¡Advertencia!: Todas las obras del blog le pertenecen a Jorge Leal. Prohibido tomarlas para cualquier fin sin consultar antes al autor. Y en todos los casos se deberá citar la fuente y el autor, y no se podrán usar con fines comerciales.

Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

sábado, 16 de junio de 2018

Un Mal Peor

Cuatro jóvenes caminaban por la soledad del campo cuando este ya se estaba poniendo oscuro. Raquel, Sebastián y Hugo iban adelante, y un poco más atrás Ernesto avanzaba volteando hacia todos lados, desconfiado. "Si es solo una broma, ¿por qué traerme tan lejos? Podrían hacerla en cualquier parte pero hace rato que caminamos por el campo", pensó. Notó que los otros volteaban hacia él y después cuchicheaban algo disimuladamente. 
Cada vez se arrepentía más por haber ido. Los conocía desde que eran niños pero él no era parte de ese grupo, ¿y por qué querían demostrarle algo justo a él? Mientras seguía levantando los pies sobre los pastos con cada paso, se dijo que debía ser porque él era un testigo confiable. Pero creía que lo que decían era mentira. ¿Entonces cuál era la verdadera razón? De todas formas su curiosidad pudo más. No creía que aquellos tres pudieran fastidiarlo mucho, ni creía que se animaran.

El cielo se fue poblando con algunas estrellas y el campo quedó muy oscuro y todavía más silencioso porque el viento dejó de soplar. Pero cuando Ernesto encendió la linterna que llevaba en el bolsillo los otros se volvieron hacia él para reprocharle:

-¡Apágala! Tenemos que ir por la oscuridad cuando aparezca -le dijo Raquel.
-Sí, apaga eso, aquí no hay pozos ni nada, y conocemos bien este camino. Nosotros vemos bien -afirmó Hugo.
-La apago entonces -cedió Ernesto y apagó la linterna-. Pero no me parece prudente caminar por la oscuridad, y aquí camino no hay.
-Ya estamos muy cerca. El arroyo está ahí detrás de esa subida, o de la otra cuando mucho -le aseguró Sebastián. 

Mas detrás de la subida no había ningún arroyo, ni de la otra. Pronto la oscuridad no permitió distinguir lo que era el horizonte o cielo. Ernesto estaba a punto de encender la linterna y volver, cuando finalmente dieron con el arroyo, o lo que parecía se un arroyo en aquella oscuridad. Los otros le habían dicho que en esa zona se veían "luces malas", bolas de luz que deambulaban en ambas orillas del arroyo. 

-Y bien, ¿dónde están esas luces? -le preguntó a las figuras oscuras de sus compañeros.
-Deben aparecer en cualquier momento, si nos quedamos callados y sin prender las linternas. Paciencia y ya vas a ver -le dijo la muchacha.

Intentando distinguir algo en las tinieblas, creyó ver algo que estaba por la misma orilla donde se encontraban ellos. 

-¿Qué hay por allí? -les preguntó. Enseguida se dio cuenta de que no podían haber visto su brazo señalando el rumbo, pero antes de que reformulara la pregunta la muchacha le respondió.
-Nada, son unas cosas tiradas.
-¿Qué cosas, basura que dejaron ustedes?
-No, otras cosas.
-¿Pero qué?
-Cosas. Anda y fíjate si tanto te interesa. 

Esa respuesta no le gustó nada. ¿Aquellos se animarían a hacerle una broma pesada? Lo conocían bien y sabían que no toleraba ese tipo de bromas, y que nadie se lo había llevado por delante nunca. Pero sobre todo le costaba creer que quisieran hacerle eso, porque aunque no eran amigos él los había defendido muchas veces en la escuela cuando los molestaban por raros, por ser un poco excéntricos y andar siempre juntos. Finalmente pensó que no podían ser tan mal agradecidos, y que solo debía ser una tontería. Fue hasta donde parecía haber unos objetos y encendió la linterna.

