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Zombies del pasado

Bajo la bóveda densa de la selva apenas se filtran algunos rayos de sol.  En aquella maraña
de vida vegetal, por lo general reina un silencio inquietante, que a veces es cortado, ya sea por el
grito grave de algún mono que se balancea en las ramas altas, o el grito de los loros volando
sobre el techo de la selva.
Por aquel mundo crepuscular, apretujado, sofocante de humedad, avanzaba Robert y Gilberto,
abriéndose paso a golpes de machete. 
Cada tanto Robert consultaba su GPS y hacía algunos cálculos, expresando después su
optimismo - Ya estamos cerca - decía -. Tal vez unos kilómetros más…
Gilberto no era tan optimista, pero como era muy perseverante sólo decía: - Sigamos entonces.
Arqueólogos los dos, buscaban pruebas de una cultura perdida, y utilizando la tecnología
creían haber encontrado algo, al observar  imágenes satelitales de la selva.
Delante de ellos vieron una zona iluminada por el sol, un claro; al llegar a él vieron los restos
de unas construcciones de piedra.  Después de recorrer las ruinas con la mirada, se dieron un
apretón de manos.

- ¡La encontramos compañero!
- ¡La encontramos! ¡Por fin…!

Las ruinas eran tan antiguas, que un ojo inexperto fácilmente las confundiría con unos
promontorios de piedra naturales.  Generaciones de lianas se entrecruzaban por las rocas talladas por
hábiles constructores precolombinos. 
Comenzaron a recorrer el lugar, tomándole fotos a las pilas de piedras que se amontonaban por aquí y
por allá  como piezas desordenadas de un rompecabezas.
El sol bajó y la noche cayó rápido. Armaron las carpas entre las ruinas, y en la oscuridad hablaron de
su descubrimiento largo rato, hasta que se durmieron agotados.
Oscuras pesadillas los envolvieron a los dos,  soñaron con un pueblo terrible, que se alimentaba de seres humanos. Y vieron cruentas batallas entre indígenas y la raza caníbal, que finalmente perdió
y su ciudad fue destruida. Despertaron al amanecer, inquietos y turbados por las pesadillas; pero ninguno habló de ello.

Prosiguieron con su investigación. Al mediodía decidieron parar debido a el calor insoportable.
Cuando el sol quedó tras los altos árboles circundantes, retomaron su tarea, un rato después encontraron algo.
Era un pozo circular de unos cuatro metros de diámetro, con un borde de piedra de un metro de alto.
Enseguida concluyeron que habría cumplido la función de acumular agua de lluvia. Desde el borde,
utilizando las linternas, vieron que no era mucha la distancia hasta el agua, y usando una piedra atada
al extremo de una cuerda, comprobaron que tenía poca profundidad.
Su curiosidad científica pudo más que la sensación de estar haciendo algo muy peligroso; y Robert
bajó por una cuerda.     El agua le llegaba hasta la cintura, y era oscura y maloliente.

- ¿Cómo está ahí abajo? - preguntó Gilberto desde el borde del pozo.
- ¡Apestoso como cloaca!
- ¡Jajaja! Tú fuiste el que quisiste bajar primero.

Antes de intentar meter las manos en aquel agua apestosa, Robert comenzó a arrastrar los pies tratando de tantear algún objeto.  
Algo que estaba en el fondo desde hacía siglos, se arrastró bajo la superficie, y el agua se agitó. Robert vio el movimiento del agua y supo que no estaba solo.

- ¡Gilberto! ¡Aquí anda algo, en el agua! - gritó Robert mirando alarmado el agua que se revolvía.
- Ten cuidado, puede ser una boa que cayó ahí.

Robert seguía mirando las ondulaciones del agua, cuando de repente algo emergió con rapidez;
era un cadáver decrépito, piel y huesos renegridos, y con la misma rapidez que salió del agua, se abalanzó hacia Robert y le mordió el antebrazo izquierdo.  Lanzó un alarido, y con la mano derecha intentó separar al cadáver de su brazo, y con esta acción defensiva hizo que la cabeza de su agresor se partiera como un frágil huevo de pascua; y un cerebro verdoso resbaló hasta caer en el agua, y el resto del cuerpo se desplomó después, hundiéndose en la negrura del agua.
Gilberto vio todo desde arriba, Robert comenzó a pedir a gritos que lo subiera.
Cuando salió del pozo se miró el brazo; la herida de la mordida sangraba.

- Me mordió, esa cosa me mordió - repetía Robert.
- ¡Pero! ¿Qué era esa cosa? Parecía un cadáver… pero se movió, saltó del agua.
- ¡Saltó y me mordió, y era un cuerpo putrefacto, le despedacé el cráneo con mis manos!
- ¡Tienes que desinfectarte! ¡Vamos hasta la carpa! Tengo un antiséptico potente.
Primero le lavó la herida con agua, después empapó un algodón en iodo.
- Esto te va a arder, prepárate.
- ¡Dale! Que peor es una infección. - cuando el líquido antiséptico le empapó la herida Robert
apretó los dientes; ardía mucho. 

