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Tito, el muñeco embrujado

Regresaba del liceo cuando William (mi hermano) salió a encontrarme, y mirando hacia nuestra casa me dijo:

- Vino el tío Roberto.
- No bromees -le dije, deseando que no fuera cierto.
- Es cierto. ¿No ves lo que está estacionado allí?
- Sí, ya veo; su carroza fúnebre.

El tío Roberto no nos agradaba. Era demasiado excéntrico. En esa época ya era un veterano pero seguía usando muñequeras con púas, ropa de cuero y pelo largo. Viajaba en una vieja carroza fúnebre que mandó restaurar, y sus temas favoritos eran todos los relacionados al ocultismo y cosas así.
Los “souvenir” que encontraba por ahí siempre eran aterradores, y cuando venía a nuestra casa le gustaba asustarnos con algunos de ellos. Aún sueño con unas cabezas reducidas que nos mostró.  Apreciábamos sí los cuentos de terror que para el disgusto de mi madre (que es su hermana) solía narrarnos.   Venía a nuestro hogar cada un año o dos y se quedaba unos días. Mi padre apenas lo soportaba, pero como era su cuñado tenía que tolerarlo.
Desde su última visita habían pasado cinco años. Mi hermano ya tenía catorce años, y yo dieciséis. William iba a una escuela de karate, y yo a un club de boxeo, lo que había inflado un poco nuestra confianza, por lo que no pensábamos permitir que nuestro tío nos asustara con alguna de sus cosas macabras.   Cuando fui a saludarlo nos contempló de pies a cabeza y nos dijo:

- Vaya que han crecido, mocosos.
- Y vos te hiciste más viejo -comenté.
- Sí, yo creí que era el abuelo cuando entró -bromeó mi hermano.

El tío inclinó la cabeza hacia atrás al lanzar una corta risotada, y después nos miró muy serio, con la mirada de loco que nos solía asustar. Pero ya no éramos tan impresionables. Él sonrió y nos dijo que lo siguiéramos. Volvió a encararnos frente a la puerta del cuarto donde había dejado sus cosas: 

- Oigan, mocosos. No quiero que entren ahí. He traído cosas valiosas y no quiero que las rompan. ¿Está claro?

Ahí nuevamente nos miró con “cara de loco”. Supongo que notó nuestra casi indiferencia a su actitud, y buscó otro camino. Cambió el tono y el semblante y argumentó sus razones:

- Muchachos, a ustedes no les gustaría que entrara a su cuarto, ¿no?. Lo que tengo son unos cachivaches,  pero son delicados. ¿Me prometen que no van a revisar mis cosas?
- Sí, tío -le respondimos. Nos revolvió un poco el pelo con las manos y volvimos a la sala.

William y yo nos sentimos victoriosos. La excentricidad de nuestro tío ya no nos asustaba, y apenas comenzó a tratarnos de otra forma sentimos una espontánea simpatía hacia él (hable del asunto con mi hermano). Pero como no olvidábamos los sustos del pasado, quisimos vengarnos desobedeciéndolo.
Después de la cena narró unos cuentos de terror, como era su costumbre, y cuando ya era algo tarde salió a pasear por ahí.  Cuando nuestros padres estaban acostados fuimos hasta el cuarto del tío.
No había traído muchas cosas. Revisamos un bolso y encontramos un par de puños americanos relucientes. Me probé uno y mi hermano el otro. Nos divertimos con ellos lanzando golpes al aire. Después los dejamos en su sitio y seguimos la inspección. 
Nos interesó una caja de madera que había dejado en el suelo. Parecía un ataúd pequeño. Temimos que fuera el esqueleto de un niño, y dudamos.  La caja no estaba cerrada con candado, pero estaba sellado con un papel que parecía un billete. El papel tenía una inscripción rara, que dedujimos era latín. En la tapa de la caja había un nombre escrito, decía: “Tito”.

Intenté abrirla sin romper el sello de papel, pero al hacer fuerza este igual se rompió. Al levantar la tapa sentí una sensación sumamente desagradable; William quedó pálido. No sentimos ningún olor desagradable, pero algo nauseabundo brotaba de la caja, era… era el mal, no puedo describirlo de otra forma. Ocupaba la caja un muñeco, aparentemente de trapo, que tenía el tamaño de un niño de cinco o seis años. Tenía por cabellera una lana negra y gruesa. Los rasgos en su rostro blanco estaban pintados, o dibujados, y algo en aquellas líneas le daban un aspecto aterrador. Cerramos la caja y nos fuimos del cuarto.  En nuestra habitación nos pusimos a cuchichear sobre el muñeco y nos dormimos muy tarde.
Temprano por la mañana escuchamos unos gritos. Era mi madre y mi tío los que discutían. Nuestro padre ya estaba en su trabajo.  Fuimos hasta ellos corriendo. La reciente simpatía por mi tío se esfumó de pronto. Ahora iba a ver cuánto habíamos crecido. Gritarle a nuestra madre…
Al llegar supimos que éramos el motivo de la discusión.   Él decía que habíamos tocado sus cosas, y nuestra madre nos defendía.   Al vernos él nos apuntó con el dedo: 

- ¡Ustedes! ¡Ustedes entraron al cuarto, y abrieron la caja! -nos acusó.

