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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

lunes, 4 de junio de 2018

Los Pies Del Loco

Venancio estaba cabeceando en su silla, el sueño empezaba a ganarle, cuando una enfermera apareció corriendo y alarmada por el pasillo. 

—¡Se escapó un paciente de psiquiatría! —le dijo la enfermera con una voz nerviosa.
—¿Uno de psiquiatría? —preguntó Venancio al tiempo que se levantaba—, ¿uno peligroso?

—No sé, el doctor no me lo dijo. Ve a ayudar que están buscando por ese lado. Por la entrada no pasó, y ya fueron avisados. Voy a apoyarlos.
—Ya voy. Ve tranquila que seguramente lo agarramos antes de que llegue ahí.
—Ojalá, quién sabe qué clase de loco es, digo, de paciente.

Venancio se alejó trotando por donde venía ella. Trabajaba de guardia en aquel hospital. Había tomado el turno de la noche, porque lo creía más tranquilo, y ahora pasaba aquello. Un loco suelto. Se encontró con dos enfermeros que iban saliendo de una habitación.

—¿Ya te avisaron? —le preguntó uno de los enfermeros.
—Sí, un... un paciente que se escapó.
—Nosotros seguimos revisando por este lado; tú ve por allá, en aquel ala. Cualquier cosa avisas. Nosotros tenemos de estas para controlarlo —le dijo el otro enfermero enseñándole una jeringa.
—Y yo tengo esto, que tiene un efecto más rápido todavía —dijo a su vez Venancio tanteando su bastón extensible.

Siguió trotando rumbo a donde le dijeron. Lo de golpearlo con el bastón no lo dijo muy en serio. Eso podría meterlo en graves problemas, y solo era un último recurso para defender su persona. Pronto se encontró solo en un pasillo. Al final de este había una puerta. Sabía que aquella zona estaba cerrada porque era una parte vieja del hospital que iban a remodelar, aunque las obras no empezaban nunca. Por las dudas igual tanteó la manija de la puerta.

 Para su sorpresa estaba abierta. ¿Cómo el loco la había abierto y sin romperla? Pensó en avisarle a alguien más, pero como todavía no lo había visto consideró que era mejor revisar primero. Entró. La energía eléctrica estaba cortada en esa parte. Encendió su linterna. Era una sala amplia llena de cosas viejas: viejas camas, camillas, sillas, y había chapas y maderas apiladas o recostadas a la pared. Un buen lugar para que el loco se escondiera y pudiera sorprenderlo. Se le cortó el aliento un instante, cuando vio unos pies descalzos que se arrastraban rápidamente hasta desaparecer detrás de una madera grande que se hallaba recostada a la pared. Por la posición de los pies se deducía que el loco se estaba arrastrando por el suelo o que gateaba sobre sus manos y rodillas. 
Venancio desvió la luz de la linterna y caminó sigilosamente hacia la puerta. Lo mejor era que el tipo creyera que él no lo había visto meterse allí. Cuando salía al corredor se topó con un doctor conocido, que acababa de dar un salto de susto, y lo miraba con ojos muy grandes.

—Venancio, casi me mata del susto, ¿cómo entró ahí?
—Estaba abierto, y el paciente está ahí, escondido entre unas maderas y la pared. 
—¿Está seguro de lo que vio? 
—Le vi los pies nomás cuando se terminaba de ocultar, está descalzo. Si usted va por otros podemos acorralarlo allí.
—¿Descalzo dice? —preguntó ahora el doctor quitándose los lentes con un gesto de asombro y miedo—. El paciente que se fugó le tiene terror a los gérmenes, y jamás se descalzaría en un lugar así.
—Tal vez los perdió. Si quiere verlo primero antes de llamar a otros, pero puede intentar escaparse. Que raro, no abre —dijo entonces Venancio forcejeando con la manija—. Doctor, usted me vio salir, recién abrió y cerró fácil, pero ahora parece con llave, pero no puede ser.