Lo primero que notó fue un círculo de piedras de unos cinco metros de diámetro. Dentro de ese círculo había un tocón de árbol, y sobre él muchas velas a medio derretir, algunos recipientes y huesos. Por algunos símbolos que vio supo que era una especie de altar pagano. No se sorprendió. Aquellos, marginados por casi toda la gente del pueblo incluso, siempre habían buscado consuelo, o tal vez poder en el ocultismo. Lo que le parecía triste a él, es que por esa misma razón los marginaban más, y ellos habían creado ese rechazo. Sí se sorprendió cuando escuchó que corrían hacia él, y la luz de la linterna le mostró que era Sebastián y que iba hacia él empuñando un cuchillo y con una mirada de enajenado.

El grupo había insistido diciendo que iba a ser una excursión corta y que no necesitaba llevar nada; él les dijo que linterna iba a llevar igual, pero no les mencionó otra cosa que cargaba en la cintura. No creía en luces malas pero era precavido y por las dudas había llevado un revólver. Sebastián se lanzó hacia él lanzándole una puñalada terrible, mas el filo no dio en su objetivo porque Ernesto se movió. La linterna lo había encandilado por eso demoró su segundo ataque, y cuando fue a arremeter de nuevo sonó un disparo y Sebastián cayó, y enseguida los pastos que estaban alrededor de su cabeza se tiñeron de rojo. Entonces sus dos compañeros se lanzaron como locos hacia Ernesto, gritando y esgrimiendo cuchillos también. 

Sonaron cuatro detonaciones más y después, silencio. Ernesto había reaccionado pero aún no entendía la situación. Iluminó los cuerpos de aquellos tres. Quedaron todos dentro del círculo de piedras. Pasado el peligro entendió todo. Evidentemente lo llevaron hasta allí para sacrificarlo. Sabían que iba a notar el altar y querían que entrara en aquel círculo. A pesar de todo empezaba a sentir lástima por ellos cuando notó que desde el suelo surgía un calor intenso. Salió del círculo de un salto, y apenas se había alejado unos pasos cuando este se encendió, se elevaron unas llamas rojizas y los curpos fueron abrasados por estas. Seguidamente algo surgió del suelo, se fue irguiendo entre las llamas hasta que quedó en pie un demonio que tenía cabeza de carnero. Ernesto se alejó corriendo lo más rápido que pudo, aunque sentía que aquello no iba por él ni lo iba a seguir. Solo había sido un instrumento, el brazo ejecutor de aquellos pobres infelices.

Pobres tontos los que, siendo víctimas del mal de los humanos, buscan poder en un mal mucho peor.       


12 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Gracias Nahuel. Si juegas con fuego, te quemas. Este cuento originalmente no tenía este final, la historia me sugirió una novela corta. Pero como no tengo tiempo para otra agarré el principio del borrador y le agregué un final aquí mismo ¡Jaja! La mandé al diablo junto con los personajes ¡Jaja! Saludos!!

      Eliminar
  2. Woow k miedo, no esperaba ese final. Rixy

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola. Gracias. Como le comentaba a otro lector más arriba, el final no era este. Igual parece que quedó bien. Saludos!!

      Eliminar
  3. Un placer como siempre leer tus historias !!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola. Muchas gracias. Te espero como siempre por aquí. Saludos!!

      Eliminar
  4. Muy bueno. Menos mal que el demonio lo dejó ir en paz. Me imaginaba que al liberarlo lo perseguiría. Mejor que se haya salvado

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Esther. Los otros fueron víctimas del demonio porque habían acudido a él, y los engañó. Saludos!!

      Eliminar
  5. Bueno se salvo del sacrificio siempre hay que llevar algo con que defenderse

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, a las armas es mejor tenerlas aunque no se las use, a precisarlas y no tenerlas, como dicen. Claro que en algunas situaciones puede traerte problemas; pero con ingenio se puede portar algo que no parezca un arma. Yo, si salgo rumbo al campo aunque sea por la ruta, nunca ando sin por lo menos un filo, aunque más que nada por costumbre. Saludos!!

      Eliminar

¿Te gustó el cuento?