Nuestra madre nos miró para ver si él tenía la razón, pero negamos con la cabeza.

- ¡Ellos no tocaron nada! -nos defendió ella -. Siempre te he tolerado, eres mi hermano, pero si vas a hablar así de mis hijos es mejor que te vayas ahora, y que no vuelvas más.

Él asintió con la cabeza, en silencio, pero echándonos unas miradas terribles.

- Está bien -dijo al fin-, me voy, pero muchachos, sé que abrieron la caja. No saben con lo que se estaban metiendo, pero lo van a saber. Pero como ya son todos unos hombres tal vez el muñeco no se va a meter con ustedes, tal vez…

Fue hasta el cuarto y recogió sus cosas. Cuando salió sostenía la caja, y la sacudió un poco mientras nos miraba: estaba vacía.
Nuestra madre quedó en casa, llorando; nosotros lo seguimos hasta que traspasó el portón. Tras avanzar unos pasos hacia su vehículo volteó con una sonrisa, diciendo después:
- ¡Vaya que han crecido! Se nota que ahora son valientes. Saben, no debí traer ese muñeco, la culpa es mía. ¡Que diablos, soy un mal nacido! Discúlpenme, muchachos. Quiero regalarles algo -y sacó los puños americanos del bolso-. Tal vez ahora no lo crean, pero estos son dos objetos místicos muy poderosos, además de ser armas. Fueron hechos con la plata de una cruz bendecida y utilizada por un sacerdote que realizó exitosamente varios exorcismos. Si algún día se topan con algo maligno, como Tito, pueden serles muy útiles, sobre todo si creen en el poder de ellos. Cuídenlos.
Los dejó en el travesaño del portón y se marchó. Los tomamos y los escondimos en los bolsillos.
Nuestra madre, muy afectada por la situación, se retiró a su cuarto. Esa fue nuestra oportunidad para revisar de nuevo la habitación que abandonara nuestro tío. Nos intrigaba saber qué había hecho con el muñeco. La caja realmente se notaba que estaba vacía, y en su bolso no tenía lugar suficiente.

Revisamos la habitación pero no encontramos al muñeco. Entonces llegué a creer que habíamos cometido un grave error, y mi hermano pensaba igual.
El día pasó lentamente, como esos contados días donde recordamos casi todo lo que aconteció en él.
Cuando llegó la hora de dormir no teníamos ni un poco de sueño.
Mi cama estaba cerca de la de mi hermano, porque nos gustaba conversar de noche. A nuestros pies, en el fondo de la habitación, se encontraba un gran ropero oscuro. Esa noche había luna, y por la ventana entraba un haz de luz que iluminaba pálidamente la base de la puerta del ropero.
De madrugada William me despertó susurrándome:

- Hay algo en el ropero, está haciendo ruido.
- Ponte tu puño americano -le dije.

Habíamos dormido con ellos bajo la almohada, por las dudas, y ciertamente con aquello en la mano sentíamos más confianza.
Fui a decirle que se levantara a tomar la linterna cuando, un rechinido nos indicó que la puerta del ropero se estaba abriendo.    Así como un foco ilumina a un artista en el teatro, el rayo lunar nos mostró a Tito. Se había asomado y fijaba sus ojos (que en ese momento parecían reales) en nosotros.
El susto me hizo reaccionar violentamente, y tomando el reloj despertador que tenía al lado lo arrojé hacia Tito, que en ese instante volvió a meterse en el ropero.
William se levantó como un rayo y encendió la luz.  De haber estado solos sin duda cualquiera de los dos hubiera salido corriendo de allí, pero estábamos juntos, y teníamos aquellas armas bendecidas.
Nos pusimos en guardia y avanzamos lentamente hacia el ropero. Pero nos detuvimos al escuchar los pasos de nuestros padres. Habían sentido el alboroto del reloj estrellándose contra el ropero y venían a ver qué pasaba.   Escondimos los puños bajo las sábanas justo antes de que entraran.

