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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

miércoles, 6 de junio de 2018

El Secreto De La Arboleda Embrujada

Mauricio iba en modo depredador. Escudriñaba la luz gris del bosque cuando vio movimiento en el suelo. Era una paloma que caminaba por un sendero haciendo pausas para picotear. Mauricio quedó inmóvil un instante, después avanzó sigilosamente. Su arma era una resortera, y era una muy potente pero tenía que acercarse un poco más. En su camino había una barranca como de un metro y medio de profundidad, y metro de ancho. Se agachó, bajó una pierna por la barranca, y cuando casi tocaba el fondo se escuchó un ruido de desgarro.
La paloma no lo vio pero el ruido igual la hizo volar. El muchacho maldijo, bajó del todo la barranca y subió por el otro lado. ¿Pero de qué había sido el ruido?

Maldijo de nuevo. El pantalón se le había roto atrás, desde la entrepierna hasta casi la cintura. Un pájaro cantó entre unas ramas, y al muchacho le pareció que sonaba a burla, por eso le arrojó una piedra aunque no estuvo ni cerca de darle. El pájaro se alejó volando cantando en el mismo tono. ¿Y ahora qué hacía? El sol había bajado mucho, sus últimos rayos traspasaban el bosque de forma horizontal. También estaba refrescando bastante, y Mauricio lo sentía sobre todo atrás. Ahora solo podía esperar que por el camino no lo viera nadie, pero en las tres cuadras que tenía que hacer por el barrio eso era poco probable. Iba solo con una camiseta (por contradecir a su madre), y con lo fresco que estaba iba a resultar muy raro si se la quitaba para atarla a la cintura y tapar la rotura del pantalón.

Se hallaba en un bosque cercano, y en menos de media hora podía llegar a su hogar, pero incluso al atardecer podrían ver el daño del accidente. Mientras dejaba atrás el bosque y avanzaba por el campo pensó que lo mejor iba a ser que regresara de noche. No había luz en la calle y solo unos pocos vecinos encendían las de frente de sus viviendas. Mas la idea de llegar de noche tenía un grave inconveniente, y era que él no tenía permiso para volver muy entrada la noche.

Por un lado, la vergüenza que podía sentir si lo veían así; por el otro, la casi seguridad de una paliza. La vergüenza le pareció peor. No podía esperar a la noche por aquellos campos, tenía que ser cerca, en la arboleda que estaba al lado del barrio. Y allá iba hacia la arboleda. Rectangular, de unos trecientos metros de largo y doscientos de ancho, con una parte baja y otra mucho más alta, dicha arboleda igual resultaba un lugar inquietante porque era muy espesa. Tenía eucaliptos altísimos, de troncos anchos, y entre estos crecían arbustos y árboles nativos, por lo que aquello era una mezcla de monte y bosque. Y ya fuera por su espesura o por algo real, ese lugar tenía fama de estar embrujado. El muchacho había estado tantas veces allí que no creía las historias que se contaban, aunque él varias veces se había visto sorprendido al desorientarse, pero le atribuía eso a lo intrincado que era. Pero nunca había andado bajo aquellas sombras al caer la noche, y ahora, si pensaba esconderse allí era por necesidad. 

Llegó al límite de la arboleda. En el campo que estaba atrás todavía había claridad, y en el barrio que estaba más allá también, pero entre los árboles ya era de noche. Buscó un sendero conocido. Dudó en un tramo porque no recordaba que las ramas se apretujaran tanto sobre el sendero como si quisieran bloquearlo. Sudando y algo agitado, dejó finalmente esa parte atrás. Cuando vio que adelante había claridad supo que estaba muy cerca de la calle. Un rato más y sobre el barrio iba a caer la misma oscuridad que ya se había desparramado por toda la arboleda. Se sentó sobre un tocón de tronco pero inmediatamente se levantó como si el tocón lo hubiera repelido. ¿No era por allí donde se había ahorcado un tipo? Cuando miraba en derredor se topó con algo que hizo que por su espalda subiera un horrible escalofrío. Aquella cosa oscura tenía dos piernas finas y separadas, después venía un torso y en este resaltaban dos ojos saltones que estaban muy separados.  Por un instante aterrador no se dio cuenta qué era lo que miraba. Después, un movimiento de aquello reveló lo que era. Había visto a un caballo. Como el animal estaba bien de frente y con la cabeza un poco baja, las patas delanteras parecían piernas, el pecho un torso extraño, y en aquellas tinieblas de la cabeza solo había distinguido los ojos.

Mauricio sonrió. Solo era un caballo. El animal desapareció enseguida entre las sombras y los troncos. Pero lo había asustado tanto que resolvió entonces esperar en el borde mismo de la arboleda. Iba hacia allí cuando sintió que dos manos muy frías lo tomaban del cuello por detrás. Gritó y luchó, y no supo si se liberó o solo lo tocó un instante. Una familia que iba por la calle se detuvo en seco al escucharlo gritar, y lo vieron salir de aquellas sombras a los saltos. Estaba muy cerda de donde sintió las manos frías en su cuello, pero allí había gente y en una casa que estaba del otro lado acababan de encender una luz. Los de la familia le preguntaron qué le había pasado, y él sintió la necesidad de contarles todo.

