lunes, 26 de enero de 2026

Terror exterior

 El día de los muchachos avanzaba como cualquier otro, aunque una suerte terrible los acechaba.  

Los hermanos Alejandro y Marcelo, acostados sobre el pasto, observaban las curiosas formas de las nubes que se iban amontonando en el cielo. Marcelo creyó ver algo en una nube particularmente oscura. Cuando abrió la boca para decir algo, la forma ya se había diluido en la cambiante nube. Ambos notaron que se estaba formando una tormenta, pero no se preocuparon porque su casa no estaba muy lejos, y no parecía que fuera a llover inmediatamente.

 A unos metros de ellos corría un arroyo, ahora oscurecido por la sombra del monte de la otra ribera. Los muchachos habían nadado en él, y ahora, tendidos sobre el pasto, disfrutaban de la brisa perfumada por el monte que pasaba por momentos sobre ellos. Pero contrastando con la calma de esa ribera, arriba las nubes pasaban acarreando sombras que se iban acumulando en el monte cercano. Y el campo, por momentos estaba inmóvil, para de pronto sacudirse con mil rumores. 

De repente los hermanos se levantaron a medias, quedando apoyados en sus codos, y recorrieron los alrededores con la mirada. Ahora habían sentido muy fuerte la sensación de ser observados. Entonces estalló algo como un relámpago, y de un momento al otro, la pradera, el arroyo y el monte, eran todo lo que había allí.

Marcelo despertó en una oscuridad horrible. Sentía que tenía los ojos abiertos pero no veía absolutamente nada. Intentó gritar pero no pudo. Recordaba todo hasta el momento donde presintieron que los observaban, pero no sabía qué pasó después, y por qué se encontraba ahora en esa oscuridad. Empezó a usar sus otros sentidos. Estaba acostado sobre algo frío y liso. No podía mover los pies ni las manos. El aire era raro, le recordó enseguida al olor a desinfectantes que hay en los hospitales. Pero era diferente, eran olores nuevos, y eso le causó una inquietud mayor. No se encontraba en un hospital.

 Escuchó con atención, entonces empezó a crecer el terror. Eran sonidos sutiles que lo rodeaban ¿Pero qué eran esos sonidos?

Primero imaginó que eran dispositivos dejando escapar o liberando algo de aire. Después se le erizó la piel al pensar que eran respiraciones, y se horrorizó más al concluir que no eran humanas. Parecían salir de fosas nasales muy grandes. En ese momento imaginó a seres con dos enormes orificios goteantes en la cara, y otra versión con una especie de trompa fofa y temblorosa. Esto lo asustó tanto que se estremeció, y eso desató una serie de sonidos horribles y repugnantes, que claramente eran carcajadas. Obviamente lo estaban observando. No veía por algo que tenía en los ojos, no porque estuviera oscuro.

Sintió entonces un nuevo nivel de terror, uno que nunca había experimentado. Los seres que lo retenían allí se fueron alejando, todavía entre algunas carcajadas horribles, hasta que todos desaparecieron. En esa situación de máximo terror, cada segundo le parecía una eternidad. 

Volvieron los sonidos. Una de las respiraciones horribles, un muy leve chirrido, como de ruedas, y enseguida notó otra respiración, y esta parecía humana. El ser que Marcelo no quería imaginar, pero inevitablemente lo hacía, se alejó hasta que no se lo escuchó más. Los segundos seguían interminables por causa del miedo. Cualquier ruido lo hubiera hecho estremecerse, y este nuevo lo hizo, aunque era una voz familiar.

-¿Quién está ahí? -preguntó la voz de Alejandro, su hermano. Marcelo creyó que no podría responder, mas ahora sí pudo hablar.

-Soy yo, Marcelo.

-Marcelo, hermanito. Ojalá no te hayan hecho lo mismo que a mí. 

-¿Qué...qué te hicieron?-preguntó Marcelo lagrimeando.

-No sé bien, pero me siento muy liviano, muy liviano, como vacío. 

Al escuchar eso, Marcelo experimentó unas nauseas terribles, y aunque era un sentimiento confuso, agradeció no poder ver. Pero en ese momento una criatura, un extraterrestre que estaba viendo todo, sonrió horriblemente, tocó algo en una extraña consola, Y Marcelo recuperó la vista. volteó hacia su hermano y empezó a gritar enloquecido de terror. La nave extraterrestre donde estaban cautivos se movió entre las nubes, se elevó y enseguida se perdió en el cielo. 

Terror Exterior. cuento de terror de extraterrestres.


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