- ¿Qué pasó aquí? -preguntó mi padre.
- Escuchamos un ruido en el ropero y vi que algo se asomó -expliqué rápidamente, no sabiendo qué otra cosa decir. William asintió con la cabeza.
- ¿Qué se asomó, una rata? Y, ¿precisabas tirar el reloj?
- No sé que era, no vi bien -mentí-, no sé por qué tiré el reloj, debía estar medio dormido.
- Bueno, vamos a ver qué es. Ve y trae una escoba, Sandro, y un palo -me pidió.

Cuando mi padre abrió el ropero su impresión no fue poca. Tito cayó hacia afuera, como su estuviera recostado a la puerta, pero ahora estaba inanimado, como supuse, por eso no quise decir la verdad.

- ¿Y esto? -nos preguntó papá, mirando con desagrado al muñeco.
- ¡Ah! Eso es cosa de Roberto -le contestó mamá -que se había apartado de la escena pero aún estaba en el cuarto-, habrá puesto el muñeco ahí para asustarlos. Ahora entiendo lo que dijo de mañana.
- Ese loco… -afirmó mi padre-. Pero, ¿Cómo es eso de que se movió? -esta vez se dirigía a mí.
- Fue lo que me pareció, no sé, estaba oscuro.

El asunto no estaba claro, pero de todas formas fue suficiente para convencerlos. Mi padre arrastró al muñeco (no quería tocarlo) y lo arrojó en el tacho de la basura.
Después de nuestro encuentro con el muñeco embrujado esperamos el amanecer despiertos.
Antes de que pasara el basurero fuimos a fijarnos: Tito ya no estaba. Pero esa no fue la última vez que lo vimos, y nuestro próximo encuentro fue más aterrador.

25 comentarios:

ValeAnny Alvarez dijo...

Impresionante!! Que miedo me dio, felicidades excelente cuento :)

Anónimo dijo...

me dio miedo y mucho igual que chuki ¿no? jajaja

Julieta Cortes dijo...

Muy bueno! Me dio mucho miedoo

Anónimo dijo...

la historia continua?

Anónimo dijo...

Me encanto pero me dio muchisimo miedo la verdad, no me decis si la historia continua?? porq me intriga saber q pasa parece muy interesante lo q va a pasar??

Jorge Leal dijo...

Hola. Sí, continúa. La verdad es que me había olvidado de esta historia, es que tengo tantas cosas en la cabeza ¡Jaja!, por suerte, porque necesito historias.
Dentro de poco publico la continuación. Saludos.

Anónimo dijo...

Hola hermano, soy un narrador que apenas comenzó en YouTube, ¿me darías permiso de poder narrar tu historia?, gracias.

Jorge Leal dijo...

Bueno, pero pon quién es el autor y un enlace al blog.
Estaría bueno que dejaras la URL del video acá, así el que quiera puede escuchar el cuento.
Saludos.

Anónimo dijo...

chebere si dio miedo

Anónimo dijo...

chever e si dio miedo e

gabriel alejandro chi pat dijo...

es una impresionante historia de terror y hasta me asuste


Jorge Leal dijo...

Gracias, Gabriel. Tito tiene experiencia asustando, ¡jeje! he escrito varios cuentos con este personaje. Saludos.

Anónimo dijo...

tiene que tener segunda parte porfaaaa, esta super aterrador el cuento me fasino!

Jorge Leal dijo...

La semana que viene lo publico. Saludos.

erika fabiola ruiz limbertty dijo...

Excato Felicidades esta muy bueno el cuento :)

erika fabiola ruiz limbertty dijo...

Exacto estoy muy deacuerdo con tigo ;)

Anónimo dijo...

qe medo asustada qede buen trabajo espero ver la sigiente

Jorge Leal dijo...

Ya publiqué la segunda parte. Saludos.

Anónimo dijo...

Que suerte de que apenas empecé a leerlo, porque sino, me viera quedado empicada jeje, que buenas historias, y para mi mejores porque me encanta el TERROR y todas esas cosas, volviendo al tema, deberías de publicar un libro con todas estas historias..
Saludos desde Puerto Vallarta, Jalisco, México..
Atte: Melissa Judce...

Jorge Leal dijo...

Hola, Melissa. Gracias por comentar. Estas historias ya no sirven porque las publiqué aquí. Mi idea es publicar alguno con una novela, y me gustaría que fuera en papel, pero seguramente terminará siendo digital y autopublicado.
¡Te mando un saludo desde Uruguay!

Nicolas Miguel Castro dijo...

Me encanta el misterio que tiene, y la intriga. Pone los pelos de punta.

Jorge Leal dijo...

Gracias por el comentario, Nicolas. Lee la segunda parte y me cuentas si te gustó también. ¡Saludos!

Gabe Damage dijo...

Ups!!! Muy interesante, leamos la segunda parte!!!

Jorge Leal dijo...

Espero que te guste. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Mui bueno espero leer la proxima parte :)

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