. Después descubrimos el porqué de tantas advertencias.

La lluvia chorreaba en las ventanillas del auto y adelante las luces cada vez iluminaban menos porque la cortina de agua era imponente. Y en algunas partes no había banquina, el camino terminaba abruptamente y bajaba hasta hasta las raíces de un bosque que se retorcía y bufaba con el viento. Ya estábamos tentando demasiado a nuestra suerte. Daniel, sin dudas el que tenía más sentido común de nosotros, propuso que era mejor detenerse en algún lugar que pareciera más seguro y ahí esperar a que amainara la tormenta, y según la hora que fuera, regresar o seguir hacia la fiesta. No hallábamos ningún lugar bueno pero de pronto, a nuestra izquierda vimos un camino trasversal donde los árboles estaban bastante apartados y parecía menos probable que el viento nos tirara uno encima. Doblamos allí y Alberto detuvo el auto. Los cuatro éramos conversadores, por lo que no nos importó esperar. De repente Alejandro cortó la conversación y exclamó:

—¡Pero si seremos tarugos! Nosotros esperando aquí que el tiempo mejore, ¡y la casa está ahí! Ya llegamos ¡Jajaja!
—¿Cómo? ¿Ahí? —pregunte—. Tienes razón, hay luces por allá. Me pareció que recién miré hacia ahí y no había nada.
—Porque no había luces ahí, estoy seguro. Si aparecieron fue poco antes de que Alberto las viera. Y serán las luces de una vivienda, pero no de la que buscamos —aseguró Daniel.
—Para mí que es sí —objetó Alberto—. Mira bien, la que buscamos tienen rejas en el frente, y ahí, parece, hay rejas. Sí, son rejas, ahora las veo bien. 
—También las veo ahora, pero esta es otra. Por lo que nos dijo Víctor y por lo que creo que recorrimos, deben faltar por lo menos seis o siete kilómetros —objetó Daniel.   
—¿Será? Bueno, nos acercamos y vemos mejor para estar seguros, ¿les parece? —propuso Alberto y condujo el auto lentamente.

Ahora se distinguía una fachada, pero muy borrosa en la lluvia. Paramos y observamos. Parecía que el agua que resbalaba por las ventanillas arrastraba también las imágenes difusas y oscuras de afuera.

—La de Víctor tiene una palmera en el frente, y aquello es, allí, sí una palmera, ¿no? . dijo Alberto, aunque no parecía muy convencido.
—Y tendría ventanas grandes y la puerta bien en el medio, una puerta grande —intervino Alejandro—. Y miren, ahora se ve bien, ahora se distingue la puerta, allí en el medio, y miren las ventanas. Tal vez descorrieron las cortinas, por eso se ven mejor. 
—En la de Víctor hay en el patio, en la parte izquierda —dijo Daniel—, un par de hamacas de cadena, me dijo. Pero en esta allí solo se ve oscuridad.
—Allí se ven —dije entonces—. Como que la oscuridad se abrió un poco en esa parte, y allí se ven. ¡Llegamos!
—Alberto, retrocede y vayámonos de aquí —habló ahora Daniel con una voz grave y casi temblorosa.
—¿Cómo que irnos, si estamos en frente? —protestó Alberto, visiblemente extrañado también.
—Por favor, confíen en mí, amigos. Hay que largarse de aquí, en serio. Alberto, retrocede.

Daniel no era de hacer bromas pesadas, y en su voz se notaba cierta alarma. Retrocedimos y volvimos al otro camino. Allí nuestro conductor se detuvo nuevamente y le preguntó lo que todos estábamos por preguntarle:

—¿Qué pasó, qué viste?
—Me di cuenta de que esa casa es un engaño. Apareció de la nada, y cada vez que uno buscaba una de las referencias que nos dio Víctor, ahí aparecía. Por eso inventé lo de las hamacas, y ahí aparecieron. 

Sin ninguna gana de encontrar la verdadera casa, nos marchamos desconfiando de todo lo que veíamos. 

7 comentarios:

  1. Un arte lo de las hamacas. Muy bueno como siempre Jorge!

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    1. Muchas gracias, Armin. Los lugares embrujados pueden adaptarse para engañarnos, pero este personaje era muy listo. Saludos!!

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    2. Y es que en la vida mismo mi amigo, los dientes afilados, las uñas fuertes y la mente fría, es la que enfrenta y confecciona estrategias contra el terror. Fíjate que la Ira por muy mala que sea, es mejor que la desesperación, y el padre de estos dos. La calma. Un Saludo para vos también desde Villarrica Paraguay

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  2. Que hubiera pasado si se hubieran quedado alli

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    1. Nada bueno, probablemente desaparecerían para siempre. En este mundillo, cuando algo es tan engañoso es realmente malo. Gracias. Saludos!!

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  3. La amé, como siempre!! Qué bueno que volví a encontrar tu blogg, todas tus historias son tan adictivas, no puedo dejar de leerlas, saludos desde México y no dejes de escribir por favor

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    1. Tarde o temprano voy a dejar de escribir, no soy inmortal ¡Jaja! Pero durante unos años más (espero que muchos más ¡jaja) voy a seguir con esto de hacer historias. Publicar es otro asunto, pero eso ya se verá. Muchas gracias por los comentarios. Saludos!!

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