—¿Nunca escuchaste que este lugar está embrujado? ¿Por qué te quedaste ahí hasta la noche? —le preguntó un hombre.
—Escuché sí pero, pero no creía, aunque igual no quería quedarme, estaba esperando que oscureciera porque, allá en el otro bosque se me rompió el pantalón aquí atrás —le respondió Mauricio con un hilo de voz por la vergüenza que sintió de pronto.

Pero al decir eso se tanteó el pantalón atrás, y este no estaba roto.  Quedó muy confundido y decidió no decirle nada a sus padres. Ya en su vivienda, después de algunos chancletazos dados por su madre, unos pocos nomás porque no había llegado muy tarde, se puso a pensar. Su primer conclusión, obviamente, fue que la arboleda sí estaba embrujada, también concluyó que su poder no era poco, y que aparentemente llegaba mucho más allá de aquel rectángulo arbolado. Recordó también que antes nunca había visto un caballo allí. ¿Pero por qué había intentado atraparlo a él ese día y no mucho antes, en una de las tantas veces que anduvo en el lugar? Parte de la verdad se le reveló esa noche en un sueño. 

8 comentarios:

  1. Buen cuento che, tendrá segunda parte? La tiene bien merecida

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    1. Hola Nahuel. Gracias por comentar, che. No tiene continuación, pero te cuento por qué. En el final tenía pensado matar al personaje, por bromear conmigo mismo, y el nombre del cuento no era exactamente este, y a última hora decidí cambiarlo y darle un final bien abierto. Es porque este cuento casi no es un cuento, es algo que me pasó. Sí se me rompió el pantalón, aunque no bajando una barranca sino bajando hacia la vía del tren ¡jaja! Sí andaba en un bosque y cazando con una resortera, pero no estaba solo, andaba con un perro, con Silvestre, uno anterior a Tony, el de mi perfil. Y decidí esperar a la noche. La arboleda existió, era como la describo, y además tenía una casa vieja, ruina después, y hasta un panteón chico. De este pequeño bosque surgieron muchas de mis historias, y es cierto que hay gente que creía que estaba embrujado. Lo del caballo fue así, por un momento no distinguí qué era aquello, y que estaba cerca de donde se ahorcó un tipo también es cierto. Claro que la parte más de terror es inventada. De noche pasé por ahí montones de veces, y a no ser lo de esa vez nunca vi nada raro. Entonces, el personaje soy yo. Por eso, en vez de bromear con su muerte, decidí darle un final bien abierto y ya. Además recordé que ya había hecho uno parecido con ese lugar, donde el personaje lo recorría en sueños. Otra cosa, no me pegaron esa vez. Era un preadolescente pero ya tenía bien amansados a mis viejos y cada vez llegaba más tarde ¡Jaja! Con catorce ya pasaba la noche solo en el campo. Saludos!!

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  2. Aparte de todo el cuento, el final es una obra de arte puro! Este se volvió mi favorito.

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    1. ¿En serio? Bueno, cada uno tiene sus gustos. Es lo que decía en la entrada sobre los comentarios. Tan así es que, entre mis cuentos favoritos, hay varios infantiles y otros que no son de terror. En los cuentos infantiles, el sapo Sandro y el topo Toto son personajes que adoro, sin embargo parece que a nadie le gustaron ¡Jaja! Con esos dos personajes llegué a emocionarme, que es algo raro cuando escribo. Del topo Toto ni publiqué todo lo que hice, pobre Toto. Cosas que pasan. Muchas gracias. Saludos!!

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  3. ME PODRÍAS PRESTAR UN PAR DE CUENTOS (PORQUE NO LOS PUEDO COPIAR) ESTÁN PROTEGIDOS . SOY PROFESORA EN MÉXICO, EN LA ASIGNATURA DE ESPAÑOL DEL NIVEL SECUNDARIA. TENGO CERCA 500 JÓVENES A MI CARGO. ME URGE INICIO CURSO ESTE 20 DE AGOSTO. ME URGE. YA QUE EL CUENTO DE TERROR ES MI PRIMER PROYECTO. ¿QUE LES RECOMENDARÍAS A LOS ADOLESCENTES ANTES DE ESCRIBIR CUENTOS DE TERROR? BUENO ADEMAS DE LEER Y CONOCER LA ESTRUCTURA DE UN CUENTO .

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    1. Mil disculpas profe, pero no pude responder antes. Estoy muy ocupado y no he podido atender el blog. Ahora ya es tarde supongo. No tiene sentido que de mi opinión ahora, a no ser que todavía le sirva, cosa que no creo. Bueno, saludos.

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  4. Respuestas
    1. Gracias Wilfred. Este cuento es, como le decía a otro lector, más anécdota que ficción. Saludos!!

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