¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

martes, 5 de junio de 2018

Un Extraño En La Ruta

Manuel pensó que ya no estaba para esas caminatas, pero no tenía ningún medio de trasporte. Y esa noche, aunque estuviera en las mismas condiciones físicas de hacía veinte años atrás, igual le iba a resultar muy dura porque llovía y hacía frío. Iba cubierto con una capa para la lluvia, pero por algún lado le entraba agua, y el cuerpo se le estaba helando. Apuró el paso tratando de calentarse. A pie bajo una tormenta, él, que había conducido varios tipos de vehículos, pero claro, todos ajenos. En los alrededores de la ruta no había nada más que oscuridad, lluvia, campo y algunas aisladas arboledas, negras como si fueran solo un cúmulo de oscuridad. Por lo tanto no había ningún amparo por allí, ninguno que le inspirara confianza en una noche tan horrenda.
 
Muy cada tanto pasaba algún vehículo. Manuel no se disgustaba con los que lo ignoraban siguiendo de largo. No podía culparlos por no detenerse a llevar a un encapuchado, a un extraño en la ruta, de noche y en aquellas soledades. Por eso se sorprendió cuando un camión disminuyó la velocidad y se detuvo.

—¡Buenas noches! —saludó Manuel cuando el conductor abrió la puerta invitándolo a que subiera—. Muchas gracias. Todavía me queda mucho camino por esta ruta, y esta lluvia se me está metiendo en los huesos.
—Buenas noches. Suba, hombre, y en un rato se calienta aquí dentro. Sacuda la capa y déjela ahí atrás, sí ahí, no importa que moje un poco, no se preocupe.

El camionero era un veterano de casi su misma edad. Le ofreció café de su termo he hizo avanzar al vehículo. En la cabina estaba muy agradable y era bueno no seguir caminando en aquellas condiciones.

—Me sacó de un aprieto, compañero —le dijo Manuel entre sorbo y sorbo de café—. No sé cuánto más iba a aguantar ese frío. Se lo agradezco.
—No es nada, y usted también me hizo un favor al venir, no es una noche para andar solo. Sabe, ahora no lo escucho, pero desde que se hizo noche oigo... hay ruidos ahí atrás, y parece que salen de la carga. Me bajé una vez y revisé las ruedas, a ver si había algo suelto abajo que golpeteara pero no vi nada. Cuando seguí se escucharon más claros, ahí adentro —le contó el camionero apuntando hacia atrás con el pulgar.
—¿Y qué lleva de carga? Digo, si se puede saber —preguntó Manuel, curioso e intrigado, y un poco asustado también.
—Ataúdes, cajones para muertos.
—¡Ay!, feo lo que me cuenta, compañero. ¿En serio ahí hay... ataúdes? 
—Sí, pero están vacíos y son nuevos, los cargué en una carpintería que los fabrica. Aunque su fin sea, bueno, pueda ser un poco como tenebroso, estos son muebles como cualquier otro.
—¿Y no será entonces, alguna broma de los carpinteros? —se preguntó Manuel pero lo dijo en voz alta.
—Ahora que lo dice, puede ser. Supongo que podrían poner algún resorte o tipo péndulo, que con el movimiento del camión golpetee ahí.
—Algo así estoy pensando. Hay gente que al hacer sus bromas no mide las consecuencias. Una vez, cuando trabajé en la esquila, había un tipo que... —Manuel dejó de hablar al escuchar un ruido que venía de atrás.
—Ahí está de nuevo —dijo entonces el camionero—. Escuche, es como si alguien golpeara desde adentro de un cajón, para hacerse notar.
—Suena a eso sí, pero bien puede ser como dijimos, alguna jugarreta de los carpinteros.

El ruido se detuvo de golpe pero volvió un tramo más adelante. Los dos se habían mantenido atentos, escuchando, y se sobresaltaron al sentirlo de nuevo. Manuel, agradecido como estaba con el aventón, decidió que, si el camionero lo dejaba, él iba a ver qué era aquello. Peor era seguir con esa incertidumbre que daba terror, o peor incluso, bajarse y seguir a pie dejando solo al tipo que lo ayudó generosamente. Por eso le dijo:

—Si usted puede parar más adelante, si quiere,yo me fijo y así vemos qué es eso.
—¿Se animaría usted? Bueno, en todo caso, nos fijamos los dos juntos.

No mucho más adelante había un lugar donde se podía estacionar el camión. Bajaron cada uno con una linterna y una llave pesada que les daba un poco más de coraje. Ahora solo lloviznaba pero había más viento. El tráiler del camión se les hizo largo mientras caminaban hacia la parte de atrás. Abrieron la puerta y entraron a la vez. Allí estaba el ruido, fuerte y claro, e indudablemente venía de uno de los ataúdes. Algunos estaban apilados y amarrados, pero otros no tenían ninguno arriba, y de uno de esos salía el ruido. Enseguida descubrieron de cuál era. El camionero se quedó quieto, mirando fijamente el cajón, por eso Manuel procedió a abrirlo. 

Realmente quería que fuera alguna broma, esperaba ver algún tipo de mecanismo, pero en el cajón había un hombre. Tenía los ojos muy grandes y la cara toda ensangrentada. Manuel sintió que se le erizaban todos los cabellos de terror; pero enseguida vio algo que lo extraño, aunque no le quitó el terror. El hombre tenía los pies y las manos atadas, y una mordaza en la boca. 
Cuando Manuel volteó hacia el camionero, la llave de este ya zumbaba por el aire y el golpe lo dejó inconsciente. El camionero verdadero era el que estaba en el ataúd; el otro era un extraño que este había recogido en la carretera. Ahora eran dos los hombres encerrados en cajones, y el otro siguió conduciendo por la noche. 

7 comentarios:

  1. Me encanto amigaso saludos de chaco argentina fiel seguidor

    ResponderEliminar
  2. Saludos de chaco argentina. Fiel seguidor

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, Brian. Linda tierra la tuya para crear cuentos. Sé que por ahí hay muchas historias de hombres lobo y temas así. Me gustaría ir algún día, para darle más fuerza a mi terror rural. ¡Saludos desde mi Uruguay!

      Eliminar
  3. Wow, esa no me la esperaba, muy buena master!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Salió bien entonces. Muchas gracias por pasar por aquí Nahuel y espero que sigas comentando, así le das una mano al blog. Se viene muchos cuentos más. Saludos!!

      Eliminar
  4. Jorge! Este cuento es especial desde mi perspectiva, por que esta muy lejos de ser solamente ficción! Y al mismo tiempo también lo es. Ese Arte de expresar algo posible y real dándole una matiz de cuento o leyenda, te la aplaudo señor.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es como dices, Armin. La historia es ficción pero sobre algo que puede pasar y que seguramente ha pasado. Por eso este no sería un cuento fantástico, como la mayoría, porque no tiene ningún elemento sobrenatural. Muchas gracias por comentar. Esta es tu casa. Nos vemos!!

      Eliminar

¿Te gustó el cuento?