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Del infierno

Ox caminaba por un túnel iluminado por las llamas que brotaban desde el suelo. Por el camino encontró la mitad de un cuerpo; la parte superior de un hombre que andaba sobre sus manos como si fueran piernas. En cuanto el torso vio a Ox intentó alejarse, mas éste enseguida lo capturó. Comenzó a picar al torso con su tridente, más bien por costumbre, pues ya no lo divertía. Cuando se aburrió del todo lo arrojó a un pozo de fuego y siguió su marcha.
Ox era un demonio y vivía en el infierno.  No tenía una conciencia clara de su origen, sólo sabía que había surgido allí, en el infierno.
Durante incontables eras cumplió su papel al pie de la letra, y martirizó a miles de almas, he hizo cosas que los humanos no pueden siquiera imaginar, y el sufrimiento era su alimento. Pero en una ocasión,  mientras freía a una joven en lava incandescente, vio sus ojos por un instante - antes de que la cabeza de la muchacha se prendiera fuego - entonces sintió algo que no conocía, sintió pena por aquel ser.
Sólo experimentó aquello por una fracción de segundo, pero como un ciego de nacimiento que ve la luz por un instante, jamás lo olvidó.

De alguna forma aquella joven lo había contagiado con una partícula de bondad. A veces aquel sentimiento, aunque minúsculo, afloraba de repente, mientras veía los martirios a los que eran sometidos los espíritus que terminaban allí; y en ese instante sus iguales volteaban hacia él, y luego seguían buscando con la mirada, creyendo que se habían confundido. 
Ox siguió su camino. Del túnel pasó a una de las enormes cámaras de martirio. En ésta se erguía sobre la roca una descomunal estatua del Diablo, y Ox levantó su mirada para contemplarla. Los ojos de la estatua lanzaban fuego, y por su boca escurrían arroyos de lava, y a sus pies los demonios mutilaban en su honor, y los gritos y las súplicas eran ensordecedores, y columnas de humo se elevaban hasta el techo de la cámara, formando como nubes. Viendo aquel caos fue que Ox decidió irse de aquel lugar, escapar de allí.

Junto con aquella decisión también surgió el miedo a ser descubierto; si el Diablo descubría lo que él sentía estaba perdido, eso creyó Ox, pero fue pasando el tiempo y todo seguía casi igual que antes, a excepción de alguna mirada desconfiada que le echaba algún demonio de vez en cuando.
Cuando tomó más confianza empezó a explorar cada recoveco que encontraba. Recorría largamente los túneles, costeaba los ríos de lava, recorría las interminables cámaras de suplicio buscando una forma de escapar, y vagó durante mucho tiempo por los desiertos incendiados, y atravesó los oscuros bosques de púas.
Por donde caían las almas no podía subir, pues aquellos conductos sólo servían para seres incorpóreos, que después de llegar al infierno volvían a tener carne.  Debía encontrar otro lugar, otra forma de subir.  Finalmente la encontró. Recorría un túnel cuando notó que las llamas que brotaban del suelo se inclinaban en una dirección y crecían rumbo a un punto situado en el techo, al levantar la vista Ox vio un hueco.
Dejó su tridente en el suelo y trepó la pared de rocas. El hueco era angosto y casi vertical, pero gracias a sus garras Ox pudo trepar sin dificultad.  Ascendió por mucho tiempo. Por momentos sentía ganas de rendirse y dejarse caer, mas seguía trepando maquinalmente, y subió y subió sin parar.

Finalmente llegó a un lugar más amplio. Al observar lo que lo rodeaba, creyó por un momento que aún seguía en el infierno, pues hacia donde volteara veía lava al rojo vivo y gigantescas columnas de humo que se retorcían al ascender. Al levantar la mirada se dio cuenta que estaba en otro lugar; arriba había un techo azul, un color que era nuevo para él. Trepó esta vez por una pared hasta que llegó al tope de una alta cima.  El hueco lo había llevado hasta un volcán, y desde el borde del cráter desparramó su mirada por el extraño paisaje que se extendía allá abajo.
Distinguió el color verde, a ese lo había visto muchas veces en los cuerpos putrefactos, pero bajo aquella extraña luz, el verde lucía algo distinto y tenía muchos matices.  Una capa de verde cubría unos valles, y tomaba un tono más oscuro en unas zonas crispadas, que le recordaban en algunos aspectos a los bosques de púas del infierno.

Bajó ahora hasta alcanzar un prado. La textura del suelo le era completamente extraña. Se bajó hasta tomar un puñado de pasto y lo observó con atención.
Siguió andando por el prado y en su camino encontró un arroyo de aguas cristalinas, otro descubrimiento para él; en el infierno no hay agua.  Al inclinarse sobre la orilla vio su reflejo, y por primera vez supo exactamente cómo era su rostro. Se metió en el agua y hundió una de sus manos-garras en aquel líquido tan particular, similar a la sangre pero sin color.
Cuando alcanzó un bosque se asombró con lo blanda que eran las hojas, y aunque encontró algunas espinas no se comparaban a las del infierno. Continuó explorando el bosque. Había tomado un sendero cuando algo se atravesó en su camino y se alejó dando brincos - era un ciervo -. Ox comenzó a seguirlo.  El animal saltaba ágilmente, corría en zigzag, doblaba aquí y allá con una soltura y una gracia increíble, Ox lo seguía de cerca. Finalmente el animal se terminó cansando. Al tenerlo al alcance Ox lo agarró por las patas traseras, y tirando en direcciones contrarias lo dividió en dos.
Ox aún era controlado por los impulsos de un demonio, y ahora, frente a los restos del ciervo, experimentó una nueva necesidad, la de alimentarse con algo más que el sufrimiento de los otros.
Dejándose llevar por un nuevo impulso, comenzó a devorar la carne del ciervo, y le gustó lo que sentía.  Como aquello sólo fue un pequeño bocado para él, pues en este mundo medía más de tres metros, Ox empezó a explorar el bosque en busca de más alimento.

