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Te Hago Un Cuento Personalizado

¡Hola! Te hago un cuento personalizado, sobre el tema que quieras y el género que gustes, para gente grande o niños. Puede ser un boni...

viernes, 22 de junio de 2018

Un Tronco En El río

Nunca me gustó andar en bote de noche, y menos en una tan oscura como aquella. Esa vez iba con mi padre. Nuestro bote medía cuatro metros, y más contentos con él no podíamos estar. Mi padre decía que ya se había pagado solo varias veces, porque gracias a él pescábamos mucho más, y también lo cargábamos con leña y madera que vendíamos. Pero el motor, como todos, un día se descompuso y nos dejó en el río, como se dice, en medio de la nada.
Debe ser algo poco, decía mi padre cuando empezamos a revisarlo. Terminamos desarmandolo casi todo, y ya estaba de noche cuando volvió a andar. Y las cosas malas es raro que vengan solas. Se nos rompió una linterna, y cuando mi padre intentaba arreglarla a los golpes, las baterías se cayeron al agua; y la que quedó sana daba señales de tener poca carga. Lluvia sobre mojado. Y allá salimos, navegando en la oscuridad y los misterios que vienen con la negrura de la noche.

Como teníamos mucho río por recorrer todavía, encendía la linterna de a ratos nomás para ahorrar batería. Por eso íbamos la mayor parte del tiempo a oscuras. Y hay noches y noches. En esta, sin la luz de la linterna no se distinguía nada, pero nada. Y solo se escuchaba el ruido del motor y el golpeteo del agua contra el bote, y adelante o atrás, según la altura de las barrancas, se repetía como un eco de ese ruido. Como el río es ancho, el peligro principalmente era que chocáramos algún tronco flotante grande sumergido en el agua. De día, yendo atento y con mucha práctica se puede distinguir a los troncos así aunque estén flotando apenas, porque el movimiento del agua alrededor los delata. Pero por la negrura donde navegábamos no había ni una chance de ver uno. No distinguía ni lo que era río, monte o cielo, y la linterna cada vez alumbraba menos cuando la prendía. Dependíamos de la suerte, y la desgraciada nos falló.

El golpe y la sacudida fueron tremendos. Yo iba en la proa y por poco no caí al agua; mi padre se desparramó dentro del bote. Pero el viejo es baqueano y cayendo y todo salvó el motor, la hélice no tocó el tronco. Sí nos desviamos por el golpe, y cuando prendí la linterna íbamos derecho hacia una barranca. Mi viejo viró el bote y apagó el motor. 

—¡Puf! Por poco no terminamos nadando como nutrias en el río, ¡que susto! —me dijo—. ¿Estás bien? A mí creo que la sacudida me acomodó la espalda. ¡Ay! No, me la dejó peor.
—Estoy bien, pero otro golpe como ese y termino con la espalda como vos a mi edad.
—Bueno, ya pasó. ¿No falta nada, no cayó nada? Alumbra los bolsos.
—Está todo, por suerte. Tampoco veo que esté entrando agua. Vayámonos, que no quiero estar toda la noche en el río. 
—Para un poco. Vamos a buscar ese tronco. Donde sea una madera buena lo amarramos y lo llevamos.
—Querrás decir que yo lo tengo que amarrar, ¿no?
—No lo voy a hacer yo, yo soy el capitán ¡Jajaja!
—Capitán, trate de no chocar de nuevo con ese tronco, que el agua debe estar fría y no tengo con ganas de nadar como nutria. 
—Vamos a ver, vamos a ver ¡Jajaja!

Ahora íbamos lentamente, y yo, medio inclinado en la proa apuntaba la luz hacia abajo. Dimos con el tronco, y lo chocamos pero suavemente. Tenía un diámetro, calculé, como de cincuenta centímetros. Le di unos machetazos a la parte que sobresalía del agua y descubrí que era una madera buena. Mi viejo, maniobrando hábilmente el bote, lo acomodó para que lo amarrara a un lado. Le pasé, no con poco trabajo, una soga alrededor, y cuando todavía tenía una mano en el agua oscura, unos dedos fríos se prendieron a mi muñeca. Era el inconfundible agarre de una mano humana. Grité y tiré porque aquello me quería arrojar al agua.

—¡Papá, me quieren tirar al agua!

Los dedos fríos se movieron apretándome más, y aquella mano jalaba con mucha fuerza. La linterna se me había caído en el bote. No sé si hubiera sido mejor o peor ver aquel brazo que me quería sumergir. Papá me sujetó, tiramos juntos hacia atrás y aquello me soltó. 

Que algo me había agarrado era obvio porque me dejó la muñeca y el revés de la mano todo marcado y con arañazos; pero mi padre no quería creer que fue una mano humana, o una que se sentía como de humano. Nos largamos de allí sin que me creyera. Llegamos a nuestro puerto al amanecer, yo sin hablarle y él buscándole explicaciones a lo que me pasó. El tronco seguía amarrado en un lado del bote. Cuando lo arrastraba hacia la orilla, ¡otro tremendo susto! Una persona muerta, horriblemente pálida y arrugada, con los ojos todo blancos, asomó a la superficie y se quedó meciendo con el vaivén del agua en la orilla. Estaba atado al tronco que arrastramos gran parte de la noche.

Después, ¡todo un lío con la policía! Mi viejo calculó, como yo, que el tipo debía estar vivo cuando me tomó del brazo. Era una desgracia que no lo hubiéramos visto para poderlo salvar, pero no era nuestra culpa. Igual él se responsabilizó por el hecho, porque no me creyó que era una mano de persona la que me aferró. Extrañamente, el tipo se había amarrado al tronco para suicidarse ahogado. Al final ninguno fue responsable de nada, porque el hombre ya tenía como dos días de muerto, y había dejado una carta y todo. Solo quedamos como unos mentirosos, y yo me lleno de terror cada vez que recuerdo el tacto de aquella mano muerta sobre mi muñeca, y la fuerza con la que tiraba para ahogarme. 

4 comentarios:

  1. Se lucio con este cuento, me hace acordar de una leyenda de esta zona "La vieja larga" , una vieja se ahorco y hasta que la encontraron ya su cuerpo tocaba el suelo (los cadaveres se estiran si estan colgados), y el fantasma de la vieja sale a pedir ayuda todas las noches...

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    1. Vieja aterradora. Que buena leyenda. Estaría bueno hacer un cuento con esa aparición. Tengo un borrador a medio hacer que unos pocos cambios puedo agregarle a esa vieja. Te lo dedico cuando lo publique. Muchas gracias. Saludos vecino!!

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  2. Asombroso! Que te suceda algo así! No lo olvidas de por vida.

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    1. En el caso de sobrevivir a algo así, no se lo olvidaría nunca no. En el agua y de día, es feo cuando te roza un pez o algo. De noche y si lo que te agarra es una mano, difícil que el corazón aguante ¡Jaja! Gracias Armin. Saludos!!

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