Gilberto le vendó la herida y comenzaron a levantar el campamento.
Se internaron en el crepúsculo de la selva y emprendieron el largo viaje hacia la civilización.
Antes de que cayera la noche se alejaron lo más que pudieron.
Robert comenzó a hacer fiebre y a delirar. En la oscuridad de la carpa, Gilberto lo escuchó
hablar en una lengua extraña mientras se retorcía quemado por la fiebre.
Al amanecer revisaron la herida, estaba mucho peor; comenzaba a supurar, y todo el brazo
lucía amoratado.  Desde ahí el viaje fue una odisea. La selva parecía interminable, y lo
últimos kilómetros Gilberto tuvo que cargar a su compañero, que cada vez estaba peor.
Finalmente llegaron a un pueblo de indígenas y luego remontaron un río en canoa. 
Antes de llegar al hospital de una ciudad, Robert quedó inconciente. En el hospital Gilberto
vio como se lo llevaban sobre una camilla hasta perderse tras una puerta.
Como no podía hacer otra cosa que no fuera esperar, Gilberto se fue y alquiló una habitación en
un pequeño hotel.  Después de darse una reparadora ducha, cayó exhausto sobre la cama y se
durmió profundamente.
Despertó nueve horas después, enseguida se aprontó para volver al hospital.
Estaba cerca, pero paró un taxi para ir más rápido. Cuando le dijo al conductor donde quería ir,
el conductor le dijo asombrado:

- ¡A ese hospital! ¡Ni loco! Además el tránsito está cortado. ¿Qué no se enteró lo del hospital?
- No, ¿qué pasó en el hospital?
- Dicen en la radio que un grupo de locos comenzó a atacar a la gente, a mordiscos, y ya van un
montón de muertos, y dicen, aunque esto es difícil de creer, que los muertos también empezaron
a atacar a otra gente ¿Lo cree usted?

Gilberto recordó las pesadillas, la raza caníbal, el cadáver del pozo, y la herida de Robert.
Se fue corriendo rumbo al hospital, presintiendo algo terrible.  Por él cruzaron personas huyendo a
pie, volteando sobre su  hombro y gritando algunos.  También se escuchaban disparos, sirenas, frenadas, y gritos propios de una batalla.
Cerca de su destino se espantó frente a una horda rugiente y ensangrentada que avanzaba por la calle.
A la cabeza de ellos estaba Robert, que ya lucía como un cadáver.
Sin querer, habían traído a la civilización una plaga antigua, una raza de caníbales casi inmortales,
que no sólo se alimentaban de humanos, sino que también dependían de sus víctimas para aumentar
su número; eran zombies antiguos.
 Gilberto comenzó a huir, la horda iba tras él.  En su huída cruzó por un gran número de soldados
que avanzaban hacia los zombies.  Al voltear sobre el hombro vio como la cabeza de su colega y
amigo estallaba al recibir un disparo.
Por todas partes llegaban soldados: a pié, en tanquetas, en camiones, y los helicópteros sobrevolaban
la ciudad.   Unas horas después las autoridades declaraban que la situación estaba bajo control.
Los zombies fueron derrotados nuevamente, por ahora…
 


  

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Muy bueno el cuento me encanto

Anónimo dijo...

ajajajajaja tambien a mi me encanto

Anónimo dijo...

Me gustó mucho; y más a mi hija

Anónimo dijo...

Me encanto genial pero la proxima si veo q a mi amigo o alguien lo muerden lo mato y lo dejo ahi no me lo traigo ni loca jaja

Jorge Leal dijo...

Muerto el perro se termina la rabia ¡Jaja! No me gustaría estar en una situación así contigo ¡Jaja!
Saludos.

diana belen alvarez dijo...

me encanto

Jorge Leal dijo...

Hola Diana. Gracias por comentar. ¡Saludos!

Anónimo dijo...

Mi amigo, muy buen cuento,en especial la introducción. Creo que sin lugar a dudas, que no existen errores en arte. Sin embargo, te recomiendo y calidad de consejo, moderar o espaciar el uso de la conjunción (y). Ya que en algunos tramos de tu historia esta muy presente. Fuera de eso; tu redacción me parece muy limpia y fácil de leer. ¡Animo!.

Jorge Leal dijo...

Tomo nota. Muchas gracias. ¡Saludos!

alms200218 dijo...

ay q miedittooo desearia aver estado ahi

Anónimo dijo...

Gracias por ese cuento.

Anónimo dijo...

Gran historia.....pero no has pensado en hacer una segunda parte de la historia "en el fin del mundo" (cuentos de zombies)

Jorge Leal dijo...

Sí, la voy a hacer, pero no la voy a publicar acá. Gracias. Saludos.

Uriel-G dijo...

wow hola soy de México y en la secundaria me dejaron una tarea relacionada con los cuentos de terror y como soy fan de las tramas de zombies pues lo busque en google y me apareció tu blog ya leí bastantes historia y bueno quiero decirte que en verdad tienes talento tus historias me gustaron mucho y bueno estaré muy atento para ver cuando publicas otra y leerla vale sigue así se nota que puedes tener futuro en esto.

Jorge Leal dijo...

Muchas gracias, Uriel. Mañana voy a publicar otro capítulo de una historia que estoy subiendo hace unos días. ¡Saludos!

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