Llegó a sus orejas un sonido similar a un grito humano. Abriéndose paso entre las ramas llegó al borde del bosque, y en el campo cercano vio  un rebaño de ovejas que pastaban mansamente.
Al abalanzarse hacia las ovejas éstas huyeron en todas direcciones entre balidos de terror. Alcanzó a capturar un par de ovejas. Se llevaba una a las fauces cuando vio que un humano acudía corriendo al lugar. El humano lo vio y se detuvo en seco, y de su boca emanó un gritó: “¡Troll!”. después el humano se alejó corriendo. Ox lo dejó escapar, ya tenía suficiente carne, además descuartizar un humano ya no lo entretenía tanto desde la mirada de aquella joven.  Al acordarse de eso miró los ojos de la oveja, y se sintió aliviado al ver que no eran tan expresivos. 
Después de saciarse siguió vagando por el bosque. Atravesó ruidosamente las espesuras, exploró grutas y quebradas, y al final del día se sentó sobre una roca a descansar, algo que también era nuevo para él, pues en el infierno era infatigable.
Cayeron las sombras de la noche sobre el bosque, y en las porciones de cielo que dejaban ver los árboles titilaron las estrellas. El aire frío se llenó de los cantos de los grillos, y la quietud le produjo somnolencia, Ox durmió por primera vez.
Se despertó al escuchar un ruido. Al levantar la cabeza vio que algo grande se abría paso entre la fronda. Entre los árboles surgió la silueta de otro demonio casi igual a él, aunque algo encorvado.
Ox tomó una roca enorme y estaba por arrojársela cuando el otro demonio comenzó a hablar en un lenguaje que sólo utilizaban los demonios similares, y que significaba esto:

- No busco pelea. Deja esa roca que para ti no represento peligro alguno.
- ¿No vienes a llevarme al infierno? - preguntó Ox.
- Claro que no. Hace muchísimo tiempo que vivo en la tierra, y aunque pudiera no regresaría.
- Entonces escapaste como yo - dijo Ox mientras dejaba la roca en el suelo.
- ¡Escapar! Nadie escapa del infierno, el Diablo me dejó ir, como seguramente lo hizo contigo.
- ¿Cómo es eso?
- Bueno, cuando llegué a la tierra yo tampoco lo sabía - El demonio se sentó sobre un tronco. Se movía como un anciano y su rostro era más horripilante que el de Ox. Su enorme nariz caía flácida sobre su boca, y vestía pieles harapientas cubiertas de musgo. - No es raro que nuestra especie y otras de las que hay allá abajo se contaminen con algo de humanidad - continuó el demonio -. El Diablo lo sabe, y también sabe que los infectados con humanidad intentarán huir del infierno. El lo permite para que vengamos a aterrorizar a los humanos, pues siempre vamos a ser malos.

- ¿Y por qué el Diablo no manda ejércitos de nosotros para invadir la tierra? - lo interrogó Ox.
- Simplemente porque no puede. Sólo puede hacerlo de forma indirecta, dejándonos escapar  por nuestra propia cuenta, sin que él intervenga; así son las reglas.
- Entonces hay otros aquí en la tierra.
- ¡Oh sí! Hay todo tipo de demonios. A nosotros nos llaman “Trolls”.
El Troll anciano se levantó e invitó a Ox a que lo siguiera. Juntos partieron rumbo a la montaña de los Trolls, donde vivían en cavernas.  
 
       

15 comentarios:

  1. Muy buen cuento !!TIENES UN FUTURO POR DELANTE¡¡

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  2. Que buen cuento !!! Unos de los mejores que leí de los tuyos.

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  3. No encuentro palabras para decirte km encantó ;)

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  4. A mí me encantó escibirlo. En este dejé que la historia se alejara un poco de lo que tenía pensado, y me gustó. Como quedó un poco largo para el blog no lo publiqué como entrada. Saludos.

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  5. esta muy sorprendente

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  6. me encantooo!!!! te felicitoo!!!

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  7. Claro que me encanto! Me hiso imaginar todo lo que estaba leyendo...... sensacional!!!! muchas felicidades!!!

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  8. Me pareció muy buena la descripción del demonio como iba descubriendo sensaciones y muy aventurado al integrarlo al mundo como un troll... muy buena historia... me gusto mucho...

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  9. oye me enkanto tu cuento me lo imagene ya como pelicula nose estaria padre verla como una pelicula aca detallada sobre el origen de los troll's

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  10. Me encanto la idea de que convirtiese a un demonio en protagonista.Es una historia sensacional, de verdad me encantas.

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  11. Hola, Nicolas. Este es uno de mis cuentos favoritos. Gracias por los comentarios y por unirte al blog. ¡Saludos!

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