¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

jueves, 17 de mayo de 2018

La Suerte

Dos perros peleaban en el mundo de los sueños, luego, en la vigilia. Agustín despertó y levantó la cabeza rápidamente. La poca luz que había en el cuarto entraba por la ventana, y fuera, abajo de esta, había golpes sordos, gruñidos, y una montonera de pasos y sonidos de dentelladas. Tenía que tratarse de dos perros grandes que se estaban peleando justo allí. Agustín encendió la luz, y cuando iba rumbo a la ventana ya no se escuchaban ruidos. Miró hacia afuera inútilmente, no había nada. Apagó la luz y volvió a la cama rascándose la cabeza. Recordaba que había soñado con una pelea de perros, pero, ¿unos perros reales habían ocasionando el sueño, o se había levantado medio dormido y aquello era parte del mundo onírico?
Concluyó que el sueño lo había engañado. Como esa noche se había acostado muy tarde pronto volvió a dormirse. 
Bastante avanzada la mañana, mientras freía unos huevos, un amigo llamó a su celular.

—Agustín, esta noche vamos a salir de nuevo con los muchachos, ¿vienes? —le preguntó el amigo.
—Voy sí, ¿pasan por aquí o nos encontramos en algún lado? —preguntó a su vez Agustín mientras volteaba los huevos.
—Nosotros pasamos por ahí, si eres el ganador del grupo, y ni las brujas se resisten a tu encanto ¡Jajaja!
—No sigas con eso que vas a hacer que me sienta mal. Pobre muchacha, solo yo hacerle caso a ustedes. Pero seguro que anoche mismo me olvidó, intuyo por cómo me miró cuando se dio cuenta. Bueno, corto porque se me queman los huevos. Hasta la noche.
—Nosotros no te obligamos a nada, eso fue cosa tuya. Nos vemos.

Mientras desayunaba Agustín recordó la noche pasada. Sus amigos y él habían ido a un parque de diversiones que hacía unos días que estaba en la ciudad. Era un parque bastante raro, más parecido a las antiguas ferias de fenómenos o a un circo que a un parque moderno. Dieron muchas vueltas por el lugar. En una parte, entre un puesto que vendía copos de azúcar y uno de tiro al blanco, había una muchacha sentada frente a una mesa. Por su atuendo y algunas baratijas que había sobre la mesa podía deducirse fácilmente que era una adivina. Tenía las cejas demasiado espesas, la cara larga y resaltaba feamente su nariz aguileña. Cuando el grupo de muchachos pasó por allí, casi se echaron a reírse al verla, porque hacía rato que bromeaban con todo y estaban muy divertidos. Agustín, que se consideraba el más serio del grupo, hizo un gran esfuerzo por no tentarse también. La muchacha notó la actitud del grupo, miró hacia otro lado, evidentemente molesta, y cuando volvió a mirarlos por un instante dio con la mirada de Agustín. Él creyó notar entonces algo de gratitud en los ojos de ella y eso lo hizo sonreír sinceramente, y entre los dos hubo un pequeño saludo. Sus amigos quisieron pasar de nuevo por allí, porque les pareció divertido el desafío de no echarse a reír ante la pobre muchacha.

Pero esta vez ella los ignoró completamente y solo reparó en Agustín. Los muchachos notaron eso, y cuando ya no estuvieron a la vista de la adivina le propusieron que intentara conquistarla. Se negó varias veces pero al final cedió a la presión. Pasaron de nuevo frente a la mesa y esta vez él le preguntó a la muchacha si adivinaba la suerte. Ella le ofreció sentarse, con palabras y gestos claramente ensayados, pero con una sonrisa muy franca y alegre. El resto de los muchachos quedaron en un puesto de al lado pero mirando disimuladamente hacia el puesto de la adivina, y sobre todo escuchando y controlando a duras penas la carcajada que casi los ahogaba. 

—¿Me das tu mano? Leo las líneas de la mano —le dijo ella.  
—Bueno, pero ya sé algo sobre mi suerte —le contestó Agustín—. Sé que una muchacha muy linda me va a tomar la mano.

Cuando dijo eso sus amigos no aguantaron más, se les escaparon carcajadas tan fuertes que hicieron que muchas miradas se volvieran hacia ellos. Agustín estaba ofreciendo la mejor de sus actuaciones, por eso se vio sorprendido cuando sus amigos lo contagiaron. Intentó contener la risa pero se le escaparon unos sonidos nasales. Inmediatamente sintió que aquello estaba mal, mas ya no podía hacer nada para remediarlo. Cuando se levantó bruscamente, la mirada de la adivina había cambiado completamente al entender la situación, y ahora era de un odio intenso. Mientras escapaban de allí él volteó y vio que ella movía los labios como murmurando algo.

Le pareció una gran canallada, pero ya no podía repararla y pensó que tampoco iba a haber consecuencia alguna. Volvió a salir con su grupo mas se mantuvieron lejos del parque. Volvió a su casa de madrugada y se acostó enseguida. Volvió a soñar con dos perros enormes, pero ahora estos estaban en la oscuridad de la habitación y avanzaban lentamente y agazapados hacia él. De alguna manera sabía que estaban allí para vengar a la adivina. Despertó de esa pesadilla. No quiso abrir los ojos porque temía que parte de esta se manifestara en el mundo real como la noche anterior. De pronto ese miedo se convirtió en realidad y en terror. Unos pasos apagados avanzaban hacia él. Cuando abrió los ojos, una boca enorme se abalanzaba hacia su cara, y seguidamente un colmillo le reventó un ojo.

Despertó en un hospital, con la cabeza toda cubierta de vendas. Una enfermera intentaba explicarle que hacía unos días lo habían atacado unos perros, cuando la adivina de la feria pasó sonriendo frente a la puerta. 

4 comentarios:

  1. Y yo que queria que conquiste a la exotica chica pero el tipo pago su actuar con la muchacha de la peor manera..ya se te extrañaba maestro del terror.Saludos tocayo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¿Exótica? Era fea nomás Willy ¡Jajaja! Gracias por pasar por aquí. Saludos!!

      Eliminar
    2. Exótica y chaque que no te les la adivina

      Eliminar
  2. Muy buen cuento, pobre muchacho pero se lo tenia merecido...

    ResponderEliminar

¿Te gustó el cuento?