Al salir de allí él la había cerrado pero suavemente, no podía estar trancada, y mucho menos con llave, a menos que el loco tuviera una y la hubiera cerrado por dentro, y con mucho sigilo, porque ellos no habían escuchado nada. Él todavía forcejeaba con la puerta cuando el doctor se volvió a poner los lentes y le dijo gravemente:

—Deje, Venancio. No creo que haya visto a nuestro paciente, aunque le creo que vio a alguien, o a algo. Esa parte tiene mucha historia, ¿entiende? Vamos, no se preocupe, ya lo vamos a agarrar en otra parte. Vamos.

Mientras se alejaban de aquella puerta Venancio sintió algo mucho peor que el sobresalto que tuvo al ver aquellos pies descalzos, ahora sentía terror por estar seguro que vio a un fantasma. Lo confirmaron un momento después cuando en otro pasillo encontraron a varios enfermeros y al paciente, ya sometido desde hacía un buen rato. 

5 comentarios:

  1. Buena trama y genial final! El loco 👻 fantasma era el descalzo xD cordiales saludos

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    1. Así es, Armin. En los hospitales siempre hay fantasmas, en los de mi blog, quiero decir ¡Jaja! Gracias por los comentarios. Pásate por aquí a diario, que a partir de ahora voy a publicar más. Saludos!!

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    2. Genial! Cada noche para antes de dormir la visita es a este blog.

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  2. Jorge, tienes tus altibajos ya son 5 años que leo tus cuentos y a veces demoras mucho, supongo que es cuando estas deprimido o triste, animo, te he visto a traves del blog enojarte por los que te copian los cuentos, dejar los cuentos y retomarlos muchas veces, intentar hacer cuentos infantiles y peliculas, te dire algo no he encontrado a otro autor que sea tan prolifico y de la calidad de tus cuentos, decias que aun te faltaba mucho pues creo que ya llegaste a tener la experiencia suficiente. Muchas gracias por los cuentos Jorge Leal por compartirlos con todos nosotros!!!

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    1. ¡Hola Adolfo! Muchas gracias por tus palabras. Como sé que eres un buen lector me gustaría aclararte algunas cosas. El único período donde no escribí nada fue este año y fue por una lesión que tuve, que no me dejaba sentarme frente a la compu mucho rato, pero fue como un mes cuando mucho. Y para que no sea un misterio, me lesioné un OO al caer sentado sobre una valla de la ruta, y me agarré una inflamación terrible ¡Jaja! ¿Fue mucha información? ¡Jajaja! Y antes, desde principio de año estaba tomando un descanso de la literatura, porque entre otras cosas no tenía tiempo. Sin contar esto, NUNCA dejé de escribir. Los copinones solo han hecho que no publique todo lo que escribo, y claro que me han enojado (pero con algunos bien que me desquité), pero deprimido no, ni triste, fastidiado puede ser, estresado, seguro, decepcionado, muchas veces; pero con todo escribo igual. No necesito, y sobre todo, NO QUIERO PUBLICAR TODO LO QUE HAGO. Lo primero que hice, hace muchos años ya, fueron unas poesías, unas pocas y lo dejé. Cuando empecé a escribir cuentos retomé lo de las poesías. Pero aquí en internet solo subí unas pocas de terror que después borré, de las otras no he subido nada. Cuentos infantile sigo haciendo, de hecho, hoy continué uno que estoy haciendo por encargo. No seguí con un blog de cuentos infantiles que tenía porque era mucho trabajo posicionarlo bien (ahora casi todos esos cuentos están aquí). Hacer videos todavía es uno de mis proyectos. También me dediqué al guión de cómic, y alguna tira hay por ahí hecha con ellos. El blog no es todo mi mundo literario, y hay épocas donde realmente no vale la pena invertirle mucho tiempo. En esas ausencias no estoy inactivo ni mucho menos. Además, desde que por causas ajenas a mí el blog casi desapareció en las búsquedas, he tenido que trabajar ocasionalmente. Si hubo maestros como Horacio Quiroga que tenían que trabajar porque su literatura no los mantenía, imagínate yo, un principiante ¡Jajaja! Pero te agradezco realmente tu palabras porque son con buena intención. Un abrazo.

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